El Departamento de la Fuerza Aérea adjudicó a Boeing el desarrollo del F-47 NGAD, definido como caza de sexta generación con piloto y drones asociados.
Cómo la adjudicación de marzo de 2025 fijó el carácter tripulado del F-47
Tras la adjudicación del 21 de marzo de 2025 en Washington, el Departamento de la Fuerza Aérea otorgó a Boeing el contrato de desarrollo de ingeniería y fabricación del F-47, integrado en el esfuerzo Next Generation Air Dominance (NGAD). Ese mismo día, responsables militares y políticos lo describieron como un caza de sexta generación con piloto a bordo y con capacidad de operar junto a aeronaves no tripuladas. La duda sobre si el F-47 “vuela solo” surgió por una lectura literal de esa cooperación.
En esa formulación, la Fuerza Aérea asignó la autonomía a parte del sistema asociado al avión, pero mantuvo una tripulación humana dentro del fuselaje. La comunicación pública fijó el criterio empleado para describir el programa al separar el aparato tripulado de los elementos no tripulados que lo acompañan. De ese modo, la pregunta “¿tripulado o autónomo?” pasó a depender de una precisión conceptual más que de un cambio de requisito sobre la cabina del F-47.
Al confirmar la adjudicación a Boeing en marzo de 2025, la institución presentó al F-47 como elemento principal dentro de NGAD, con integración explícita junto a aeronaves colaborativas no tripuladas. También lo situó como sustituto del F-22 en la misión de superioridad aérea, con operación en red y cooperación con drones. Ese encuadre no eliminó al piloto, sino que reforzó la idea de un avión tripulado que dirige una formación más amplia.

Desde entonces, la discusión pública quedó condicionada por el uso cotidiano de la palabra “autonomía”. El programa puede incluir automatización avanzada sin modificar el requisito oficial de un piloto dentro del F-47. Por eso, el debate se aclaró al distinguir entre capacidades autónomas en el conjunto y un avión de combate que conserva un tripulante humano. La cooperación con no tripulados explica la confusión, pero no convierte al F-47 en un dron.
Claves para entender la diferencia entre “tripulado” y “autónomo” en NGAD
- El 21 de marzo de 2025 se describió al F-47 como caza de sexta generación con piloto a bordo.
- La operación con aeronaves no tripuladas se presentó como cooperación dentro de la formación, no como sustitución de la cabina.
- NGAD funciona como denominación de capacidades y componentes, no como un único modelo de avión.
- La autonomía se asigna a parte del sistema asociado y a vehículos colaboradores, mientras el F-47 mantiene tripulación humana.
Qué significa NGAD como conjunto de capacidades y no como un solo avión
La formulación obliga a precisar el uso del término NGAD, ya que no designa un modelo concreto, sino una denominación general para un conjunto de capacidades. Durante años, la Fuerza Aérea lo empleó para describir un sistema orientado a mantener la superioridad aérea en teatros con defensas densas y grandes distancias, con atención particular al Indo-Pacífico. Dentro de esa descripción, situó al F-47 como aeronave principal, no como la totalidad del programa.
A su alrededor quedan otros componentes del mismo esfuerzo, entre ellos drones acompañantes, enlaces de datos, arquitectura digital y programas informáticos. El hecho de que la atención pública se centrara con frecuencia en drones y algoritmos contribuyó a que parte del público asociara NGAD con un “caza autónomo”. Sin embargo, la definición oficial separó el avión tripulado de los elementos no tripulados asociados a su empleo, con una división de funciones dentro del sistema.

