El rabino Shaul David Buchko, director de la Yeshivá Kochav Yaakov, publicó un artículo en el que autoriza a personas ancianas, enfermas o con limitaciones físicas a usar un ascensor durante Shabat para llegar a un espacio protegido cuando suena una alarma, en respuesta a un reciente dictamen halájico estricto que lo prohibía.
La postura a la que respondió sostenía que una mujer anciana que vive en un piso alto no podía utilizar el ascensor para bajar a un refugio y que, para evitar esa situación, debía haber abandonado su casa antes del inicio de Shabat.
Buchko rechaza de manera tajante esa exigencia y sostiene que no puede esperarse que personas ancianas evacúen sus hogares con antelación. Apoyado en el Shulján Aruj, afirma que la ley judía no obliga a modificar el modo de vida ni a trasladarse solo para prevenir una eventual situación futura de peligro para la vida en Shabat.
En su texto, el rabino insiste en que estos casos deben resolverse a partir de las condiciones reales de vida y no mediante planteamientos teóricos desligados de la guerra. Señala que las cuestiones vinculadas al riesgo vital no pueden tratarse ignorando las dificultades logísticas y familiares que impone ese contexto.
El núcleo de su argumentación se centra en el uso de la electricidad y de los ascensores. Frente a la opinión más estricta, que considera ese uso una profanación plena de Shabat, Buchko adopta la posición de autoridades como Shlomo Zalman Auerbach, según la cual emplear electricidad sin ignición, como ocurre con la iluminación LED o con un ascensor moderno, constituye una prohibición rabínica y no una prohibición de nivel de la Torá.
A partir de ese criterio, concluye que, bajo fuego de cohetes, el caso combina peligro para la vida con una restricción rabínica secundaria, lo que permite una interpretación leniente. Por ello, dictamina que las personas ancianas, enfermas o físicamente limitadas pueden usar el ascensor para llegar al refugio durante una alarma y también regresar después a sus casas.
Añade que, de ser posible, el botón debe accionarse de forma indirecta, por ejemplo con el dorso de la mano. “En un momento de gran necesidad, tales acciones no se consideran trabajo prohibido”, concluye, y agrega que en situaciones claras de necesidad significativa existe una base amplia para emitir un dictamen leniente.
