Un ejercicio bilateral reunió a un EA-18G Growler y un OP-3C para probar ataque electrónico, vigilancia e interoperabilidad aliada en un entorno marítimo disputado.
La misión bilateral unió ataque electrónico y vigilancia aérea aliada
Sobre el mar de Japón, un EA-18G Growler de la Armada de Estados Unidos voló el 18 de febrero de 2026 junto a un OP-3C de la Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón. El Servicio de Distribución de Información Visual de Defensa de Estados Unidos difundió la salida, que, aunque tuvo una escala limitada, mostró el grado de coordinación que ambos países procuran consolidar en uno de los espacios más sensibles del noreste de Asia.
En un entorno definido por amenazas con misiles, actividad submarina y una disputa creciente por el espectro electromagnético, la maniobra reunió dos capacidades distintas y complementarias porque el Growler aportó recursos de ataque electrónico y el avión japonés asumió funciones de vigilancia e inteligencia. Según el material del ejercicio, esa combinación superó el marco de un entrenamiento rutinario y reflejó una búsqueda de integración operativa más exigente entre Washington y Tokio.
Dentro de la aviación naval estadounidense, el EA-18G Growler del Escuadrón de Ataque Electrónico VAQ-135 ocupa un papel central porque es la principal aeronave embarcada para ataque electrónico. Su diseño le permite acompañar paquetes de ataque, suprimir radares enemigos, degradar redes de mando y control y perturbar sistemas integrados de defensa antiaérea. En una crisis regional, esa plataforma sería decisiva para facilitar la entrada y la operación de fuerzas aéreas y navales aliadas.

Las imágenes difundidas del ejercicio muestran bajo una de las alas lo que parece ser un pod AN/ALQ-249(V)1 Next Generation Jammer de banda media. Ese sistema se desarrolló para reemplazar o complementar equipos de interferencia anteriores y reforzar la eficacia del Growler frente a radares y comunicaciones modernas. El propio material precisa que, si la identificación es correcta, su presencia aumenta el valor del vuelo como prueba asociada a escenarios de guerra de alta intensidad.
Datos clave del ejercicio bilateral en el mar de Japón
- El EA-18G Growler participante estuvo asignado al Escuadrón de Ataque Electrónico VAQ-135.
- El OP-3C operó como parte del Escuadrón de Vigilancia Marítima VQ-81 de la JMSDF.
- La salida combinó ataque electrónico, vigilancia e inteligencia en un área de alta sensibilidad estratégica.
- La posible presencia del AN/ALQ-249(V)1 elevó el valor táctico del ensayo bilateral.
El OP-3C amplía la inteligencia marítima y la interoperabilidad
Aunque tiene un perfil público menor, la aeronave japonesa ocupó un lugar central en el ejercicio. El aparato fue identificado como un OP-3C asignado al Escuadrón de Vigilancia Marítima VQ-81 de la JMSDF. Pertenece a la familia japonesa de aviones de misiones especiales derivada del P-3 y cumple tareas de vigilancia y recolección de inteligencia que amplían la información disponible sobre los mares adyacentes al archipiélago.
Con ese tipo de plataforma, Japón contribuye al monitoreo marítimo, a la obtención de imágenes y a la construcción de una conciencia más amplia del espacio de batalla. Mientras una aeronave puede detectar y clasificar actividad, la otra tiene capacidad para dificultar que un adversario detecte, siga o coordine una respuesta. Esa complementariedad convierte al vuelo en algo más que una imagen simbólica de la alianza entre Estados Unidos y Japón.
Para la Armada de Estados Unidos y la JMSDF, este grado de interoperabilidad cobra especial relevancia porque cualquier crisis futura en el noreste de Asia probablemente exigirá acciones aliadas en un entorno saturado por amenazas con misiles, redes densas de vigilancia, interferencia electrónica y riesgo de escalada rápida. La presencia de un Growler junto a una plataforma japonesa de vigilancia sugiere una preparación concreta para ese espacio de batalla disputado.

La elección del mar de Japón refuerza esa lectura porque no es solo un corredor entre la península de Corea, el archipiélago japonés y el Lejano Oriente ruso. Se trata de un espacio estratégico comprimido donde convergen de forma permanente la vigilancia de la defensa antiaérea, el control marítimo, las preocupaciones antisubmarinas y el señalamiento militar, con un peso creciente de los lanzamientos de misiles norcoreanos y de la actividad aérea y naval rusa.
La alianza refuerza la disuasión regional en el norte del Indo-Pacífico
Frente a ese cuadro regional, el entrenamiento adquiere utilidad operacional directa porque permite a Estados Unidos y Japón sostener una imagen compartida del espacio de batalla y coordinar activos aéreos especializados cerca de áreas donde podría desarrollarse una crisis. Para Japón, el mar de Japón integra el arco septentrional de su defensa nacional, desde el que pueden surgir con escaso margen de aviso amenazas con misiles, movimientos navales y actividades de inteligencia.
Para Estados Unidos, el ejercicio respalda la credibilidad de las fuerzas desplegadas hacia adelante dentro del ámbito de la 7.ª Flota y proyecta que la alianza con Tokio se asienta en preparación práctica además de declaraciones políticas. En un plano más amplio, la combinación de ataque electrónico y vigilancia transmite a potenciales adversarios que ambos países se preparan para escenarios donde el control del espectro, la detección temprana y la resiliencia del mando pueden definir las operaciones.

Esa señal se inserta además en un esfuerzo mayor por reforzar la disuasión en la porción norte del Indo-Pacífico y a lo largo de la Primera Cadena de Islas. Allí, la disputa por el espectro electromagnético, la necesidad de detectar actividad militar en fases tempranas y la capacidad de sostener redes de mando y control bajo presión pesan tanto como el empleo de fuego cinético en el desarrollo de una crisis.
Con la salida del 18 de febrero de 2026, Estados Unidos y Japón dejaron una señal concreta sobre la evolución de su cooperación militar. Al combinar las capacidades de guerra electrónica del EA-18G Growler con el papel de vigilancia del OP-3C, ambos países mostraron una asociación que avanza hacia formatos de integración más estrechos y con mayor peso operacional en una región donde los tiempos de alerta son breves y el espectro permanece cada vez más disputado.
