La ofensiva iniciada el 28 de febrero mostró que el Adir permite penetrar, sostener ataques en profundidad y abrir corredores para el resto de Israel.
La ofensiva adelantada llevó al Adir del prestigio al combate real
Cuando Israel y Estados Unidos atacaron Teherán y otros objetivos estratégicos el 28 de febrero de 2026, la campaña ya tenía meses de preparación y una fecha fijada con antelación. Israel llegó como la única fuerza aérea de Oriente Medio con F-35 en servicio, operativo desde diciembre de 2017. Con una tercera escuadrilla ya contratada para elevar la flota a 75 aparatos, el Adir dejó atrás el prestigio tecnológico y afrontó su examen principal.
Ese examen no dependió solo de la presencia del avión, sino del tipo de guerra que hizo posible: penetración profunda, permanencia sobre un espacio aéreo hostil y ataque sostenido a gran distancia. La campaña de febrero también recogió lecciones de junio de 2025, cuando Israel ya había golpeado infraestructura iraní y había medido la respuesta de sus defensas. En 2026, ese aprendizaje sostuvo un salto de escala, de alcance y de ambición operativa.
Según el ministro de Defensa israelí, la ofensiva estaba prevista para mediados de 2026, pero el mando la adelantó a febrero. Esa decisión expuso un plan que unía inteligencia, coordinación con Washington y experiencia previa en una estructura de ataque preparada para abrir la guerra con decapitaciones de mando y supresión rápida de defensas. En ese primer tramo, la furtividad resultó decisiva porque el atacante necesitaba cruzar primero y sobrevivir hasta abrir paso al resto de la fuerza.

Con el anuncio del 1 de marzo sobre ataques a sistemas de defensa iraníes, Israel afirmó que buscaba abrir la ruta hacia Teherán. Dos días después, el mando militar habló de unas 1.600 salidas, de la destrucción de 300 lanzadores de misiles y de más de 60 vuelos de ataque en una sola jornada sobre el oeste de Irán. Ese volumen describió una presencia aérea constante y confirmó que la campaña permitía entrar, volver, corregir y repetir.
Fechas y cifras que definieron el salto operativo israelí
- El 1 de marzo, Israel informó ataques contra defensas iraníes para abrir la ruta hacia Teherán.
- El 3 de marzo, el mando israelí reportó unas 1.600 salidas y la destrucción de 300 lanzadores de misiles.
- El 4 de marzo, un F-35I derribó un Yak-130 sobre Teherán tras una misión de unos 1.500 kilómetros.
- El 9 de marzo, Israel anunció ataques sobre seis aeródromos y otra oleada con más de 170 municiones.
La furtividad del F-35I abrió corredores y sostuvo el ritmo de ataque
Cuando el 4 de marzo un F-35I derribó un Yak-130 iraní sobre Teherán, Israel presentó el hecho como la primera victoria aire-aire de un F-35 contra una aeronave tripulada. El mando de la base de Nevatim describió una misión de unos 1.500 kilómetros, con varias horas de vuelo, identificación del blanco en profundidad y empleo de misiles de largo alcance apoyados por sensores avanzados. Ahí apareció la medida más nítida del cambio.
Como el Adir no interceptó al Yak-130 en la periferia de Israel, sino sobre la capital iraní, el combate adquirió un valor mayor que la simple destrucción del avión enemigo. La acción ocurrió dentro del espacio donde la defensa antiaérea y la aviación de Irán debían ofrecer su respuesta más sensible. En ese punto, la furtividad dejó de ser una cualidad abstracta y quedó expuesta como una ventaja táctica concreta en pleno territorio enemigo.

Ese resultado se apoya en una arquitectura que combina baja observabilidad, sensores avanzados, fusión de información y conectividad en red. La documentación del programa añade la forma del avión, el recubrimiento absorbente, la disposición interna de armas, la reducción de la firma infrarroja y el sistema de guerra electrónica entre los factores que complican la detección y el enganche por radar. Esa integración acelera la secuencia entre detección, decisión y disparo.
Esa ventaja se volvió visible el 9 de marzo, cuando Israel anunció ataques contra seis grandes aeródromos militares iraníes con destrucción de aeronaves, helicópteros, pistas, sistemas de defensa y sistemas de detección. Ese mismo día informó otra oleada con decenas de cazas y más de 170 municiones sobre Teherán, Isfahán y Shiraz, además de golpes contra centros de mando, fábricas y depósitos vinculados a misiles y vehículos no tripulados. El patrón operativo sugiere un papel central del Adir para abrir corredores y localizar amenazas.
Los límites del Adir aparecen en una guerra contra Irán aún abierta
Ese papel coincide con la valoración que varios analistas militares formularon en la guerra anterior. En junio de 2025, un análisis sobre la campaña aérea israelí contra Irán describió a las defensas iraníes con pocas respuestas técnicas frente a la combinación de F-35 con capacidad de guerra electrónica y de F-16 y F-15 armados con munición guiada. La campaña actual amplió esa lógica y la llevó a una escala mayor dentro del mismo teatro.
El mismo análisis subrayó otro dato clave: los vuelos de ida y vuelta superaban los 3.000 kilómetros y, aun así, Israel negaba pérdidas de aeronaves o tripulaciones. En 2026, el Adir no actuó como un caza aislado ni como una pieza simbólica de alto valor. Actuó como la plataforma que ayudó a volver habitable para su coalición un espacio aéreo que, en teoría, debía castigar cualquier penetración.

Hasta el 17 de marzo, la guerra mostraba que la furtividad no había vuelto invisible al F-35I ni había anulado la capacidad iraní de responder. Irán seguía lanzando misiles sobre Israel, la cifra de muertos en territorio israelí había subido al menos a 14 y el precio del petróleo acumulaba un alza cercana al 45% desde el inicio del conflicto. Teherán, además, rechazaba ofertas de distensión mientras Israel mantenía su ofensiva.
Mientras Israel golpeaba a figuras centrales del aparato de seguridad iraní, incluido Ali Larijani, apareció la dimensión real del Adir. Su poder no radica en cerrar la guerra por sí solo, sino en permitir que Israel mantenga la iniciativa ofensiva durante semanas, golpee mandos, aeródromos y nodos de misiles en profundidad y conserve una libertad de acción que, en un teatro de estas dimensiones, depende de la furtividad tanto como de las bombas.
