Estados Unidos e Israel lanzaron ataques intensos contra fuerzas de seguridad iraníes en el noroeste de Irán al comienzo de la guerra con la expectativa de abrir paso a una ofensiva kurda que, según una investigación de Channel 12, buscaba avanzar “hasta Teherán” y contribuir al derribo del régimen.
El plan contemplaba que decenas de miles de combatientes kurdos armados entraran desde Irak durante los primeros días de la guerra con respaldo aéreo estadounidense e israelí. Una vez dentro de Irán, debían coordinarse con milicianos kurdos locales, distribuir armamento, presionar a las fuerzas del régimen en varios frentes y favorecer el resurgimiento de protestas masivas.
La investigación recoge testimonios de un integrante del Partido de la Libertad del Kurdistán (PAK) y de otros analistas kurdos que sostienen que existía un amplio entendimiento entre grupos kurdos para “cooperar para derribar al régimen”. Según ese reportaje, hubo dos momentos definidos en los que la operación estuvo cerca de activarse.
El primero se frustró tras filtraciones en medios de Estados Unidos. Fox News informó el 4 de marzo que la ofensiva ya había comenzado y ese mismo día la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, fue consultada sobre si Washington estaba armando a los kurdos con ese objetivo.
Raz Zimmt, director del programa de investigación sobre Irán y el eje chií en el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional, explicó que la lógica de la maniobra era generar “un efecto dominó: primero los kurdos y luego otros sectores”. De acuerdo con el informe, la combinación de los bombardeos conjuntos y la incursión terrestre buscaba “romper la barrera del miedo” entre los opositores iraníes, después de que el régimen hubiera matado a miles de personas en las semanas previas.
Channel 12 sostiene que el Mossad trabajó durante años en esta iniciativa. También menciona reportes extranjeros que apuntan a un prolongado apoyo del Mossad y la CIA a grupos kurdos armados. Según la investigación, el jefe del Mossad, David Barnea, presentó el proyecto al primer ministro Benjamin Netanyahu y lo discutió en Washington.
Aunque la Inteligencia Militar de las FDI evaluaba que las probabilidades de éxito eran bajas, el plan fue expuesto en Israel y en Estados Unidos como “hermético”, en medio de la convicción de que “los kurdos cumplirían su parte”. Esa valoración, añade el reportaje, ayudó a Netanyahu a persuadir al presidente Donald Trump de acompañar la ofensiva conjunta contra el régimen a partir del 28 de febrero.
La filtración no fue el único obstáculo. Zimmt afirmó que Teherán detectó lo que podía avecinarse y movilizó recursos militares y gestiones diplomáticas con Irak para bloquear la operación. Después surgió una segunda oportunidad para avanzar con la invasión, pero también quedó descartada y el proyecto salió “fuera de la agenda”.
La investigación describe el esquema como un plan “lleno de agujeros”. Entre los factores que jugaron en contra figuraban el rechazo del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, adversario histórico de los kurdos, y la oposición de varios países del Golfo, preocupados por una eventual fragmentación de Irán y su impacto desestabilizador en la región. El reportaje asegura que Erdogan presionó a Trump, que al principio había apoyado la iniciativa, para que desistiera.
Dentro del propio campo kurdo también hubo reservas. Las dudas crecían ante la posibilidad de enfrentarse al régimen sin tropas terrestres de apoyo por parte de Estados Unidos e Israel. Una fuente kurda citada en la investigación dijo que temían que ambos países interrumpieran la guerra a mitad de camino, permitieran la recuperación del régimen y dejaran a los kurdos expuestos a una masacre.
A ello se sumaba la desconfianza hacia Washington. El reportaje indica que entre los kurdos pesa el recuerdo de la cooperación con Estados Unidos contra ISIS y la sensación de que Trump después los dejó de lado en favor de Ahmad al-Sharaa, en Siria, y de Erdogan. Bajo esa percepción, el riesgo era quedar eliminados si la operación fallaba o terminar otra vez sin beneficios si prosperaba.
Un mes después del inicio de la guerra, Netanyahu aparece en la investigación como “decepcionado” por el fracaso de un plan que había “adoptado”, en línea con reportes previos sobre su malestar con Barnea. Trump, en cambio, “hace tiempo que cambió de rumbo”. La frustración por ese desenlace elevó la tensión entre ambos dirigentes y, según se informó, quedó expuesta en una llamada áspera entre el vicepresidente estadounidense JD Vance y Netanyahu el lunes.
