Las campañas de Israel y Estados Unidos sobre Irán dieron al F-35 un historial de penetración, coordinación y combate sostenido que sus rivales no exhiben.
Las campañas sobre Irán dieron al F-35 una prueba real y sostenida
Desde el 28 de febrero de 2026, la campaña que Israel llamó León Rugiente y Estados Unidos bautizó Furia Épica colocó al F-35 fuera del terreno promocional. Un F-35C embarcado figuró en la primera oleada desde mar y tierra; el 5 de marzo, un F-35I israelí derribó un Yak-130 iraní tras varias horas sobre espacio enemigo; y el 19 de marzo ambos países ampliaban los golpes cada vez más adentro del teatro.
Con esa secuencia, la cuestión dejó de pasar por el número de salidas y se concentró en el patrón de empleo. La campaña fijó un estándar de penetración, continuidad y adaptación en combate real que, con la información pública disponible, ni el J-20 chino ni el Su-57 ruso han documentado con igual densidad. El F-35 no solo entró en la discusión técnica: también acumuló un expediente operativo visible dentro de una guerra abierta.
El 13 de junio de 2025 llegó el antecedente clave, fecha en la que Israel abrió la fase previa de esta guerra con su mayor campaña aérea sobre Irán. Cuatro días después, la aviación israelí había golpeado más de 70 baterías antiaéreas en unas cinco oleadas, abrió el camino hacia Teherán y alcanzó una superioridad aérea que multiplicó los blancos en profundidad. Con ese tramo inicial, el espacio aéreo iraní dejó de ser barrera y pasó a servir como corredor repetido.

Tras esa apertura, Furia Épica trasladó el cambio a escala conjunta tras la llegada de la orden final el 27 de febrero. Antes del primer despegue, los mandos cibernético y espacial estadounidenses degradaron la capacidad iraní para ver, comunicar y responder; y el 28 de febrero despegaron más de 100 aeronaves en una sola ola desde bases terrestres y grupos navales. Las imágenes oficiales mostraron F/A-18 y F-35 dentro de paquetes con guerra electrónica, misiles de crucero, drones y reabastecimiento.
Hitos que definieron el expediente operativo del F-35 sobre Irán
- El 28 de febrero, un F-35C embarcado apareció en la primera oleada conjunta desde mar y tierra.
- El 5 de marzo, un F-35I israelí derribó un Yak-130 iraní tras un vuelo de varias horas sobre territorio enemigo.
- El 23 de junio de 2025, 15 cazas atacaron infraestructura subterránea, depósitos de misiles y almacenes de vehículos no tripulados.
- Para el 19 de marzo, Washington situó en 7.000 los objetivos atacados dentro de Irán, mientras Israel anunció golpes contra instalaciones navales en el Caspio.
La red de sensores y la escala industrial ampliaron la ventaja del F-35
En ese marco aparece la clave técnica del F-35, ya que su valor no descansa solo en la baja observabilidad. El programa oficial lo define como una plataforma capaz de recoger, analizar y compartir datos para multiplicar el efecto de medios aéreos, navales y terrestres. Con esa arquitectura, el aparato no solo penetra defensas, también organiza el combate alrededor de su entrada y ofrece a la fuerza conjunta una imagen táctica más útil dentro del ataque.

Reuters describió en esta guerra un empleo coherente con ese diseño al situar al F-35 dentro de la oleada. Allí podía portar misiles destinados a localizar y destruir radares, abrir brechas y sostener la entrada de otras aeronaves. En Irán, la mezcla de sigilo, sensores, guerra electrónica y gestión de información dejó de ser promesa tecnológica y pasó a cumplir una función táctica diaria. El valor del sistema apareció en la coordinación del paquete completo, no en una maniobra aislada.
A esa capa táctica la acompaña una base material que sus rivales directos todavía no exhiben al mismo nivel. Lockheed entregó 191 F-35 en 2025, el mayor registro anual del programa; la flota global rozó las 1.300 aeronaves, superó el millón de horas de vuelo y siguió su expansión con doce países operadores. En septiembre de 2025, la oficina conjunta del programa y el fabricante cerraron los lotes 18 y 19 para hasta 296 aparatos más.
Ese volumen no garantiza por sí solo la superioridad, pero acelera cuatro factores decisivos en una guerra larga: la madurez del software, la amplitud del sostenimiento, el repertorio táctico compartido y la capacidad de absorber desgaste sin detener la campaña. Para la guerra sobre Irán, esa masa crítica ya existía. Por eso cada misión de combate alimentó una comunidad de usuarios amplia, con logística, doctrina y experiencia acumulada en un nivel que sus competidores aún no han mostrado.
J-20 y Su-57 siguen sin un expediente bélico comparable al del F-35
Desde otra posición entra el J-20, que China mantiene en servicio y cada vez integra más en su postura frente a Taiwán. El informe militar estadounidense de 2025 lo sitúa dentro de un inventario avanzado que refuerza la capacidad china para operaciones aéreas y de ataque alrededor del estrecho, mientras la presión aérea y naval de Pekín sobre Taiwán y el mar de China meridional forma parte de la rutina regional. Sin embargo, falta una prueba bélica moderna equiparable.

La cuestión central no pasa por la existencia del aparato ni por el crecimiento de su producción, sino por su rendimiento si una fuerza de ese tamaño debe coordinar sigilo, control, guerra electrónica, apoyo y combate sostenido dentro de un espacio aéreo hostil durante días o semanas. Esa pregunta sigue abierta para el J-20. Frente al expediente construido sobre Irán, China exhibe expansión y modernización, pero no una campaña pública con la misma densidad de evidencia operativa.
Con el Su-57 aparece otra limitación porque Moscú lo mantiene como rival del F-35 y retomó entregas en febrero de 2026 con nueva configuración, sistemas de a bordo actualizados y un paquete de armas revisado, pero no publicó el tamaño del lote. Reuters resumió antes el problema de fondo: retrasos prolongados, un accidente en 2019 y producción seriada reconocida solo desde 2022. En junio de 2024, Ucrania anunció el primer impacto contra uno de esos aparatos en Ajtúbinsk.

Aunque eso no vuelve invulnerable al F-35, el 19 de marzo uno estadounidense realizó un aterrizaje de emergencia tras una misión de combate sobre Irán y Washington abrió una investigación para determinar si había recibido un impacto. Aun así, la evaluación depende de un teatro que obliga a entrar, salir, repetir y sostenerse bajo amenaza real. Al cierre de esta fase, la diferencia frente a sus aspirantes está en un expediente escrito con rutas abiertas, defensas destruidas y lecciones incorporadas.
