Un tribunal australiano rechazó este jueves el intento de Naveed Akram, acusado de perpetrar el ataque terrorista de Bondi Beach contra la comunidad judía del país, de impedir que los medios informen sobre la identidad de su familia.
Akram, de 24 años, pidió una orden de silencio por 40 años para bloquear la publicación de los nombres y fotografías de su madre, su hermano y su hermana, además de su dirección particular y de sus lugares de trabajo y estudio. Su defensa sostuvo en marzo que los familiares temen por su seguridad tras una serie de presuntos ataques de vigilantes.
La solicitud fue impugnada por varios grupos de medios australianos, que argumentaron que la medida impedía una cobertura adecuada de un caso de enorme interés público en Australia y fuera del país. El juez Hugh Donnelly falló a favor de esas objeciones y sostuvo que el principio de justicia abierta es central en el proceso, por lo que las órdenes de supresión “solo deben dictarse en circunstancias excepcionales”.

“Este caso ha generado un interés público, ira, indignación y dolor sin precedentes”, dijo Donnelly. El magistrado añadió que una prohibición limitada a Australia sería en gran medida ineficaz, ya que las plataformas de redes sociales y las publicaciones extranjeras quedarían fuera de la jurisdicción de los tribunales. “Este caso es excepcional por la magnitud e intensidad del comentario en las redes sociales”, afirmó.
Durante la audiencia se informó que la licencia de conducir de Akram, en la que figuraba su domicilio, había circulado ampliamente por internet. También se recordó que su madre concedió una entrevista a un periódico local horas después del tiroteo. Tras consultar con su equipo legal, el abogado Richard Wilson comunicó al tribunal que no apelará la decisión.
Akram compareció por videollamada desde la prisión de máxima seguridad en la que permanece detenido. Saludó con la mano a la cámara al tomar asiento para seguir la audiencia y solo intervino para confirmar que podía escuchar el procedimiento.

El acusado enfrenta desde febrero cargos de terrorismo, 15 cargos de asesinato, decenas de cargos por causar heridas con intención de matar y colocación de explosivos. Según la policía, en diciembre abrió fuego junto a su padre, Sajid Akram, durante una celebración de Janucá en Bondi Beach, en Sídney, y mató a 15 personas. Sajid murió en un enfrentamiento con la policía. Las autoridades sostienen que el ataque fue inspirado por el grupo terrorista Estado Islámico.
Entre las víctimas figuraban una sobreviviente del Holocausto de 87 años, una pareja que confrontó a uno de los hombres armados y una niña de 10 años, Matilda, a la que en su funeral describieron como un “rayo de sol”.
La masacre desató un profundo examen de conciencia nacional sobre el antisemitismo, provocó indignación por la falta de protección a los australianos judíos y llevó a promesas de endurecer las leyes sobre armas. El gobierno ya reforzó esa legislación e introdujo nuevas normas contra los discursos de odio, mientras avanza una investigación respaldada por el Ejecutivo sobre antisemitismo y cohesión social, con conclusiones previstas para diciembre.

La policía y los servicios de inteligencia también afrontan preguntas sobre si pudieron haber actuado antes. Akram había sido señalado por la agencia de inteligencia australiana en 2019, pero dejó de estar bajo seguimiento después de que se concluyera que no representaba una amenaza inminente.
Documentos policiales difundidos tras el ataque terrorista señalaron que padre e hijo realizaron “entrenamiento con armas de fuego” en una zona rural de Nueva Gales del Sur antes del tiroteo. Esos informes sostienen que ambos “planearon meticulosamente” la masacre durante meses y difundieron imágenes en las que aparecen disparando escopetas y moviéndose de una “manera táctica”.
Según la policía, también grabaron en octubre un video en el que arremetían contra los “sionistas” sentados frente a una bandera de Estado Islámico y detallaban sus motivaciones para el ataque. Los documentos agregan que hicieron un viaje nocturno de reconocimiento a Bondi Beach pocos días antes de los asesinatos y que, semanas antes de la masacre, regresaron a Sídney tras pasar cuatro semanas en el sur de Filipinas.