El viernes pasado se publicó en Haaretz un artículo del profesor Uri Bar Yosef, “experto en inteligencia, seguridad nacional y la guerra israelí-árabe” en la Universidad de Haifa. Su tesis: la “ocupación” israelí en Judea y Samaria está destruyendo el sionismo. Para “demostrar” su tesis, Bar Yosef sazonó el artículo con una serie casi cómica de mentiras, disparates e invenciones.
Bar Yosef escribe que: “La Iniciativa de Paz de la Liga Árabe llama desde 2002 en adelante a poner fin al conflicto a cambio de una retirada de los territorios ocupados en 1967 y la creación de un Estado palestino. Esta fórmula es aceptada por los mejores amigos del proyecto sionista. Los grandes opositores: el Gobierno de Israel y el régimen de los ayatolás en Irán”.
Una media verdad es peor que una mentira. Alguien olvidó recordarle al autor que las condiciones reales que exige esa iniciativa de “paz” son la liquidación de Israel. Según la iniciativa, Israel debe retirarse de todos los territorios que ocupó en el 67’, incluida la meseta del Golán, y aceptar la plena implementación del derecho de retorno, dando la posibilidad a todo refugiado palestino de 1948 —o a un descendiente de tal refugiado— de venir y establecerse en Israel. Así reza el documento de la iniciativa árabe:
“Alcanzar una solución justa al problema de los refugiados palestinos, según se acuerde de conformidad con la Resolución 194 de la Asamblea general de la ONU.”
Para que no quepa duda, la Resolución 194 de la Asamblea general establece que:
“Debe permitirse a los refugiados que deseen regresar a sus hogares y vivir en paz con sus vecinos hacerlo… y deben pagarse compensaciones a quienes no deseen regresar…”
Y de aquí a la afirmación de que los grandes opositores a esta fórmula son “el Gobierno de Israel y el régimen de los ayatolás en Irán”. Esto, por supuesto, es una mentira absoluta. Todas las encuestas muestran que una mayoría abrumadora del público israelí se opone a un Estado palestino, incluso si no incluye las condiciones de aniquilación del retorno de todos los refugiados y todos sus descendientes a todo el territorio de Israel, incluida la concesión del derecho de voto y la restitución de propiedades, tal como exige la “Iniciativa de Paz”.
Y esto continúa. Bar Zohar establece como hecho que “la mayor parte del tiempo del ejército de tierra no se dedica a entrenamiento y preparación para la guerra, sino a proteger los asentamientos y a los judíos que residen en Judea y Samaria”. Esta mentira maliciosa la refutó muy bien nada menos que el exjefe del Estado Mayor de las FDI, el diputado Gadi Eisenkot, después de que fuera citado por Amnon Abramovich como si afirmara que la mayor parte del ejército “protege a los judíos que residen en Judea y Samaria”. Eisenkot explicó entonces cómo una parte nada despreciable del orden de fuerzas de las FDI está efectivamente desplegada en defensa en el Comando Central, pero incluso esa parte no “protege a los judíos que residen en Judea y Samaria”, sino que frustra el terrorismo que amenaza a todo el país.
De ahí pasa Bar Yosef a cuentecillos del género de la demografía:
“Entre el Jordán y el mar ya hay desde hace años una mayoría no judía, y esta tendencia demográfica no cambiará.”
Pues bien, no solo la tendencia demográfica sí cambiará, ya ha cambiado, y a favor de los judíos. La mujer judía tiene más hijos, la mujer árabe tiene menos hijos y con ello se fija y se fortalece la ventaja numérica de los judíos en el país (por cierto, los datos también refutan otros dos mitos comunes: la “toma haredí” y la “huida de los israelíes liberales”. Resulta que tampoco son ciertos y se apoyan en una interpretación distorsionada de los datos).
Bar Yosef remata su cadena de disparates con David Ben Gurion en persona:
“El Estado de Israel clama por un nuevo liderazgo del tipo de David Ben Gurion, que se preocupaba por el destino de la mayoría judía en el Estado y por ello se oponía a toda ocupación más allá de las fronteras de la Línea Verde”.
Esto es una mentira que nace de la ignorancia. Todo el que estudió el tema sabe que, después de la Guerra de los Seis Días, Ben Gurion llamó a devolver solo parte de los territorios ocupados y solo a cambio de una paz verdadera. Como todos sabemos, un año después de la guerra se reunió la Conferencia de Jartum y estableció los tres noes, cuyo significado fue un rechazo absoluto y vinculante de la idea de una “paz verdadera”. Con ello, también el llamado de Ben Gurion a devolver parte de los territorios perdió su asidero en la realidad.
Más aún: Ben Gurion no se conformó con exigir que quedaran en manos de Israel toda la meseta del Golán, Jerusalén oriental —en la que veía el alma de la nación— y la Franja de Gaza. En una entrevista con el periodista Yosef Avron, Ben Gurion llamó a “asentar el Barrio Judío dentro de Jerusalén, que fue arrasado y destruido por los árabes, y los alrededores de Jerusalén en todos los territorios vacíos y deshabitados, al este, al norte y al sur”, es decir, no conformarse solo con la ciudad misma, sino también con las amplias zonas conquistadas al este, norte y sur: todas, como es sabido, territorios palestinos. Y también esto, solo a cambio de una paz verdadera, que como es sabido nunca fue ofrecida.
La “ocupación” no destruye el proyecto sionista. Destruye los restos de integridad intelectual de quienes se oponen a ella.
