La catedral de San Miguel, la iglesia más grande e importante de Bruselas, acogió esta semana una ceremonia simbólica en la que fueron retiradas antiguas vidrieras vinculadas a una calumnia de sangre de 1370 y sustituidas por una placa oficial con una petición de perdón al pueblo judío.
Al acto asistieron cientos de personas, entre ellas representantes del clero cristiano, el gran rabino de Bruselas y Bélgica, Abraham Gigi, y destacadas figuras de la comunidad judía. La ceremonia fue presentada como un paso relevante frente a una injusticia histórica que se arrastra desde hace unos 650 años.
Las vidrieras aludían a una falsa acusación medieval según la cual un judío había intentado robar bienes de la iglesia y pan consagrado. Ese señalamiento derivó en violentos pogromos, saqueos, asesinatos de judíos y la expulsión de la comunidad judía del ducado de Brabante.
En lugar de las piezas retiradas, la catedral instaló una placa en los idiomas locales y en hebreo con una disculpa formal por el daño causado. El texto señala: “Reconocemos que, en diversas partes de Europa, se lanzaron acusaciones infundadas de profanación de la Eucaristía contra las comunidades judías. Estas difamaciones dieron lugar a persecuciones injustas, masacres y expulsiones. Pedimos perdón al pueblo judío por el sufrimiento causado por estas acusaciones”.
La declaración fue firmada por el arzobispo de Malinas-Bruselas, Luc Terlinden, quien afirmó que el antisemitismo teológico y social contradice de forma directa el mensaje evangélico del cristianismo.
El documento subraya además el compromiso de profundizar el diálogo judeocristiano y de preservar para las próximas generaciones una memoria asentada en la verdad y el respeto mutuo.