El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, aseguró que “el ejército convencional de Irán está prácticamente destruido” y sostuvo que ese escenario amplía el margen de maniobra de Washington mientras continúa la guerra.
Durante una reunión del gabinete, Vance señaló que entre esas “opciones” figuran tanto una salida negociada por la vía diplomática como la posibilidad de nuevos ataques militares.
Al defender la necesidad de impedir que Teherán acceda al arma nuclear, el vicepresidente recurrió a una comparación sobre el alcance de esa amenaza. “Se habla de personas que entran en un supermercado abarrotado con un chaleco puesto, lo hacen explotar y mueren un par de personas, y eso es una terrible tragedia. ¿Qué ocurre cuando lo que hay en el chaleco… puede matar a decenas de miles de personas?”, planteó.
En la misma reunión, el secretario de Estado, Marco Rubio, reforzó ese argumento al advertir que, si Irán llegara a disponer de “un arma nuclear, podrían matar a millones de estadounidenses en el futuro”.
El encuentro también dejó un nuevo choque político en torno a la gestión de la guerra. Donald Trump afirmó que el exsecretario de Estado Antony Blinken había dicho el día anterior que la administración anterior debió atacar a Irán como lo hace la actual, una declaración que no se corresponde con lo expresado por el exfuncionario.
Blinken, por el contrario, criticó la conducción de la guerra por parte de Trump y pronosticó que la guerra podría cerrarse pronto con una declaración de victoria del presidente mientras los mercados siguen en baja.
Más tarde, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, cargó contra la cobertura informativa de la guerra y acusó a los medios de difundir una versión falsa de lo que ocurre en el frente. Según sostuvo, Estados Unidos está imponiéndose de manera clara a Irán, pese a que la prensa transmite lo contrario. “Detrás de cada noticia falsa, hay un piloto de F-35 ejecutando una misión peligrosa. Mi mensaje a los medios de comunicación es: informen correctamente”, afirmó.