El uso de más de 850 Tomahawk en cuatro semanas presiona las reservas, complica la reposición y reabre el debate sobre costos, producción y despliegues.
El gasto de Tomahawk abre alertas sobre reservas y planes militares
Después de cuatro semanas de guerra con Irán, el ejército de Estados Unidos ya lanzó más de 850 misiles de crucero Tomahawk, un volumen que activó alertas dentro del Pentágono. Personas al tanto del asunto sostienen que ese ritmo obliga a revisar cómo reponer un arsenal con producción anual limitada y si Washington deberá mover parte de esas armas desde otras regiones, incluido el Indo-Pacífico, mientras la Casa Blanca evalúa una escalada y conserva contactos diplomáticos.
Como estos misiles, usados en combate por Estados Unidos desde la Guerra del Golfo de 1991, pueden salir desde buques de superficie y submarinos, el Pentágono los valora por su alcance superior a 1.000 millas y por la opción de atacar sin exponer a pilotos a espacios aéreos muy defendidos. Aunque no divulga cuántos conserva, funcionarios bajo anonimato dijeron que el seguimiento del gasto se aumentó por su efecto en esta campaña y en futuras contingencias.
De acuerdo con un funcionario, la cantidad de Tomahawk que queda en Oriente Medio ya resulta “alarmantemente baja”; otro afirmó que, sin medidas, el Pentágono se acerca a “Winchester” en esa región, una expresión militar para describir la falta de munición. Esa inquietud reforzó dudas más amplias, dentro del Pentágono y en el Congreso, sobre la guerra impulsada por la administración Trump, sus razones cambiantes y el riesgo ante crisis simultáneas en otros frentes.

Cuando se le preguntó por los misiles usados o disponibles en Oriente Medio, Sean Parnell, portavoz del Pentágono, evitó una respuesta directa. En su lugar, sostuvo que el ejército tiene lo necesario para ejecutar cualquier misión en el momento y lugar que el presidente elija. También acusó a los medios de retratar al ejército como débil y de afirmar de forma inexacta que el Departamento de Defensa no dio al personal todas las ventajas necesarias.
Cifras clave del consumo, costo y reposición de Tomahawk
- Estados Unidos lanzó más de 850 Tomahawk en cuatro semanas de guerra.
- El alcance supera 1.000 millas y cada unidad cuesta hasta$3,6 millones.
- La fabricación de un misil puede requerir hasta dos años.
- El presupuesto de defensa del año pasado solo incluyó 57 unidades.
- La industria puede producir alrededor de 600 misiles al año.
La campaña expone el ritmo de uso y el límite del inventario naval
Aunque el Financial Times ya informó que la guerra con Irán había consumido años de producción de Tomahawk, no precisó la cifra. Los modelos actuales están en servicio desde 2004, admiten comunicación por satélite, atacan blancos preprogramados, ubican objetivos con GPS y transmiten imágenes para evaluar daños. Según documentos de la Armada, cada unidad cuesta hasta $3,6 millones, puede requerir dos años de fabricación y el último presupuesto solo incluyó 57 misiles.
Buena parte de esos más de 850 misiles salió en los primeros días de la Operación Furia Épica, nombre que la administración Trump usa para la guerra en Irán. Entre ellos hubo al menos uno que cayó cerca de una escuela primaria en la ciudad iraní de Minab al comienzo de la ofensiva. Después de ese episodio, funcionarios estadounidenses abrieron una investigación, mientras autoridades iraníes atribuyeron al ataque la muerte de decenas de niños.

