Arad amaneció este domingo con el golpe todavía a la vista. Horas después del impacto directo de un misil balístico iraní en un barrio jasídico de Gur, la ciudad seguía entre edificios dañados, escombros y una incertidumbre que no se había disipado con la llegada de la mañana.
Desde temprano, los equipos de rescate continuaban revisando los inmuebles afectados por la explosión, mientras seguía la evacuación de los heridos y la atención a decenas de lesionados. Diez de ellos se encontraban en estado grave. Hasta ese momento no había constancia de muertos ni de personas atrapadas bajo los restos.
Simcha Bunim-Cohen, vecino de uno de los edificios alcanzados, contó al diario Hayom cómo vivió el ataque. Dijo que estaba en casa y que no llegó a entrar en el espacio protegido. Según relató, pensaron en hacerlo, pero su esposa le sugirió que se acercaran más al pasillo. Entonces llegó la explosión. “Hubo un estallido brutal y toda la casa se llenó de vidrios rotos. Nos salvamos de milagro”, dijo.
Pinjas, residente de un barrio cercano, describió una escena de desconcierto total. “Era un caos. Había madres que no sabían dónde estaban sus hijos. Yo mismo saqué con las manos a un niño que estaba sangrando. Creo que cayó desde un segundo piso, y cayó muy cerca de mí”, relató.
Con las primeras luces del día, entre los escombros no solo quedaba a la vista la magnitud del daño. También se hacía evidente el contacto directo entre las fuerzas de emergencia y una población haredí con necesidades muy concretas, marcadas por sus normas de vida y por su marco religioso.
El Mando del Frente Interno y los equipos de asistencia no se limitaron a evacuar heridos y asegurar la zona. También adaptaron su actuación a la realidad de los vecinos. Ya en las primeras horas se permitió que algunos residentes regresaran, en grupos reducidos, a los edificios dañados que no presentaban riesgo de derrumbe. No lo hicieron para recuperar bienes de valor económico, sino para sacar tefilín, talitot y otros objetos sagrados. Para esa comunidad, no se trataba de un gesto accesorio, sino de una necesidad inmediata.
Lo mismo ocurrió en los puntos de recepción de evacuados. Allí se habilitaron espacios específicos para la población haredí, con separación estricta entre hombres y mujeres y con condiciones ajustadas a su forma de vida. También hubo que resolver un problema práctico: parte de los evacuados no usa mensajes SMS ni medios digitales, de modo que la información y la orientación tuvieron que transmitirse por otras vías sobre el terreno.
Tras el ataque en Arad y el impacto registrado también anoche en Dimona, el ministro de Educación, Yoav Kisch, anunció que este domingo y el lunes no habrá clases presenciales en todo el sistema educativo. La medida incluye también a la educación especial, sin excepciones. En todo el país, la enseñanza pasará de momento al formato a distancia.
Mientras tanto, el ejército israelí seguía investigando este domingo por la mañana por qué fracasaron los intentos de interceptar los misiles.
