Funcionarios de Estados Unidos confirmaron al Washington Post este 10 de marzo que el Ejército estadounidense ya comenzó a mover partes de su sistema antimisiles THAAD desde Corea del Sur hacia Oriente Medio. La operación se conoció una semana después de que fuentes surcoreanas informaran por primera vez que Washington evaluaba retirar componentes de esos sistemas, e incluso baterías completas.
El redespliegue se suma a lo revelado por fuentes del gobierno de Corea del Sur el 9 de marzo, cuando señalaron que los sistemas de defensa aérea de largo alcance Patriot MIM-104 del Ejército de EE. UU. también habían sido alistados para su traslado a Oriente Medio. Según esas versiones, aviones de transporte pesado estadounidenses, probablemente C-17, llegaron a la Base Aérea de Osan para ejecutar la operación.
No es la primera retirada de este tipo. Entre marzo y octubre de 2025, el Ejército de EE. UU. ya había trasladado desde Corea del Sur a Oriente Medio dos sistemas Patriot y unos 500 militares, con el objetivo de reforzar las defensas de la Base Aérea de Al Udeid, en Catar. Esos sistemas fueron utilizados después para contener los ataques iraníes lanzados contra esa instalación el 23 de junio, aunque con resultados por debajo de lo que las Fuerzas Armadas estadounidenses habían sostenido en un primer momento.

A la vez, reportes no confirmados de fuentes occidentales indicaron que interceptores antibalísticos de los sistemas Patriot y THAAD ya habían sido sacados de Corea del Sur para reforzar reservas en instalaciones de Oriente Medio antes del inicio de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero.
La nueva retirada desde la península coreana apunta, según distintas fuentes, al nivel de desgaste sufrido por radares y sistemas clave de defensa antimisiles, así como a la intensidad de los contraataques iraníes. Diversos indicios sugieren que esa respuesta superó con amplitud las previsiones occidentales.
Corea del Sur es el único país extranjero que alberga de forma permanente un despliegue externo de sistemas THAAD del Ejército de EE. UU., establecido en 2016. Para Washington, su emplazamiento cerca del territorio chino ha tenido un valor estratégico central.
El radar AN/TPY-2 del sistema THAAD permite observar casi 3.000 kilómetros dentro de China. El analista de seguridad surcoreano y capitán retirado de la marina Yoon Sukjoon lo definió como “parte del frente unido global anti-China de EE. UU.. una herramienta estratégica para contener a China desde uno de los países más cercanos”.
Aunque se consideraba más probable una retirada limitada a interceptores para reponer existencias en Oriente Medio, la destrucción de dos radares AN/TPY-2 en esa región elevó la posibilidad de que Washington también retire radares desplegados en Corea del Sur. Fuentes surcoreanas, entre ellas el presidente Lee Jae-myung, presentaron estos movimientos como una señal de la necesidad de reducir la dependencia de Estados Unidos en materia de seguridad.

Las reservas de interceptores THAAD del Ejército estadounidense resultan insuficientes para sostener una guerra prolongada contra un adversario con capacidades avanzadas en misiles balísticos. A comienzos de 2025 había en servicio cerca de 600 interceptores, y más de 150 fueron consumidos en menos de 12 días de hostilidades con Irán entre el 13 y el 25 de junio de 2025, pese a que solo un sistema fue desplegado para defender a Israel.
El posterior despliegue de dos sistemas, uno en Israel y otro en Jordania, junto con una ofensiva iraní de mayor intensidad, llevó a analistas a calcular que el Ejército de EE. UU. podría disponer ahora de unos 200 interceptores o menos. Incluso no descartan una cifra inferior. Bajo ese escenario, gana fuerza la posibilidad de que Washington retire de Corea del Sur casi todos los interceptores restantes.
La reposición de esas existencias cuando terminen las hostilidades con Irán dependerá de varios factores, entre ellos el estado de la economía estadounidense tras la guerra y la capacidad de EE. UU. para ampliar la producción de interceptores y compensar el gasto militar acumulado.
El impacto de estos movimientos sobre el equilibrio de poder en el noreste de Asia ya aparece como un factor de peso. La situación también expone cómo el alcance global de la presencia militar de Estados Unidos, combinado con déficits en inventarios y en capacidad de producción, puede hacer que una guerra en un frente altere de forma directa la estabilidad en otros escenarios.