Esa separación se entiende mejor al revisar la historia del programa, que la Fuerza Aérea planteó como sucesor del F-22. El F-22 entró en servicio como caza de superioridad aérea con una concepción basada en penetración, firma reducida y ventaja táctica, y con el tiempo la institución añadió el concepto de “equipo humano-máquina”. Ese giro no exigió retirar al piloto, sino trasladar parte de la carga de trabajo a automatismos y a una red de plataformas conectadas.
En ese marco, un avión tripulado asume funciones de coordinación táctica dentro de la formación, mientras sensores y armas pueden distribuirse entre plataformas conectadas. La lógica del programa prioriza alcance y supervivencia, y el “equipo humano-máquina” describe una organización del combate más que una eliminación del tripulante. Así, NGAD integra un caza tripulado y un ecosistema de sistemas asociados. El término, por sí solo, no equivale a “avión sin piloto”.
Automatización a bordo y autonomía en drones: cómo se reparte la carga
Con esa finalidad, la Fuerza Aérea incluyó una etapa previa con demostradores y comunicó vuelos de aeronaves experimentales durante aproximadamente cinco años, además de atribuir a esas campañas cientos de horas de prueba. Esas actividades se orientaron a desarrollar tecnologías vinculadas a baja observabilidad, alcance y sistemas autónomos, con una redacción deliberadamente amplia. Esa amplitud permite distinguir una idea clave: “sistemas autónomos” no equivale a “avión sin piloto” dentro del NGAD.
El programa puede incorporar navegación, gestión de sensores, ayudas de misión y coordinación de grupos de aeronaves en el software de un caza tripulado. Al mismo tiempo, el propio NGAD puede incorporar autonomía completa en los vehículos acompañantes sin que eso implique retirar al piloto del F-47. Por esa razón conviene separar automatización de ausencia de tripulación, ya que la primera puede existir dentro de una cabina con un humano que decide. La autonomía, en este marco, aparece como capacidad distribuida.

El F-47 puede incorporar funciones automatizadas para fusión de sensores, gestión de amenazas, planificación dinámica de ruta y priorización de blancos, con el objetivo de reducir la carga cognitiva y acortar tiempos de decisión dentro de la cabina. Sin embargo, esa automatización no lo transforma en un sistema autónomo de combate sin supervisión humana. Del mismo modo que un piloto automático no convierte a un avión comercial en un dron, la presencia de automatismos no elimina la figura del piloto.
Esa autonomía distribuida se asocia sobre todo a los drones acompañantes, conocidos en parte de la documentación y del debate industrial como “wingmen”. En 2025, empresas consolidadas y nuevos actores presentaron en ferias internacionales aeronaves no tripuladas diseñadas para volar junto a cazas, con misiones como portar sensores, transportar armamento o asumir tareas de alto riesgo. El esquema mantiene la dirección táctica y la responsabilidad del empleo de la fuerza en el caza tripulado, mientras los sistemas no tripulados amplían alcance, armamento disponible y persistencia.
Costes, pausa estratégica de 2024 y origen de la confusión pública
A la evolución técnica se sumaron factores de coste e incertidumbre que influyeron en el debate público. En 2024, el liderazgo civil de la Fuerza Aérea ordenó una pausa estratégica para revisar el rumbo del programa y realizar un examen de alternativas ante la presión presupuestaria y el cambio tecnológico acelerado. El análisis se centró en la combinación entre un caza de nueva generación y un conjunto de drones y capacidades de red. Ese contexto alimentó especulaciones sobre un futuro con menos cabinas.
Como ese análisis podía alterar la relación entre cantidad, riesgo y precio unitario, la pausa generó preguntas sobre un horizonte con mayor control remoto. Sin embargo, la definición pública del componente tripulado no cambió en ese momento, y el debate se movió más por incertidumbre que por un anuncio de rediseño del F-47. El foco en algoritmos y plataformas no tripuladas amplificó la idea de que el programa equivalía a un “caza autónomo”. En paralelo, la institución mantuvo el F-47 como aeronave principal del sistema.

Para sostener la línea no tripulada, la Fuerza Aérea apoyó el segmento mediante contratos y ensayos. En 2024 otorgó acuerdos a Anduril y General Atomics para prototipos de aeronaves colaborativas, y en 2025 se comunicaron hitos de vuelos y pruebas relacionadas con autonomía parcial en esos aparatos. Esos avances no sustituyen al F-47, sino que forman parte del mismo concepto NGAD que acompaña a la aeronave tripulada. La cooperación, por tanto, se apoya en una división de roles dentro de la arquitectura.
Con el marco posterior a marzo de 2025, la respuesta operativa queda definida: el F-47 se integra en NGAD como plataforma con piloto, mientras el vuelo autónomo se asigna a vehículos colaborativos y a módulos de software de asistencia al piloto. El conjunto puede incluir automatización avanzada sin cambiar el requisito de tripulación en el F-47, aunque varios detalles técnicos permanezcan clasificados. La precisión conceptual resuelve la aparente contradicción entre “sexta generación” y “autonomía”. El programa reparte la autonomía sin retirar al humano del avión principal.
