Los cazas F-22 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos desplegados en la Base Aérea de Basa, en Filipinas, operaron cerca de zonas en disputa del mar de China Meridional y del estrecho de Luzón durante el ejercicio Cope Thunder 26-1, una maniobra que, según expertos estadounidenses, amplió la presión militar a lo largo de la primera cadena de islas dentro de la iniciativa del Pivot to Asia.
Las maniobras se desarrollaron entre el 6 y el 17 de abril de 2026 con la participación de más de 90 aviadores del 199.º Escuadrón Aéreo Expedicionario trasladados desde Hawái. En ese periodo realizaron más de 30 salidas dentro de una fuerza combinada de más de 2.800 efectivos.
El ejercicio sirvió para mostrar que Estados Unidos y Filipinas pueden integrar sus capacidades de combate en operaciones conjuntas, mantener salidas desde una base avanzada y ensayar operaciones aéreas rápidas en un teatro disputado. Al mismo tiempo, la utilidad de los cazas ligeros FA-50 de la Fuerza Aérea filipina y de los propios F-22 para un combate de alta intensidad en la región quedó seriamente cuestionada.
Aunque el F-22 fue concebido para misiones exigentes de superioridad aérea y penetración, el aparato arrastra limitaciones derivadas de su antigüedad. El avión voló por primera vez en 1990 y su producción terminó en 2011, menos de seis años después de entrar en servicio, tras un programa afectado por retrasos.
De acuerdo con esas valoraciones, sus sistemas aviónicos han quedado muy por detrás de los que incorporan cazas como el F-15EX y el F-35A, que actualmente adquiere la Fuerza Aérea estadounidense, así como de los J-20, J-35 y J-16 en servicio en China. La arquitectura informática del modelo ya se consideraba obsoleta cuando entró en servicio, y décadas después de su primer vuelo sigue mostrando dificultades para compartir datos y operar con eficacia en un campo de batalla centrado en redes, como sí hacen plataformas más recientes.
También se señala que sus capacidades furtivas son inferiores a las del F-35. Pese a tratarse de un avión más grande y con mayor capacidad interna de combustible, su alcance es considerablemente menor y queda por debajo de la mitad del que ofrece el J-20. Esa desventaja adquiere mayor peso en el Pacífico, donde las operaciones a larga distancia son decisivas y China dispone de capacidad significativa para amenazar bases aéreas y aeronaves cisterna de apoyo.
La decisión de comenzar a retirar los F-22 fue anunciada por la Fuerza Aérea en 2022, a pesar de que los aparatos apenas habían consumido una fracción de su vida útil. Esa medida fue presentada como reflejo de las limitaciones del caza para aportar capacidades decisivas en un escenario de combate de alta intensidad en el Pacífico y en otros teatros principales.
Otro indicador citado sobre esas carencias fue la ausencia reciente del F-22 en el esfuerzo bélico encabezado por Estados Unidos en Irán desde el 28 de febrero de 2026, una campaña en la que el F-15 y el F-35 estaban mejor posicionados para asumir papeles centrales.
A diferencia de otros cazas más antiguos que han mantenido relevancia en conflictos de alta intensidad mediante la integración de misiles de crucero o balísticos de largo alcance para atacar desde distancias seguras con guiado por satélite, el F-22 carece de capacidad para portar ese tipo de armamento y está limitado a misiles aire-aire. Esa restricción ha reducido su versatilidad y ha agravado su desventaja en el combate aire-aire, donde la aviónica de última generación resulta determinante, al tiempo que limita su eficacia en otras misiones.