Los israelíes compraron el año pasado 201.000 toneladas de carne de res, lo que equivale a 20,2 kilogramos per cápita, un 7% más que en 2024. El dato fue divulgado el domingo por el Ministerio de Agricultura, que situó ese consumo por encima del promedio de los países de la OCDE, fijado en 13,4 kilogramos per cápita. Solo Estados Unidos, con 23,2 kilogramos, y Australia, con 21,9 kilogramos, superaron la cifra israelí dentro del bloque.
De las 201.000 toneladas consumidas, la mitad correspondió a carne fresca o refrigerada. En cuanto al origen, el 30% fue sacrificado en Israel: el 16% provino de terneros importados vivos, engordados y faenados localmente, y el 14% de ganado lechero y de pastoreo nacional. El 20% restante ingresó refrigerado y el 50% congelado, ya sacrificado en el exterior.
Con motivo del 78.º Día de la Independencia, que se celebra este miércoles, el ministerio proyecta que las compras de productos bovinos subirán un 46% frente a una semana habitual, y que las carnes especiales para parrilla triplicarán su demanda.
El precio minorista promedio del kilogramo de carne congelada se ubicó el año pasado en 52,5 NIS (17,50 dólares), según datos de StorNext citados por la cartera. Un corte de la parte delantera del animal costó en promedio 86,9 NIS (29 dólares) por kilogramo.
El Ministerio de Agricultura informó que trabaja junto al Ministerio de Salud y la Autoridad Reguladora de la Oficina del primer ministro en una reforma del mercado de la carne picada. La medida, que incluirá la molienda de mayor volumen de carne fresca en fábricas con control de calidad avanzado y la reducción de la molienda en puntos de venta, apunta a bajar los precios al consumidor hasta un 15%. Según el ministerio, el cambio también ampliará la oferta minorista y reducirá el desperdicio de alimentos.
La cartera advirtió sobre comercios que venden carne congelada descongelada presentándola como fresca, y cuestionó el argumento de la “carne madurada” como justificación de precios elevados. “En la práctica, todos los tipos de carne deben pasar por un proceso de maduración (excepto la carne picada o los cortes especialmente grasos), de lo contrario la carne no será comestible, por lo que la ‘carne madurada’ no es un motivo para pagar más”, señaló en un comunicado.
El ministerio también ofreció una serie de recomendaciones de compra y conservación: adquirir carne únicamente en tiendas autorizadas, en envases originales cerrados con fechas de fabricación y vencimiento visibles, y hacerlo al final de la compra para reducir el tiempo fuera de refrigeración. Indicó que la carne fresca de res debe ser de color rojo sin brillo, ya que el brillo suele indicar aditivos químicos, y que un buen corte presenta aspecto marmoleado.
Estableció que la temperatura del refrigerador debe ser inferior a 4 °C y la del congelador de -18 °C, y que la carne cruda o cocida no debe permanecer fuera del frío más de dos horas.