La Asamblea general de la ONU manifestó su respaldo a Ucrania el martes, al cumplirse cuatro años de la invasión rusa, con Estados Unidos entre los países que se abstuvieron. Israel apoyó el texto en una inusual divergencia con Washington, su aliado más cercano dentro de las Naciones Unidas.
La resolución aprobada afirmó el compromiso con “la soberanía, la independencia, la unidad y la integridad territorial de Ucrania dentro de sus fronteras reconocidas internacionalmente”. El resultado fue de 107 votos a favor, 12 en contra y 51 abstenciones, incluida la de Estados Unidos.
El documento también reclamó un alto el fuego inmediato e incondicional y una “paz integral, justa y duradera”. Antes de la votación, las misiones de Israel y Estados Unidos ante la ONU trataron el sentido del próximo escrutinio y los puntos que podían generar discrepancias.
El enviado de Israel ante la ONU, Danny Danon, declaró que “Estados Unidos e Israel tienen cada uno sus propios cálculos. Tenemos en cuenta una serie de factores, incluidos los votos rusos en contra nuestra en la ONU. A veces hay un lenguaje en la resolución que Estados Unidos no puede aceptar”.

La delegación estadounidense promovió una votación separada sobre los párrafos relacionados con la integridad territorial de Ucrania y el derecho internacional, pero la propuesta no prosperó. En paralelo, el cambio de Joe Biden a Donald Trump en la Casa Blanca el año pasado enfrió de forma drástica el apoyo estadounidense, que antes fue firme e incondicional.
Trump reincorporó al líder ruso Vladimir Putin a los contactos diplomáticos y Washington rechazó en varias ocasiones condenar la invasión rusa de 2022. La embajadora adjunta de Estados Unidos, Tammy Bruce, dijo que acogía el llamamiento de la ONU a un alto el fuego, aunque cuestionó el contenido del texto.
Bruce sostuvo que la resolución incluye “lenguaje que probablemente distraiga” de los esfuerzos diplomáticos para terminar la guerra, en vez de respaldarlos. No precisó cuáles eran esas expresiones. Aun así, los líderes del G7, incluido Trump, reiteraron el martes su “apoyo inquebrantable a Ucrania” en una declaración.

Un mes después del regreso de Trump al poder en enero de 2025, Estados Unidos votó en contra de una resolución de la Asamblea general que pedía una “paz justa y duradera” para cerrar la guerra. Más tarde, la delegación estadounidense impulsó en el Consejo de Seguridad una resolución apoyada por Rusia.
Ese texto reclamó la paz, pero no mencionó la integridad territorial de Ucrania, lo que irritó a los aliados europeos de Kiev. Hasta entonces, el Consejo de Seguridad no lograba pronunciarse sobre la guerra, ya que Rusia utilizaba de manera constante su poder de veto.
“A pesar de los esfuerzos de paz liderados por Estados Unidos y apoyados por Europa, Rusia sigue demostrando que no tiene una voluntad genuina de detener esta agresión”, dijo la viceministra de Asuntos Exteriores de Ucrania, Mariana Betsa. La embajadora adjunta de Rusia, Anna vehículos eléctricostigneeva, replicó con un reproche a la dinámica de la Asamblea.
Según Anna vehículos eléctricostigneeva, Ucrania debía concentrarse en la diplomacia para acabar la guerra “en lugar de iniciar otra votación politizada”. En ese contexto, el posicionamiento de Israel destacó por contraste con el antecedente del año anterior, cuando se alineó con Washington y Moscú en una votación clave.
Hace un año, Israel votó junto a Estados Unidos y Rusia contra una resolución que buscaba reafirmar la integridad territorial de Ucrania y rechazó una condena de tono enérgico sobre la invasión de Rusia a su vecino, en el tercer aniversario de la guerra. Ese voto, visto como un posible gesto hacia Trump, fue la primera vez que Israel se colocó contra Ucrania y con Rusia desde el inicio de la guerra.
El ministro de Asuntos Exteriores, Gideon Sa’ar, anunció el martes que Israel enviará 117 generadores eléctricos a Ucrania. Su oficina informó en un comunicado que los equipos se instalarán en la región de Kiev. El texto señaló que la decisión siguió a conversaciones con el canciller ucraniano, Andriy Sybiha, “sobre las urgentes necesidades energéticas”.

“Mientras las comunidades siguen enfrentándose a ataques contra infraestructuras críticas, Israel sigue comprometido a proporcionar asistencia humanitaria práctica, que salva vidas, sobre el terreno”, afirmó el comunicado, al aludir a que Rusia apunta a objetivos vinculados a la energía en Ucrania. Sa’ar también conversó por teléfono con el rabino Meir Stambler, presidente de la Federación de Comunidades Judías de Ucrania.
Israel mantuvo su negativa a entregar armas a Ucrania, que pidió sistemas de defensa antiaérea, y argumentó que debía evitar un deterioro de las relaciones diplomáticas con Moscú. Al inicio de la guerra, añadió como razón principal la necesidad estratégica de conservar libertad de operaciones en Siria, donde fuerzas rusas controlaban en gran medida el espacio aéreo.
Ese escenario cambió desde la caída del régimen de Assad, aliado de Moscú, el año pasado. Sa’ar se reunió con el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky y con Sybiha en Kiev en julio, y allí acordaron abrir un diálogo estratégico bilateral sobre la amenaza iraní.
Se prevé que ese diálogo se celebre el próximo mes. En los últimos meses, Ucrania adoptó medidas que respaldan posiciones israelíes: en diciembre se abstuvo en una votación de la ONU contra Israel en la Corte Internacional de Justicia y, en febrero, designó al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica como organización terrorista.
