La industria aeroespacial china presentó los requisitos de diseño de un avión de transporte militar estratégico con 120 toneladas de carga útil, un peso máximo al despegue cercano a 470 toneladas y un alcance de 6.500 kilómetros con carga máxima sin reabastecimiento en vuelo.
El concepto apareció en un artículo técnico de la comunidad de investigación aeronáutica vinculada a la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación y supera en capacidad al actual Y-20 chino y en alcance con carga completa al C-5M Super Galaxy de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, situado en torno a 4.150 kilómetros. El programa sigue en fase conceptual, sin prototipo anunciado ni calendario de vuelo.
El proyecto adopta una configuración de cuerpo y ala integrados, conocida por el acrónimo inglés BWB. Esta arquitectura une el fuselaje y las alas en una sola superficie sustentadora, aumenta el volumen interno de carga y reduce la resistencia aerodinámica. NASA y Boeing estudiaron esta fórmula durante décadas con demostradores a escala como el X-48, y Estados Unidos la aplica ahora al prototipo cazaZero para funciones de transporte y reabastecimiento.
El diseño chino traslada esa concepción al transporte militar estratégico de tamaño completo e incorpora estabilizadores en V, extensiones alares para aumentar la sustentación y góndolas de motores instaladas sobre el ala con el fin de reducir la turbulencia de estela y mejorar la eficiencia del empuje.
El trabajo académico fija además requisitos concretos de operación. La aeronave debe despegar con carga completa desde pistas semipreparadas de 2.600 metros y operar con cargas reducidas desde altitudes de 4.000 metros sobre el nivel del mar, un umbral previsto para el Tíbet y Asia Central. Su velocidad de crucero apunta a Mach 0,85, por encima de la del C-5A estadounidense y del Antonov An-124 ucraniano.
El empuje de referencia por motor se sitúa en 370 kilonewtons, aunque los estudios de optimización examinan rangos de 350 a 369 kilonewtons para reducir el consumo específico. La bodega requiere una altura libre mínima de 5 metros, una longitud superior a 21 metros y una superficie de piso de más de 170 metros cuadrados, dimensiones que permitirían transportar hasta 117 vehículos o más de 300 efectivos, según la configuración elegida.
La comparación con la flota actual permite medir con precisión el aumento de escala. El Y-20, que entró en servicio operativo con la Fuerza Aérea del Ejército Popular de Liberación en julio de 2016, declara 66 toneladas de carga útil, un peso máximo al despegue cercano a 250 toneladas y un alcance aproximado de 4.500 kilómetros con carga nominal.
El nuevo diseño casi duplica esa capacidad y amplía el radio operativo en cerca del 40 por ciento. La producción del C-5 Galaxy terminó en 1989 y la línea del An-124 Ruslán dejó de entregar nuevos ejemplares en 2004, por lo que el Y-20 mantiene hoy el mayor registro de capacidad entre los transportes militares en producción activa. El desarrollo ahora documentado apunta a superar esa referencia a escala mundial.
La arquitectura prevista también permite desarrollar una familia de variantes. Los autores del trabajo técnico y los analistas que examinaron los requisitos contemplan versiones derivadas para reabastecimiento aéreo, alerta temprana y mando y control aerotransportado, siguiendo la misma lógica que llevó del Y-20 al cisterna YY-20 y a la plataforma de alerta KJ-3000 revelada en 2024.
Una versión cisterna de gran autonomía encajaría en los planes de apoyo al bombardero estratégico furtivo H-20 y al caza de sexta generación mostrado en vuelo durante 2024, dos programas que requieren reabastecimiento más allá de la Segunda Cadena de Islas.
La base industrial acompaña ese objetivo. Aviation Industry Corporation of China coordinó el desarrollo del Y-20 a partir de 2008, con Xi’an Aircraft Industrial Corporation como integrador principal, incorporó motores nacionales WS-20 a finales de 2020 y redujo los ciclos de ingeniería mediante diseño basado en modelos.
Un informe de la Universidad de Defensa Nacional del Ejército Popular de Liberación cifraba en 2014 la necesidad conjunta, civil y militar, china en 400 Y-20, y un directivo de Aviation Industry Corporation of China elevó la estimación a más de mil ejemplares en 2016. Esa infraestructura industrial, ampliada con nuevos hangares en Yanliang y con proveedores integrados en la cadena del Y-20, da soporte al paso hacia el avión BWB.
A ello se suma la dimensión estratégica. China dispone por ahora de una infraestructura reducida de bases permanentes en el exterior, limitada a la instalación de apoyo logístico en Yibuti, inaugurada en 2017, por lo que un avión capaz de cruzar océanos con armamento pesado sin tocar suelo aliado elimina la necesidad de escalas.
Un transporte con estas prestaciones permitiría desplegar vehículos blindados, lanzadores de misiles y unidades de infantería mecanizada a través del Indo-Pacífico y hacia África oriental, Asia Central o las cadenas insulares del Pacífico occidental. El Y-20 ya ejecutó misiones humanitarias de largo recorrido, entre ellas la entrega de 33 toneladas de suministros a Tonga en enero de 2022, después de más de 10.000 kilómetros desde Guangzhou, además de vuelos sanitarios durante la pandemia.
El salto de capacidad que perfila ahora Pekín haría habituales esas operaciones de larga distancia. Estados Unidos y Rusia trabajan también en sucesores del C-5 y del An-124, mientras el programa chino mantiene su condición conceptual y no tiene fecha confirmada para el primer vuelo.