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La daga por la espalda a Irán: la drástica decisión de Arabia Saudí que cambia las reglas del juego

21 de marzo de 2026
en Mundo
La daga por la espalda a Irán: la drástica decisión de Arabia Saudí que cambia las reglas del juego

Fuentes estadounidenses y occidentales al tanto de las conversaciones aseguran que Arabia Saudita ha aceptado en los últimos días ampliar el acceso de Estados Unidos a la base aérea Rey Fahd, en Taif, al oeste del reino. El movimiento se produce en plena escalada frente a Irán y mientras Washington se prepara para la eventualidad de una campaña más prolongada. Según esas mismas fuentes, la decisión se cerró tras contactos entre altos cargos de ambos países, incluido un intercambio entre Elbridge Colby, alto funcionario del Departamento de Defensa estadounidense, y el ministro de Defensa, saudí, Jalid bin Salmán.

Taif adquiere un valor particular por una razón práctica: su distancia respecto de la amenaza de los drones Shahed iraníes es mayor que la de la base del príncipe Sultán, que ha sido objeto de ataques repetidos. A eso se suma un factor logístico. La ciudad, próxima a Yeda y al mar Rojo, gana peso en las rutas de abastecimiento, sobre todo después de que Irán, siempre de acuerdo con esas fuentes, lograra imponer un control efectivo sobre el estrecho de Ormuz.

En ese marco, sostienen las fuentes, si la administración Trump se encamina a una guerra más larga contra Irán, Yeda podría transformarse en un centro logístico decisivo para sostener a las fuerzas estadounidenses en la región. Miles de soldados terrestres estadounidenses ya están en camino hacia Oriente Medio desde Asia oriental. Quienes han hablado sobre el tema interpretan que la decisión saudí revela un ajuste —aunque sea parcial— en la postura de Riad, y quizá también en la de otros Estados del Golfo, frente a la guerra estadounidense-israelí contra Irán. “La posición en Riad ha cambiado hacia el apoyo a la guerra estadounidense como vía para castigar a Irán por los ataques”, dijo una fuente occidental en el Golfo.

Las mismas fuentes añaden que Donald Trump y el príncipe heredero Mohammed bin Salmán mantienen llamadas telefónicas regulares desde hace tres semanas. En paralelo, Emiratos Árabes Unidos estaría comunicando a Washington que se asume preparado para un conflicto largo y que no está empujando por un cierre rápido de los combates. Una de las fuentes citadas sostuvo, en ese sentido, que el ministro de Exteriores emiratí, Abdullah bin Zayed, le transmitió al secretario de Estado Marco Rubio que Abu Dabi está dispuesta a un escenario de hasta nueve meses.

El Golfo está dividido

Aun así, el bloque no se mueve en una sola dirección. Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Qatar intentaron inicialmente persuadir a Trump de que no atacara a Irán, y subrayaron que las bases estadounidenses en sus territorios no serían empleadas como plataformas de salida para una ofensiva cuando Estados Unidos se sumó a Israel. Con todo, son también esos países, según las fuentes, los que han terminado pagando el costo más alto desde que estalló la guerra.

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De acuerdo con fuentes consultadas, solo Emiratos ha interceptado desde el inicio de la guerra 338 misiles balísticos y 1.740 drones. Qatar, por su parte, sufrió un golpe especialmente significativo pese a su papel como mediador. Tras un ataque israelí contra el yacimiento de gas South Pars, Irán disparó misiles contra Ras Laffan, en territorio Qatarí. El ministro de Energía de Qatar afirmó que el impacto afectó alrededor del 17 % de la producción de gas del país y que los daños demandarán entre tres y cinco años de reparación.

El malestar hacia Washington también aparece en la región. Omán, señalan las fuentes, sostiene que Israel “engañó” a Estados Unidos para arrastrarlo a un ataque ilegal contra Irán. El ministro de Exteriores omaní, Badr al-Busaidi, escribió esta semana que “esta no es la guerra de Estados Unidos” y que los aliados de Washington deben dejar claro que el país ha sido empujado a un conflicto del que tiene muy poco que ganar.

Riad, en cambio, ha endurecido el mensaje hacia Teherán. El ministro de Exteriores saudí, Faisal bin Farhan, acusó a Irán de cometer “ataques abominables” como continuación del “chantaje” y del patrocinio de milicias que amenazan la seguridad de los vecinos. También sostuvo que Arabia Saudita se reserva el derecho de emprender “acción militar”.

