Una docena de F-22 de Estados Unidos aterrizó en el sur de Israel el 24 de febrero como parte de un refuerzo militar ligado a Irán.
El despliegue de F-22 se integra en un refuerzo regional escalonado
Tras despegar el mismo día desde la base de Lakenheath, en el Reino Unido, una docena de F-22 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos aterrizó en el sur de Israel. El movimiento resultó poco habitual por la plataforma y por el destino. Washington lo vinculó a un refuerzo más amplio ordenado mientras la Casa Blanca mantenía abierta la opción de emplear la fuerza contra Irán y, a la vez, preparaba conversaciones en Ginebra para el 26 de febrero.
En semanas previas, responsables estadounidenses fijaron como objetivo concentrar en la región, para mediados de marzo, el conjunto de fuerzas necesarias para una acción militar. Ese esquema incorporó el tránsito de un segundo grupo aeronaval y una agenda diplomática con una visita de alto nivel a Israel prevista para finales de febrero. La secuencia añadió presión operativa sin cerrar una decisión política, pero con hitos temporales definidos y visibles para los actores regionales.
La ampliación de opciones se consolidó cuando, a finales de enero, un portaaviones entró en la zona de responsabilidad del mando militar estadounidense para Oriente Medio. Esa presencia elevó la capacidad para la defensa de fuerzas propias y, si existiera una orden política, para una acción de ataque. En ese marco, el despliegue de cazas avanzados también ajusta la postura de disuasión, al colocar medios listos para reaccionar en un entorno con riesgo de represalias.

Al situar los F-22 en Israel, Estados Unidos reduce tiempos de tránsito hacia el área de operaciones y puede sostener rotaciones de patrullas con mayor continuidad. Ese beneficio exige una cadena logística especializada, porque la flota es limitada y depende de mantenimiento específico para recubrimientos, sensores y disponibilidad. La base avanzada acerca un recurso escaso a un punto desde el que puede influir con rapidez en la superioridad aérea y en la protección de activos de alto valor.
Hitos y elementos del refuerzo que enmarcan la presencia de los F-22
- Llegada de los F-22 a Israel el 24 de febrero tras salir de Lakenheath, en el Reino Unido.
- Conversaciones previstas en Ginebra para el 26 de febrero, con la opción de fuerza aún abierta.
- Objetivo de concentrar fuerzas necesarias para mediados de marzo, con un segundo grupo aeronaval en tránsito.
- Ingreso de un portaaviones en la zona del mando para Oriente Medio a finales de enero, con más opciones de defensa y ataque.
- Visita de alto nivel a Israel prevista para finales de febrero dentro de la coordinación política.
Capacidades del F-22 y su aporte a la superioridad aérea inicial
Al analizar el rol del F-22, el punto central no pasa por su función como bombardero, porque no lo es, sino por su perfil de caza de superioridad aérea. La plataforma combina baja observabilidad, sensores integrados y la capacidad de detectar y atacar antes de que el adversario la localice. La Fuerza Aérea atribuye su valor a la integración de sensores, aviónica y conocimiento de la situación, rasgos que orientan su empleo hacia misiones de apertura y de protección.

La carga interna típica se asocia a dos configuraciones principales. En tareas aire-aire, el avión puede llevar seis misiles AIM-120 y dos AIM-9. En tareas aire-tierra, puede portar dos bombas guiadas GBU-32 de 1.000 libras, con misiles adicionales destinados a autoprotección. Ese paquete no busca volumen de ataque, sino la capacidad de entrar con discreción, sostener presencia y ajustar la conducta de la defensa adversaria en los primeros compases.
Si Washington optara por un ataque directo dentro de Irán, el F-22 encaja con precisión en la fase inicial, cuando el objetivo inmediato consiste en asegurar el dominio del aire y reducir la libertad de acción de la defensa antiaérea iraní. Esa reducción protege a aviones con menor discreción y, sobre todo, a los elementos críticos del sistema, como cisternas, alerta temprana, inteligencia y mando, que sostienen una campaña con salidas repetidas y reabastecimiento en vuelo.
El aporte del F-22 se mide menos por la cantidad de bombas empleadas y más por la disminución de amenazas que, de otro modo, alcanzarían a los medios necesarios para sostener el ritmo de salidas y las rutas de reabastecimiento. Con una firma reducida, puede operar más cerca de zonas bajo vigilancia, identificar amenazas aéreas, priorizar contactos y facilitar la entrada de plataformas de ataque que transportan la mayor parte de la carga útil. Así, la superioridad aérea funciona como condición previa para el resto del plan.
Defensa, escolta y señal política desde Israel ante una crisis con Irán
Incluso antes de una entrada ofensiva, el primer rol plausible se vincula con la defensa antiaérea ante una respuesta iraní basada en drones, misiles de crucero o salvas de cohetes y proyectiles de distinta procedencia. En ciclos recientes de tensión, responsables estadounidenses describieron despliegues de cazas en la región como medidas defensivas dirigidas a derribar drones y otros vectores contra personal, bases e infraestructuras. Desde Israel, el F-22 puede aportar patrullas aéreas de combate e interceptaciones.

El despliegue también aumenta el coste esperado de cualquier intento de empleo de aeronaves tripuladas contra el espacio aéreo israelí o contra rutas de tránsito hacia el Mediterráneo oriental. Esa presencia refuerza la defensa de activos y, a la vez, amplía el margen para operar sin acercar aeronaves de apoyo a zonas de mayor riesgo. La lógica explica por qué una fuerza expedicionaria desplaza cazas de superioridad incluso cuando el objetivo declarado se formula como “castigo” o “degradación” de instalaciones.
En una operación sostenida contra objetivos dentro de Irán, el esquema exige reabastecimientos repetidos, rutas seguras e intervalos operativos que dependen del control del aire en tramos amplios. Dentro de ese marco, el F-22 puede escoltar formaciones de ataque, vigilar puntos de paso críticos y responder a contactos aéreos, sin requerir que las aeronaves de apoyo se acerquen al perímetro de mayor riesgo. La base en Israel acorta el intervalo entre una orden política y su ejecución.
El antecedente citado ofrece un marco operativo: en junio de 2025, Estados Unidos ejecutó una operación aérea contra tres complejos nucleares iraníes con más de 125 aeronaves. Bombarderos B-2 lanzaron 14 municiones penetrantes GBU-57, y el plan combinó engaño, reabastecimiento en vuelo y cobertura de cazas para proteger a la fuerza principal y gestionar el riesgo de misiles tierra-aire. En una estructura así, el F-22 aporta protección, reduce la probabilidad de detección temprana y ayuda a preservar la sorpresa táctica.
