Washington acelera la retirada del A-10 antes de 2026, mientras Moscú conserva al Su-25 en Ucrania pese al riesgo creciente de las defensas cercanas.
El retiro del A-10 y la vigencia del Su-25 reabren la comparación
Washington aceleró la retirada del A-10 de la Fuerza Aérea, activó la desmovilización de unidades de la Guardia Aérea Nacional y dejó abierta la salida de los 162 aparatos que siguen en inventario antes de que termine 2026. Moscú tomó la ruta contraria y sostuvo al Su-25 en la guerra de Ucrania, donde el modelo continúa en misiones de ataque y también recibe fuego enemigo sobre zonas próximas al frente.
Ambos aviones surgieron en la misma década para resolver una necesidad concreta: acompañar a las tropas de tierra y atacar blindados, artillería, posiciones fortificadas y columnas. El Su-25 realizó su primer vuelo el 22 de febrero de 1975, después de que los mandos soviéticos concluyeran, a partir de ejercicios y conflictos locales, que esa misión no podía quedar absorbida por cazabombarderos rápidos y de uso más general en la línea táctica.
En octubre de 1975, el primer A-10 de producción llegó a Davis-Monthan, y la propia Fuerza Aérea de Estados Unidos lo presentó como el primer aparato concebido de forma específica para apoyo aéreo cercano. Esa coincidencia temporal no borró una diferencia de enfoque: ambos compartieron misión y blindaje, pero cada programa definió prioridades distintas para el empleo táctico, la autonomía, la carga y la relación con el campo de batalla.

El Su-25 fue pensado para operar con sencillez, resistir castigo y despegar desde aeródromos avanzados. Rostec lo describe con una cápsula blindada de titanio para el piloto, depósitos con relleno poroso e inertización, sistema automático contra incendios y protección adicional en los compartimentos de motor. También afirma que puede despegar con carga completa desde pistas de campaña sin instrumentación y llevar hasta 4.400 kilos de armamento en diez pilones externos.
Datos clave de diseño, armamento y empleo de ambos aviones
- El Su-25 realizó su primer vuelo el 22 de febrero de 1975, y el primer A-10 de producción llegó a Davis-Monthan en octubre de ese mismo año.
- Rostec atribuye al Su-25 hasta 4.400 kilos de armamento en diez pilones y un cañón doble GSh-30-2 de 30 milímetros con 250 proyectiles.
- La USAF asigna al A-10 once puntos de anclaje, hasta 7.200 kilos de carga y un cañón GAU-8/A con 3.900 disparos por minuto.
- En la Guerra del Golfo, el A-10 alcanzó una disponibilidad del 95,7 %, voló 8.100 salidas y lanzó el 90 % de los misiles AGM-65 Maverick usados allí.
Diseños distintos para blindaje, carga y permanencia sobre el blanco
En el A-10, la USAF destaca la coraza de titanio para piloto y mandos, las secciones estructurales redundantes, los depósitos autosellantes, el respaldo manual del sistema hidráulico y la capacidad de resistir impactos de munición perforante y explosiva de hasta 23 milímetros. A ese conjunto suma once puntos de anclaje y hasta 7.200 kilos de carga, dentro de una arquitectura orientada a regresar a base incluso después de daños severos.
La distancia entre los dos también aparece en el armamento principal. En el A-10, el cañón GAU-8/A de 30 milímetros ocupa el centro de la aeronave, con una cadencia de 3.900 disparos por minuto según la USAF. El aparato además emplea bombas guiadas por láser y GPS, misiles AGM-65 Maverick, sistemas de contramedidas y una cabina adelantada con gran cúpula, rasgos que amplían la observación del piloto sobre el objetivo.

Frente a ese esquema, el Su-25 transporta menos carga y menos combustible útil para permanencias largas, pero ofrece una plataforma más rústica y más barata para salidas rápidas desde bases cercanas al frente. Su patrón de empleo no descansa en órbitas extensas sobre el campo de batalla, sino en entrar, lanzar cohetes, bombas o fuego de cañón y salir del área amenazada en el menor tiempo posible tras cada pasada.
Ambos aviones fueron concebidos para regresar a base aun con daños, aunque el aparato estadounidense nació con más masa, más autonomía y una estructura pensada para permanecer más tiempo sobre el objetivo. El diseño ruso siguió una lógica distinta: privilegió la sencillez operativa, el uso desde pistas de campaña y la capacidad de sostener ataques directos desde bases avanzadas, con menor costo y una preparación más austera en condiciones duras.
Afganistán, Ucrania y el presupuesto de 2026 separan ambos futuros
La experiencia de combate terminó por fijar esa identidad de manera nítida. La operación Rhomb comenzó en marzo de 1980 para probar al Su-25 en Afganistán, y esa campaña lo consolidó como herramienta táctica soviética. El A-10 encontró su guerra de referencia en la Guerra del Golfo, donde alcanzó una tasa de disponibilidad del 95,7 %, voló 8.100 salidas y lanzó el 90 % de los misiles AGM-65 Maverick usados en ese conflicto.
Ni Estados Unidos ni Rusia dejaron intactos estos modelos después de su entrada en servicio. Washington llevó al avión al estándar A-10C con navegación inercial y GPS, visor compatible con gafas nocturnas, sistema de puntería mejorado, casco con designación de blancos y uso sistemático de munición guiada. Moscú eligió reforzar la supervivencia del Su-25 con electrónica añadida a una célula nacida en los años setenta y centrada en la resistencia.

Rostec destaca en esa actualización la integración del sistema de guerra electrónica Vitebsk y lo presenta como respuesta a la amenaza de misiles tierra-aire portátiles, con funciones de detección, seguimiento y desvío del proyectil atacante. Sin embargo, la guerra en Ucrania mostró límites claros: el Su-25 sigue presente en ataques de baja cota y también paga un costo alto por actuar dentro del alcance de defensas de corto alcance y fuego antiaéreo distribuido.
Desde el lado estadounidense, el presupuesto de 2026 priorizó misiles de largo alcance, drones y capacidades ligadas al teatro del Indo-Pacífico, y colocó al A-10 entre los sistemas costosos que el Pentágono busca retirar. Así quedó una divergencia marcada entre dos aviones con blindaje, misión y cañones de 30 milímetros: el A-10 sale del inventario por decisión doctrinal y presupuestaria, mientras el Su-25 continúa en combate por necesidad táctica inmediata.