El dilema del Golfo frente a Irán

Según los expertos citados, en las últimas semanas se ha acentuado una grieta en el Golfo. De un lado, países como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos concluyen que no pueden convivir con un Irán agresivo capaz de poner bajo amenaza, en cualquier momento, el estrecho de Ormuz y la estabilidad regional. Del otro, tampoco quieren quedar consignados como quienes se alinearon con una guerra estadounidense-israelí contra una “vecina musulmana”.

En la lectura de las fuentes consultadas, el punto más delicado está en la frontera entre lo que cada capital considera una medida “defensiva” y lo que ya equivaldría a involucrarse activamente en la guerra. Estados Unidos presiona a Arabia Saudita para que se sume a ataques ofensivos contra Irán, pero en Riad buscan moverse con prudencia: sostener la disuasión frente a Teherán sin quedar atrapados en una guerra total.

En ese equilibrio, el experto saudí Hisham al-Ghanam afirmó que el reino intenta combinar la amenaza de una respuesta militar con esfuerzos diplomáticos y canales discretos hacia Irán. Según su planteo, Arabia Saudita trabaja por la desescalada para proteger los avances del acercamiento con Teherán desde la reanudación de relaciones diplomáticas en marzo de 2023, mediada por China.

Al mismo tiempo, las fuentes citadas insisten en que incluso dentro de los países del Golfo se comprende que una acción militar directa contra Irán podría “abrir un avispero”. En su evaluación, los ejércitos del Golfo no están en condiciones de infligir un daño adicional significativo más allá de lo que ya buscan Estados Unidos e Israel, y una maniobra apenas “simbólica”, presentada en nombre de la disuasión, podría terminar generando nuevas respuestas iraníes.

Pese a esas reservas, esas mismas fuentes señalan que la ampliación del acceso estadounidense a bases saudíes sí puede traducirse en efectos operativos concretos. Bernard Haykel, investigador de la Universidad de Princeton, dijo que “lo que podría cambiar la ecuación es que la Fuerza Aérea estadounidense despegue desde Dhahran en lugar de hacerlo desde un portaaviones”, en referencia a la cercanía de esa ciudad saudí a las costas iraníes.

Al final, concluyen las fuentes consultadas, uno de los escenarios inmediatos donde podría tensarse la política del Golfo es el estrecho de Ormuz. Los gobiernos de la región examinan opciones para una cooperación defensiva más estrecha, incluida la transferencia de interceptores Patriot entre países del Consejo de Cooperación del Golfo, e incluso la adopción de medidas “defensivas letales” en el propio paso marítimo. El asesor diplomático del presidente emiratí, Anwar Gargash, llegó a plantear que Emiratos Árabes Unidos podría sumarse a una operación estadounidense destinada a restablecer el control sobre esa vía.

