El certamen reunió 214 robots de 60 escuelas judías en Nueva York y expuso avances en educación STEM, trabajo en equipo y dificultades para ampliar estos programas. :contentReference[oaicite:0]{index=0}
El torneo de Nueva York reunió escuelas y robots de varios estados
Más de 1.100 estudiantes de 60 escuelas judías de primaria y secundaria participaron en Nueva York en el CIJE VEX IQ & V5 Robotics Tournament. La competencia reunió 214 robots en el Nike Track and Field Center del Armory, en Manhattan, y mostró el crecimiento de la educación STEM dentro del sistema de escuelas judías diurnas. También dejó a la vista las limitaciones que todavía enfrentan estas instituciones para sostener esa expansión.
El torneo fue organizado por el Center for Initiatives in Jewish Education, una entidad sin fines de lucro que impulsa programas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas en escuelas judías. Según Philip Brazil, vicepresidente de desarrollo de la organización, la jornada cerró una serie de 17 competencias más pequeñas celebradas durante el año en distintos puntos de Estados Unidos. La iniciativa nació para dar una respuesta propia a escuelas que quedaban fuera de otros circuitos.
CIJE promovió estos torneos hace cinco años cuando advirtió que muchas competencias principales de robótica se disputaban los sábados, una fecha incompatible con escuelas observantes del Shabat. Los encuentros toman como referencia la tecnología y la lógica competitiva de VEX Robotics dentro de un programa educativo nacional. En Manhattan hubo delegaciones de Nueva York, Connecticut, Florida, Texas, Maryland, Ohio y Georgia, con equipos que construyeron y rediseñaron sus máquinas durante el ciclo escolar.
Brazil destacó que los alumnos incorporan conocimientos técnicos sin percibir el aprendizaje como una exigencia escolar tradicional. La experiencia combina programación, medición, potencia, elevación, conducción y coordinación grupal dentro de un entorno competitivo. Esa mezcla, explicó, también busca captar a estudiantes menos atraídos por los deportes convencionales. El resultado fue una jornada con rasgos de torneo deportivo, pero centrada en habilidades mecánicas, estrategia y resolución de problemas bajo presión.
Las pruebas combinaron estrategia, cooperación y respuesta bajo presión
Dentro de la pista cubierta, el clima se pareció al de una competencia atlética. Los estudiantes corrían con robots en la mano hacia las áreas de juego, ajustaban piezas metálicas y plásticas sobre mesas de trabajo, probaban mecanismos a un costado y seguían las clasificaciones en los marcadores. Hubo fallas menores, como un control remoto que tardó en conectarse o un brazo mecánico que se soltó, pero en general las máquinas resistieron toda la jornada.
En la división de secundaria básica, dos equipos emparejados para cada encuentro debían colaborar para obtener una puntuación conjunta. Sus robots apilaban piezas plásticas con forma de cono para sumar puntos y, antes de cada prueba, los conductores se gritaban de una pista a otra para identificar fortalezas y definir una estrategia común. En secundaria superior, en cambio, cuatro robots distribuidos al azar en dos equipos competían de frente y con ganadores definidos.
En esas pruebas, los puntos se conseguían al recoger pelotas y depositarlas en tubos transparentes repartidos por la pista. Cuando el tiempo se agotaba, los robots debían estacionarse en una zona señalada para sumar unidades extra. Los estudiantes rodeaban el campo de juego, alentaban a sus máquinas y seguían cada maniobra con intensidad. Al cierre de un encuentro, el árbitro anunció 45 puntos para el equipo azul y 15 para el rojo, y la celebración fue inmediata.
Más tarde, otros equipos se enfrentaron en una pista del tamaño de un dormitorio pequeño. Un robot levantaba pelotas con pinzas montadas sobre un brazo mecánico, otro las absorbía hacia una cinta transportadora y un tercero las llevaba a su sistema de carga con dos ruedas orientadas hacia adentro. Desde los costados, los alumnos gritaban instrucciones y tiempos. Al final, el árbitro contó los puntos, declaró al ganador y el siguiente grupo ocupó la pista.
Claves del torneo y de la dinámica de competencia
- Participaron más de 1.100 estudiantes de 60 escuelas judías de primaria y secundaria.
- La jornada final reunió 214 robots en el Armory de Manhattan.
- En secundaria básica, dos equipos aliados debían sumar una puntuación conjunta.
- En secundaria superior, cuatro robots repartidos en dos equipos competían entre sí.
- Los equipos rediseñaron sus máquinas varias veces antes de la instancia final.
El impulso de STEM crece, pero las escuelas afrontan costos altos
Entre los participantes estuvo la Brauser Maimonides Academy, una escuela moderna ortodoxa de Fort Lauderdale, Florida, que viajó con 14 alumnos y cinco robots. Los estudiantes salieron de madrugada hacia Nueva York, y los integrantes de octavo grado incluso acortaron un viaje de fin de curso a Washington para poder competir. Ronen Lazar, alumno de séptimo grado, dijo que le sorprendió la cantidad de escuelas judías presentes en el torneo.
Lazar explicó que su equipo se apartó de los modelos sugeridos por CIJE para construir un diseño propio. Tomaron referencias de internet, pero no contaban con un manual fijo, así que dedicaron meses a corregir y perfeccionar el robot hasta lograr un funcionamiento estable. También señaló el valor social de la experiencia, porque el trabajo obliga a colaborar con compañeros distintos a los elegidos de antemano y a adaptarse a nuevas dinámicas.
Su entrenadora, Hanna Shekhter, sostuvo que el desarrollo del robot enfrenta a los alumnos con problemas mucho más abiertos que los habituales en el aula. Ella acompaña el proceso, pero evita ofrecer soluciones directas porque considera esencial que los estudiantes atraviesen la frustración y encuentren respuestas por su cuenta. Según explicó, ese método fortalece el pensamiento crítico y la cooperación, ya que los mayores ayudan a los menores y las alianzas cambian en plena competencia.
El crecimiento de estas iniciativas coincide con un interés cada vez mayor por la educación STEM en las escuelas judías, aunque también expone dificultades estructurales. Sydney Altfield, directora de Teach Coalition, afirmó que contratar docentes bien formados en estas áreas implica costos altos y una competencia desigual con las escuelas públicas. Recordó además un programa aprobado en Nueva York en 2017 para reembolsar gastos STEM en instituciones no públicas, en un contexto de aumento de matrícula y mayor interés desde la guerra de Gaza.