Irán disparó dos misiles balísticos de alcance intermedio contra la base militar conjunta de Diego García, en el océano Índico, y no logró impactar el enclave, según confirmó una fuente oficial británica.
La misma fuente calificó lo ocurrido como un “ataque fallido contra Diego García” y sostuvo que Teherán “no logró” alcanzar la instalación. El intento abrió un nuevo frente de presión en la escalada militar en torno al estrecho de Ormuz y mostró que Irán trató de extender la confrontación más allá del Golfo, hacia una base clave para las operaciones británicas y estadounidenses en la región.
El ataque ocurrió antes de que el Gobierno del Reino Unido informara, el 20 de marzo, que permitiría a Estados Unidos usar algunas bases bajo control británico para atacar emplazamientos iraníes vinculados a agresiones contra buques en el estrecho de Ormuz.
Los datos operativos conocidos señalan que uno de los misiles falló durante el trayecto. El otro fue enfrentado por un interceptor SM-3 lanzado desde un buque de guerra estadounidense. La información disponible no detalla dónde cayó ese proyectil ni permite establecer de forma definitiva el resultado de la interceptación, aunque el balance confirmado por Londres indica que ninguno de los dos alcanzó la isla.
Diego García, ubicada en el archipiélago de Chagos, opera como una plataforma logística y de proyección para Estados Unidos y el Reino Unido en el Índico. Su pista y su infraestructura permiten sostener despliegues de aeronaves de largo alcance, misiones de reabastecimiento, vigilancia, comunicaciones y apoyo naval.
Por su distancia respecto de los principales escenarios de combate, la base es considerada un punto de retaguardia para campañas prolongadas. El intento de ataque elevó el umbral de alcance de la crisis y volvió a poner en primer plano los cálculos de protección antimisiles sobre activos aliados.
El anuncio británico del 20 de marzo amplió el margen para que fuerzas estadounidenses utilicen bases bajo control de Londres en un momento de fuerte presión sobre el tráfico marítimo en Ormuz, un paso decisivo para el comercio energético mundial. En esa decisión quedaron incluidas RAF Fairford, en Inglaterra, y la propia base de Diego García, dentro de un esquema que el Reino Unido presentó como apoyo a operaciones orientadas a neutralizar capacidades que atacan o amenazan buques en esa zona.
La secuencia dejó dos efectos inmediatos. Por un lado, reforzó la percepción de que Irán busca opciones de represalia fuera del radio habitual de sus intercambios de fuego. Por otro, conectó la seguridad de un enclave estratégico del Índico con la evolución de la crisis en Ormuz y con la disponibilidad de defensas de área, como la arquitectura de interceptación con misiles SM-3 desde plataformas navales.
Sin daños confirmados en la base, el episodio dejó establecido que Diego García pasó a formar parte del repertorio de objetivos intentados dentro de la crisis.