Según Pete Hegseth y el almirante Charles “Brad” Cooper, la destrucción inicial de defensas antiaéreas iraníes y otras capacidades militares permitió después que pilotos estadounidenses se internaran más en el país y atacaran con municiones más abundantes en los arsenales del Pentágono. Aun así, dos funcionarios señalaron que Estados Unidos disparó más de 1.000 misiles interceptores, incluidos Patriot y THAAD, frente a los contraataques iraníes, y ese inventario tampoco es público ni infinito.
Como el ritmo de empleo obligó a sostener la campaña, la Armada reabasteció en el mar al menos a parte de los buques implicados. Cada destructor puede cargar decenas de estos misiles, de unos 20 pies de largo y cerca de 3.500 libras de peso. Lo habitual es efectuar esa carga en puerto, aunque la Marina desarrollaba desde antes la capacidad de hacerlo a bordo, una opción que cobró importancia con el consumo registrado en esta guerra.
Las estimaciones del inventario muestran un vacío difícil de reponer
MacKenzie Eaglen, investigadora sénior del American Enterprise Institute, estimó que antes del inicio de la Operación Furia Épica, a finales del mes pasado, la Armada probablemente tenía entre 4.000 y 4.500 Tomahawk. Otros analistas navales creen que la cifra real pudo ser bastante menor, quizá cercana a 3.000, después del amplio uso reciente en operaciones ordenadas por la administración Trump el año pasado en Irán, Yemen y Nigeria.
Mark Cancian, asesor sénior del Center for Strategic and International Studies, advirtió que si el ejército disparó más de 800 Tomahawk contra Irán, eso equivaldría a cerca de una cuarta parte del inventario total y dejaría un gran vacío para un conflicto en el Pacífico Occidental. El CSIS calcula que la Armada pudo tener apenas 3.100 misiles disponibles al inicio de la guerra hace un mes y sostiene que reponerlos exigiría varios años.

Según una evaluación del CSIS, la Armada ha comprado casi 9.000 Tomahawk a lo largo de la vida del programa, pero miles pertenecen a variantes tempranas, menos avanzadas, que quedaron obsoletas y salieron de servicio. El misil lo fabrica Raytheon con apoyo de otros contratistas, y la industria puede producir alrededor de 600 unidades al año, según Ryan Brobst, subdirector del Center on Military and Political Power de la Foundation for Defense of Democracies.
Pese a esas advertencias, la administración Trump rechazó la idea de que la guerra con Irán reduzca municiones esenciales. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, aseguró este mes que el ejército tiene más que suficientes municiones y reservas de armas para alcanzar los objetivos fijados por el presidente. Hegseth sostuvo lo mismo el 5 de marzo, cuando afirmó que no hay escasez y que las reservas permiten sostener la campaña.
La Casa Blanca niega escasez y reclama más recursos para la guerra
Sin embargo, la administración convocó reuniones sobre el problema y recibió en la Casa Blanca a ejecutivos de varias compañías de defensa, entre ellas Raytheon. Después de uno de esos encuentros, Trump escribió en redes sociales que esas empresas habían aceptado cuadruplicar la producción del armamento de la “Clase Exquisita”. El presidente añadió que otra reunión similar está prevista dentro de dos meses, una señal de que la reposición ya ocupa un lugar central.

Una persona familiarizada con esas conversaciones indicó que Hegseth ha presionado personalmente a la industria para acelerar la entrega de armamento clave. Ese movimiento se suma a las discusiones abiertas por el consumo de Tomahawk y por el uso de interceptores Patriot y THAAD, dos líneas de munición que el Pentágono no cuantifica en público. Aunque la Casa Blanca niega una escasez, la presión del secretario confirma que el asunto está en el centro de la respuesta oficial.
Al mismo tiempo, el Pentágono busca más de $200.000 millones del Congreso para financiar la guerra en Irán, una solicitud que ya encuentra resistencia entre legisladores opuestos al conflicto. Consultado la semana pasada sobre esa cifra, Hegseth respondió que el pedido final podría moverse. La definición de ese monto será clave para cubrir los costos inmediatos y para decidir cuánto dinero irá a la reposición de arsenales.
El 19 de marzo, en el Pentágono, Hegseth explicó ante la prensa que “se necesita dinero para matar a los malos”. Añadió que la próxima solicitud al Congreso busca garantizar una financiación adecuada por lo que ya se hizo, por lo que quizá haga falta en el futuro y por la necesidad de que la munición se reponga “y se reponga y por encima y más allá”, una formulación que resumió la escala del problema.
