El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, advirtió que la negativa de Irán a incorporar su programa de misiles a una vía diplomática crea un obstáculo de primer orden, en la antesala de la reunión prevista para el jueves 26 en Ginebra. Ese encuentro reunirá a emisarios estadounidenses y a una delegación iraní, en la tercera ronda de contactos del año sobre el expediente nuclear.
Rubio afirmó que Teherán busca desarrollar capacidades balísticas de mayor alcance y situó ese asunto en la agenda de futuras conversaciones. “Diría que la insistencia iraní en no discutir los misiles balísticos es un gran, gran problema”, dijo a periodistas. En el mismo intercambio, sostuvo que Irán “intent[a] llegar al punto” de recuperar márgenes de maniobra sobre su programa nuclear, aunque “no enriquec[en] ahora”.

El jefe de la diplomacia estadounidense evitó presentar la cita del jueves como un momento decisivo y la definió como “la siguiente oportunidad de hablar”. En Washington, la presión pública aumentó tras el discurso de Donald Trump ante el Congreso el martes 24 de febrero. El presidente acusó a Irán de reactivar su programa y de trabajar en misiles con capacidad para alcanzar territorio estadounidense.
“Ya han desarrollado misiles que pueden amenazar a Europa y a nuestras bases en el exterior, y trabajan para construir misiles que pronto alcanzarán a Estados Unidos de América”, afirmó Trump. También reiteró que un fracaso negociador tendría consecuencias y recordó que Teherán ha amenazado con atacar bases estadounidenses en la región si recibe un golpe militar.
La conversación del jueves se programó después de contactos indirectos recientes en Ginebra, con participación de los enviados Steve Witkoff y Jared Kushner y del ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, en un formato con mediación omaní. Funcionarios estadounidenses reclamaron que el diálogo incluya asuntos no nucleares, como el stock de misiles.

Irán defendió que la discusión se limite a restricciones nucleares a cambio de alivio de sanciones y rechazó debatir su programa de misiles. Araqchi llegó a Ginebra y mantuvo reuniones preparatorias con el mediador omaní antes del encuentro. El trasfondo incluye un despliegue militar estadounidense ampliado en Oriente Próximo, con refuerzos navales y aéreos.
Washington presentó esas medidas como respaldo a su postura negociadora y como opción operativa si la vía diplomática no progresa. Una portavoz de la Casa Blanca señaló días atrás que las partes siguen lejos en puntos sustantivos. En paralelo, imágenes y reportes sobre movimientos de grupos de portaaviones y unidades asociadas acompañaron las advertencias presidenciales.
La administración insistió en mantener opciones de presión abiertas, mientras Rubio describió la cuestión de los misiles como una amenaza directa para intereses estadounidenses y como un elemento que, a su juicio, excede el perímetro nuclear. Afirmó que Irán dispone de “un gran número” de misiles balísticos y que busca desarrollar armas capaces de alcanzar el territorio continental de Estados Unidos.

Organismos de inteligencia estadounidenses sitúan a Irán como el país con mayor reserva de misiles balísticos en Oriente Próximo, mientras Teherán sostuvo en el pasado que mantiene un límite autoimpuesto de 2.000 kilómetros de alcance. En respuesta al endurecimiento verbal desde Washington, un portavoz del Ministerio de Exteriores iraní calificó de “grandes mentiras” las acusaciones sobre el programa nuclear y el de misiles.
En la misma línea de mensajes, el vicepresidente JD Vance resumió la posición estadounidense con una frase: “El principio es muy simple: Irán no puede tener un arma nuclear”.