El ataque ucraniano contra el aeródromo de Shagol, en la región rusa de Cheliábinsk, volvió a poner el foco sobre la capacidad de Kiev para golpear objetivos a gran distancia del frente, aunque múltiples analistas rusos y occidentales consideran poco probable que la operación haya destruido cazas Su-57 de serie y apuntan, en cambio, a la posible pérdida de prototipos de vuelo.
Fuentes ucranianas y occidentales habían sostenido que en la base fueron destruidos cazas Su-57 de quinta generación y aviones de ataque Su-34. Sin embargo, la evaluación posterior difundida por especialistas de ambos lados coincide en que los aparatos alcanzados del programa Su-57 no serían unidades producidas en serie.
Ese matiz resulta relevante por el tamaño de la flota. Rusia tendría en servicio alrededor de 40 Su-57, a los que se suman otros dos incorporados por la Fuerza Aérea Argelina. La eventual destrucción de aparatos operativos habría supuesto un golpe de mayor alcance, mientras que los prototipos existen en cantidades más amplias y, una vez iniciada hace tiempo la producción en serie, conservan un valor más limitado, vinculado sobre todo a pruebas de vuelo y actividades de marketing.
Entre los indicios citados para sostener esa hipótesis figura la distribución conocida de los Su-57 operativos, concentrados en el oeste de Rusia y en el Lejano Oriente. A ello se añaden imágenes satelitales que, según esos análisis, permiten prácticamente contabilizar toda la flota conocida.
Aunque esa lectura rebaja la posibilidad de un impacto directo sobre la fuerza rusa de Su-57, el alcance del ataque sitúa el episodio en otra dimensión. Cheliábinsk se encuentra en los Urales meridionales, a más de 1.700 kilómetros de las líneas del frente, y la distancia recorrida marca un nuevo umbral en las capacidades ucranianas de ataque de largo alcance.
La importancia estratégica de la zona también alimenta la atención sobre la operación. En la región se concentran objetivos de mayor valor, incluidos centros industriales clave para la industria civil rusa y para el sector de defensa.
El episodio se produce además en un momento de expansión del programa Su-57. En agosto de 2025, el teniente general Aleksandr Maksimtsev, subjefe del Mando de las Fuerzas Aeroespaciales Rusas, confirmó que estaban en marcha preparativos para acelerar las entregas del caza. Ese mismo mes fueron inauguradas nuevas instalaciones destinadas a su producción.
La ampliación de la flota es observada como una amenaza importante para Ucrania y para los intereses del bloque occidental. Las limitaciones de rendimiento de modelos más antiguos, como el Su-30SM y el Su-35, han sido uno de los factores que han jugado a su favor, mientras que una incorporación numerosa de Su-57 abriría un cambio cualitativo en la forma en que las Fuerzas Aeroespaciales Rusas podrían desarrollar la guerra.
Pese a su número reducido, el Su-57 ya ha acumulado más pruebas de combate de alta intensidad que cualquier otro caza de su generación. En el teatro ucraniano, sus misiones han incluido supresión de defensas antiaéreas, combate aire-aire, operaciones en espacio aéreo enemigo fuertemente defendido y ataques de precisión.