Etiquetas: Arabia SauditaArabia Saudita-IránIránMundo

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La actuación de Estados Unidos frente a Irán continúa rodeada de incertidumbre, entre las declaraciones contradictorias del presidente Donald Trump y las reiteradas negativas y críticas de Teherán. Hace unos instantes, este martes, Trump volvió a referirse a las negociaciones y afirmó que a Irán le queda una “última oportunidad” para alcanzar un acuerdo sobre el estrecho de Ormuz. También lanzó una severa advertencia: si no se logra un acuerdo “hoy o mañana”, Estados Unidos podría emprender ataques aéreos de gran escala. Cabe recordar que, durante una conversación celebrada el lunes, Trump afirmó que desea que Irán alcance cuanto antes un acuerdo con Omán que permita reanudar la navegación por esta estratégica ruta comercial. No obstante, precisó que se opone a cualquier arreglo que autorice a Teherán a cobrar tasas de tránsito a los buques. “No habrá ningún pago”, declaró Trump con referencia a los barcos mercantes que atraviesan el estrecho. Sus declaraciones se producen en medio del estancamiento de las negociaciones. Funcionarios iraníes sostienen que Teherán conserva el derecho a regular el tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz, mientras que un asesor del líder supremo de Irán advirtió que los buques de guerra y las bases estadounidenses correrán un “grave peligro” si Washington no levanta el bloqueo impuesto a los puertos iraníes. Al mismo tiempo, según informó Bloomberg, apenas existen indicios de avances en las conversaciones que cuentan con la mediación de Omán, pese al último ultimátum formulado por Trump. Qatar confirmó hoy que los contactos entre Estados Unidos e Irán continúan y que ambas partes ya pasaron del intercambio de mensajes a la redacción de entendimientos, después de que acordaran el “lenguaje” de los pactos en preparación y se transmitieran un borrador. De forma paralela a los esfuerzos diplomáticos, persiste la tensión en el golfo. Por segunda vez desde las primeras horas de la mañana, se informó de un ataque contra un buque en el estrecho de Ormuz, frente a las costas de Omán. Sus tripulantes se vieron obligados a abandonar la embarcación. Entretanto, fuentes de la inteligencia israelí declararon a Fox News que Israel no recibió información sobre los detalles del ataque estadounidense que se había planificado contra Irán y que finalmente fue cancelado. “Los estadounidenses se guardaron muy bien sus cartas. No teníamos la menor idea de lo que abarcaría el ataque”. Estas declaraciones se conocieron después de que Trump admitiera anoche que las filtraciones sobre la operación, difundidas por los medios durante el sábado, condujeron a su cancelación. Esta mañana, The New York Times informó que Irán y Omán están cerca de alcanzar un acuerdo que permitiría reanudar el tránsito de buques por el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo, según funcionarios iraníes y estadounidenses. De acuerdo con el periódico, el pacto podría permitir la reapertura del paso marítimo, aunque también suscitaría una controversia sobre el grado de control que Irán ejercería sobre el tránsito naval en la zona. Según fuentes conocedoras de los detalles, el plan en preparación establece que los buques que entren en el golfo Pérsico utilicen la ruta próxima a las costas iraníes, mientras que aquellos que salgan del golfo transiten por la vía cercana a Omán. Funcionarios iraníes afirmaron que no se cobrarán tasas de tránsito, aunque señalaron que se aplicará una “comisión por servicios” destinada a cubrir gastos ambientales, seguridad, personal y servicios complementarios. De acuerdo con esas mismas fuentes, los ingresos obtenidos mediante el cobro se repartirán por igual entre Irán y Omán. Sin embargo, un funcionario estadounidense informado de las negociaciones rechazó la versión iraní y afirmó que “no es exacta”. Según explicó, cualquier ruta provisional que se abra en el estrecho no requerirá autorización ni permiso de Irán y tampoco contemplará el pago de tasas. Para el presidente estadounidense Donald Trump, la apertura del estrecho de Ormuz representa un objetivo prioritario, después de varios meses en los que el cierre de la ruta marítima ejerció presión sobre los mercados internacionales y sobre los flujos comerciales y energéticos. Trump afirmó en la Casa Blanca que el acuerdo podría avanzar con rapidez y estimó que la primera fase consistiría en la apertura del estrecho, mientras que la segunda abordaría la cuestión nuclear iraní. Al mismo tiempo, funcionarios iraníes precisaron que, desde la perspectiva de Teherán, la apertura del estrecho también depende del levantamiento del bloqueo naval estadounidense sobre los puertos iraníes del golfo Pérsico y del retorno al plan presentado en el memorando de entendimiento de Islamabad. Según el informe, las conversaciones sobre Ormuz se celebran de forma paralela a posibles negociaciones sobre el futuro de las reservas iraníes de uranio enriquecido. La principal controversia en torno al acuerdo se refiere a si la apertura del estrecho preservará la libertad de navegación o establecerá un precedente que permita a Irán ejercer un control efectivo sobre una ruta marítima internacional. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, advirtió con anterioridad que permitir que un país controle un paso marítimo internacional y cobre pagos a los buques podría sentar un precedente peligroso. Dentro del Gobierno estadounidense también existen dudas sobre el plan. Según el informe, altos funcionarios del Pentágono temen que un acuerdo de este tipo pueda interpretarse como una capitulación ante Irán, sobre todo porque todavía hay minas en algunas rutas, circunstancia que podría obligar a coordinarse con Teherán para garantizar el paso seguro de las embarcaciones. Irán, por su parte, considera el estrecho de Ormuz un recurso estratégico de gran importancia. Funcionarios iraníes sostienen que el acuerdo pretende consolidar la capacidad de Teherán para influir sobre el tránsito en el estrecho y conservar así un instrumento de presión que no había utilizado plenamente antes de la guerra.

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