El Instituto Interuniversitario de Ciencias Marinas de Eilat y la Sociedad para la Protección de la Naturaleza en Israel (SPNI) pusieron en marcha un sitio web que combina cámaras en vivo, recorridos virtuales en 360 grados, inteligencia artificial y una base de datos de más de 1.000 especies para acercar el ecosistema del Golfo de Eilat a investigadores, buceadores y público general. El proyecto cuenta con financiación de Yad Hanadiv, la fundación de la familia Rothschild.
El portal incluye un safari virtual en 360 grados por cuatro hábitats: el arrecife de coral, las praderas marinas, el fondo arenoso y el mar abierto. Una cámara submarina instalada por el laboratorio del profesor Maoz Fine transmite imágenes en directo desde el Instituto Interuniversitario. Entre las primeras imágenes destacadas figura un salmonete de silla amarilla en el centro de una estación de limpieza, donde peces más pequeños le retiran parásitos del cuerpo.
La plataforma incorpora también “Chatea con el arrecife”, una herramienta de inteligencia artificial que permite a los usuarios interactuar con criaturas marinas, además de videos de siete hábitats, investigaciones científicas y una revista digital con hallazgos ecológicos de investigadores del IUI. El sitio está siendo traducido al árabe y al inglés.
Fine, investigador de arrecifes de coral en el IUI y la Universidad Hebrea, subrayó la singularidad del ecosistema: “Los arrecifes de coral del Golfo de Eilat demuestran una resiliencia extraordinaria al calentamiento del océano. Mientras se espera que más del 90 por ciento de los arrecifes del mundo perezcan debido al cambio climático global, los arrecifes de Eilat sirven como un punto focal para investigaciones innovadoras y una esperanza global para los arrecifes del futuro”.
Shai Oron, ecóloga del Golfo de Eilat en la SPNI, destacó el desconocimiento generalizado sobre el valor del ecosistema. “El Golfo de Eilat es un tesoro local con importancia global. En un área marina relativamente pequeña, se encuentra desde diminuto plancton hasta el pez más grande del mundo, el tiburón ballena. Esta abundancia existe justo al lado de una ciudad vibrante cuya economía depende del turismo. Debemos gestionar este recurso con sabiduría para protegerlo”, afirmó.
Los impulsores del proyecto advierten que el ecosistema enfrenta amenazas como la contaminación, la pesca, el desarrollo sin control y la ausencia de áreas marinas protegidas.