Donald Trump estudia una operación militar para extraer casi 450 kg de uranio de Irán, una misión que, según funcionarios estadounidenses, obligaría a desplegar fuerzas dentro del país durante varios días o más y que figura entre las opciones más complejas y arriesgadas sobre la mesa de la Casa Blanca.
El presidente aún no ha decidido si dará la orden, añadieron esas fuentes, aunque se mantiene abierto a la posibilidad porque considera que una acción de ese tipo podría servir a su objetivo de impedir que Irán llegue a fabricar un arma nuclear. Al mismo tiempo, ha pedido a sus asesores que presionen a Teherán para que entregue el material como condición para poner fin a la guerra, de acuerdo con una persona al tanto de las discusiones.
En ese marco, Pakistán, Turquía y Egipto han actuado como intermediarios entre Washington y Teherán, aunque ambos países todavía no han iniciado conversaciones directas para cerrar la guerra. Trump ha transmitido a aliados políticos que Irán no puede conservar ese material y ha discutido incluso la posibilidad de tomarlo por la fuerza si no lo cede en una negociación.
“Es trabajo del Pentágono hacer preparativos para dar al comandante en jefe la máxima flexibilidad de opciones. Eso no significa que el presidente haya tomado una decisión”, afirmó en un comunicado la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt. El Pentágono evitó comentar y el Comando Central de Estados Unidos rechazó hacer declaraciones.
La presión pública del mandatario también se ha endurecido. El domingo por la noche dijo a periodistas que Irán debe aceptar las exigencias de Washington o “no van a tener un país”. Sobre el uranio iraní, añadió: “Van a entregarnos el polvo nuclear”.
Antes de los ataques aéreos lanzados por Israel y Estados Unidos contra Irán en junio del año pasado, se estimaba que el país acumulaba más de 400 kilogramos de uranio enriquecido al 60% y casi 200 kilogramos de material fisible al 20%, un nivel que puede transformarse con relativa facilidad en uranio apto para armamento al 90%.
El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Grossi, ha dicho que cree que ese uranio está concentrado sobre todo en dos de los tres emplazamientos golpeados en junio: un túnel subterráneo del complejo nuclear de Isfahán y un depósito en Natanz. Expertos añaden que Irán mantiene centrifugadoras para enriquecer uranio y capacidad para instalar un nuevo centro subterráneo.
Según la persona familiarizada con las conversaciones, Trump y algunos de sus aliados creen en privado que una incursión focalizada permitiría apoderarse del material sin alterar de forma significativa el calendario de la guerra y todavía dejaría a Estados Unidos en condiciones de darla por concluida a mediados de abril.
El presidente, además, ha dicho a personas de su entorno que no quiere un conflicto prolongado, mientras varios de sus principales asesores buscan que concentre su atención en otros asuntos, entre ellos las elecciones de mitad de mandato, en las que los republicanos podrían sufrir pérdidas importantes, según sondeos.
Exmilitares y especialistas consultados califican, sin embargo, cualquier intento de tomar ese uranio por la fuerza como una de las operaciones más difíciles que Trump podría ordenar. También advierten que una misión así probablemente provocaría represalias iraníes y podría extender la guerra mucho más allá del plazo de entre cuatro y seis semanas que el equipo del presidente ha delineado públicamente.
La operación exigiría que equipos estadounidenses volaran hasta los emplazamientos, previsiblemente bajo fuego de misiles tierra-aire y drones iraníes. Ya sobre el terreno, tropas de combate tendrían que asegurar los perímetros para permitir que ingenieros con maquinaria de excavación removieran escombros y comprobaran la existencia de minas o trampas explosivas.
La retirada del material recaería previsiblemente en una unidad de operaciones especiales entrenada para extraer material radiactivo en zonas de conflicto. El uranio altamente enriquecido estaría guardado en entre 40 y 50 cilindros especiales similares a tanques de buceo, que tendrían que colocarse en contenedores de transporte para evitar accidentes, un procedimiento que podría requerir varios camiones, explicó Richard Nephew, investigador senior de la Universidad de Columbia y exnegociador nuclear con Irán.
Los expertos sostienen además que, si no hubiera una pista disponible, sería necesario habilitar un aeródromo improvisado para introducir el equipo y sacar el material nuclear. Toda la misión demandaría días o incluso una semana. “Esto no es un asunto de entrar y salir rápidamente”, dijo el general retirado Joseph Votel, exjefe del Comando Central de Estados Unidos y del Comando de Operaciones Especiales.
Washington considera que ese escenario podría evitarse si Irán acepta entregar el uranio dentro de un acuerdo de paz. Estados Unidos ya retiró uranio enriquecido de otros países en operaciones pacíficas: en 1994 lo hizo en Kazajistán, en una misión llamada Proyecto Zafiro, y en 1998 participó junto con Reino Unido en la extracción de uranio altamente enriquecido de un reactor cercano a Tiflis, en Georgia, para trasladarlo a un complejo nuclear en Escocia.
Trump se ha negado a decir en público si ordenaría una misión de recuperación. El sábado, no obstante, animó a sus seguidores en redes sociales a ver el programa de Mark Levin en Fox News, donde el comentarista conservador defendió que el presidente “consiga el uranio”.
Durante la última semana, el mandatario ha insistido en buscar una salida diplomática e instó a Irán a desmantelar su programa nuclear dentro de un acuerdo negociado. El secretario de Estado, Marco Rubio, dijo la semana pasada que Estados Unidos puede alcanzar sus objetivos principales sin fuerzas terrestres.
Funcionarios estadounidenses sostienen que Irán no está enriqueciendo uranio en este momento y que, si quisiera convertirse en un Estado con armas nucleares, todavía tendría que llevar ese material a grado armamentístico y además fabricar una ojiva o una bomba. Añaden también que Teherán no dispone hoy de un misil balístico intercontinental capaz de alcanzar territorio estadounidense, aunque una proyección de la Agencia de Inteligencia de Defensa del año pasado apuntó que podría contar con decenas para 2035 si adaptara su vehículo de lanzamiento espacial.
Mientras continúan los ataques sobre objetivos en Irán, Trump recibe informes sobre las dificultades de una eventual misión para extraer el uranio, dijeron funcionarios estadounidenses. El ejército también prepara otras alternativas, entre ellas el despliegue en la región de unidades de Marines de respuesta rápida y de paracaidistas de la 82.ª División Aerotransportada, que podrían ocupar posiciones estratégicas como una isla frente a la costa sur iraní.
El Pentágono dispone ya en la región de muchos de los medios necesarios para una operación de ese tipo y estudia desplegar otros 10.000 soldados para ampliar las opciones del presidente en la guerra, según funcionarios estadounidenses.
A comienzos de este mes, al ser consultado en el Pentágono sobre qué planeaba hacer Washington con el uranio enriquecido iraní, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, dijo que esperaba que Teherán aceptara renunciar a él, aunque dejó abierta la posibilidad de una acción militar si eso no ocurría.
“El presidente ha mantenido su mirada enfocada en las capacidades nucleares”, dijo Hegseth el 13 de marzo. “Tenemos un rango de opciones, hasta e incluyendo que Irán decida que las entregará, lo cual por supuesto recibiríamos con agrado”.
“No le diría nunca a este grupo ni al mundo qué estamos dispuestos a hacer o hasta dónde estamos dispuestos a llegar, pero tenemos opciones, sin duda”, añadió Hegseth.
