Referentes del movimiento de los asentamientos participaron ayer domingo en un mitin en línea bajo el lema “Sí a la Tierra de Israel – No a la Violencia”, donde expresaron un rechazo explícito a los actos de violencia y vigilantismo contra residentes árabes en Judea y Samaria. El encuentro reunió a más de mil participantes.
Entre quienes intervinieron estuvieron el general de división (res.) Yaakov Amidror, el rabino Benny Kalmanzon, de Otniel, Haggai Luber, Sara Eliash, el rabino Mordechai Vardi, Moti Sklar, Yaffa Gisser y el rabino David Stav.
Amidror afirmó que los ataques cometidos por extremistas causan un daño moral y estratégico al país. “Las acciones de esos pocos que golpean, queman, destruyen y arrancan las propiedades de los árabes en Judea y Samaria simplemente porque son árabes constituyen terrorismo por cualquier definición. Estas acciones dañan la estatalidad, perjudican las relaciones exteriores del país y socavan directamente la seguridad. Contradicen todos los principios del judaísmo”, dijo.
Kalmanzon, que perdió a su hijo Elhanan en la masacre del 7 de octubre, sostuvo que existe en la zona una violencia “innecesaria, perjudicial e inmoral” que amenaza con empañar el proyecto de asentamiento. “No existe tal cosa como ‘violencia de colonos’, pero resulta que sí hay violencia en Judea y Samaria: violencia innecesaria, perjudicial e inmoral que podría manchar la magnífica empresa sionista de asentamiento. No debemos permanecer en silencio cuando alguien cree que tiene derecho a dañar a soldados de las FDI. Cualquiera que levante la mano contra un soldado que arriesga su vida por nosotros es un criminal, incluso si sus intenciones eran originalmente buenas”, señaló.
En la misma línea, el rabino Mordechai Vardi, de la comunidad de Rosh Tzurim en Gush Etzion, denunció que “jóvenes delincuentes” actúan por cuenta propia, incendian vehículos y atacan a árabes sin distinguir responsabilidades. “Jóvenes delincuentes se toman la justicia por su mano, queman coches, no distinguen entre buenos y malos y dañan a árabes que viven en su tierra. Estas acciones no se alinean con el espíritu de la tierra ni con el carácter de nuestras comunidades. Violaban la ley judía, incluidas las prohibiciones de la Torá, y lo peor de todo es que profanan el nombre de Dios y manchan toda la empresa de asentamiento. Como si eso no fuera suficiente, también interfieren en el trabajo de las fuerzas de seguridad. La Tierra de Israel exige que limpiemos la empresa de asentamiento: por nosotros y por las generaciones futuras”, declaró.
Sara Eliash, una de las fundadoras de Kedumim, advirtió sobre el deterioro social que, a su juicio, provoca ese fenómeno. “El resultado es una anarquía que degrada a la sociedad. La violencia es un último recurso: no es un objetivo en sí misma, y en un Estado soberano, este poder pertenece únicamente al ejército y a la policía. Nos duele el corazón al ver la angustia de buenos jóvenes que se dedican a la tierra, y sin embargo les pedimos que se asienten en coordinación con las instituciones estatales”, afirmó.
Haggai Luber pidió una condena sin ambigüedades y sostuvo que el problema no debe medirse solo por su impacto político, sino por su dimensión moral. “No tartamudeamos: nos oponemos. No porque la violencia ponga en peligro la empresa de asentamiento, sino porque está prohibido dañar a un árabe simplemente porque es árabe. La violencia contra árabes inocentes es una injusticia y una vergüenza moral. Esto es lo que nuestros enemigos nos han hecho a nosotros, y nunca haremos lo mismo. Si soy testigo de tal daño, pondré mi propio cuerpo como barrera para protegerlos. Los que dañan, los que permanecen en silencio y los que dudan deberían avergonzarse”, dijo.
