El grupo terrorista libanés Hezbolá pasó meses reconstruyendo su arsenal de cohetes y drones con apoyo de Irán y mediante producción propia de armas, en preparación para una nueva guerra contra Israel, según seis fuentes familiarizadas con sus preparativos.
Tras el devastador enfrentamiento con Israel en 2024, la organización concluyó que otro ciclo de combates era inevitable y que podría enfrentar una amenaza existencial, indicaron las fuentes.
Reuters consultó a tres fuentes libanesas con conocimiento de las actividades del grupo, a dos funcionarios extranjeros en Líbano y a un funcionario militar israelí. Todos hablaron bajo condición de anonimato. Los detalles sobre el reciente esfuerzo de rearme de Hezbolá no se habían informado previamente.
El jefe de la oficina de prensa del grupo, Youssef al-Zein, declinó comentar sobre las operaciones militares. Sin embargo, afirmó que la organización decidió “luchar hasta el último aliento”.
Hezbolá, fundado en 1982 por la Guardia Revolucionaria de Irán, lanzó el lunes cohetes y drones contra Israel en represalia por la muerte del líder supremo iraní, Alí Jamenei, una acción que arrastró nuevamente al Líbano a la guerra que se extiende por Oriente Medio.
Aunque la decisión sorprendió a algunos de sus propios funcionarios, el grupo llevaba tiempo preparando sus reservas militares y su sistema de mando y control para una eventual revancha contra Israel, según las seis fuentes consultadas.
Parte de ese esfuerzo se sostuvo con un presupuesto mensual de unos 50 millones de dólares, destinado principalmente al pago de combatientes y financiado en gran medida por Irán, de acuerdo con una de las fuentes libanesas informadas sobre las finanzas del grupo. Uno de los funcionarios extranjeros confirmó esa cifra. No está claro cuánto tiempo ha operado Hezbolá con ese nivel de financiación ni cómo se compara con sus recursos en años anteriores.
El movimiento también recibió fondos iraníes para ayudar a pagar alquileres a personas desplazadas por la guerra de 2024. Cerca de 60.000 libaneses —en su mayoría de la comunidad musulmana chií que constituye la base de apoyo del grupo— permanecieron desplazados durante el último año, mientras sus viviendas siguen destruidas.
Además del financiamiento externo, Hezbolá buscó reponer sus reservas de drones y cohetes mediante producción local, según la primera fuente libanesa, los funcionarios extranjeros y el militar israelí. Este último señaló que el grupo utilizó recursos iraníes tanto para introducir armas de contrabando como para fabricarlas dentro del país, aunque sostuvo que su capacidad industrial se ha visto reducida.
Un segundo funcionario extranjero indicó que antes del inicio del último conflicto el grupo desplegó en el sur del Líbano nuevos cohetes y equipos logísticos de fabricación iraní.
El portavoz militar israelí, teniente coronel Nadav Shoshani, afirmó que Hezbolá aún conserva una cantidad considerable de armamento y que intenta reabastecerse. “Intentaban introducirlas de contrabando, y nosotros lo impedíamos”, declaró a Reuters.
