Textron Systems desplegó en Key West un buque de superficie no tripulado CUSV equipado con el lanzador antiaéreo BRAWLR de Sierra Nevada Corporation durante el ejercicio FLEX 2026, una integración que apunta a llevar la defensa antiaérea de corto alcance a plataformas navales autónomas y compactas.
Las imágenes difundidas tras las maniobras realizadas entre el 24 y el 30 de abril muestran una combinación pensada para enfrentar drones, misiles de crucero y otras amenazas a baja cota sin exponer a tripulaciones. El concepto busca ampliar la cobertura defensiva en zonas marítimas disputadas y añadir una capa de protección adelantada para buques tripulados.
La incorporación del lanzador modifica además el perfil del CUSV, una plataforma conocida hasta ahora por tareas de contramedidas contra minas, inteligencia, vigilancia y reconocimiento, seguridad portuaria y misiones de protección. En esta nueva configuración, el sistema pasa a desempeñar también funciones de nodo de armas remoto capaz de operar por delante de unidades tripuladas.
Textron describe su embarcación de cuarta generación como un sistema compatible con STANAG 4586, protocolo JAUS, comunicaciones LCS y enlaces de datos tanto en línea de vista como más allá de ella. En su variante de contramedidas contra minas, el CUSV tiene 38,5 pies de eslora y 11,5 pies de manga, desplaza unas 25.000 libras brutas, supera los 30 nudos, puede merodear 72 horas y ofrece un alcance superior a 500 millas náuticas a 10 nudos.
La versión multimisión extiende la eslora a 39 pies, admite hasta 8.000 libras de carga útil, dispone de 185 pies cuadrados de cubierta, alcanza 35 nudos y puede permanecer en estación cerca de una semana. Esa autonomía es la que sostiene la idea de emplearlo como plataforma armada avanzada dentro de operaciones distribuidas.
El BRAWLR —Battery Revolving Adaptive Weapons Launcher–Reconfigurable— es el componente cinético de la familia de defensa antiaérea expedicionaria de Sierra Nevada Corporation. El módulo mide 5 por 5 por 7 pies, pesa unas 2.300 libras vacío y cuenta con cuatro estaciones de armas adaptables, una capacidad de armamento de 2.000 libras, posicionador de alta capacidad y giro de 360 grados mediante más o menos 180 grados.
Su velocidad de giro, de 40 grados por segundo, y su arco de elevación, de 0 a 45 grados, lo sitúan como una opción pensada para reaccionar ante pequeños vehículos aéreos no tripulados que irrumpen a baja altura y desde distintos rumbos. La configuración fotografiada incorpora varios pods de cohetes guiados por láser de 70 mm y parece orientada a enfrentamientos de tipo APKWS más que a defensa antiaérea de largo alcance.
SNC contempla integraciones con LAU-7, LAU-68 y LAU-131, una característica que permite adaptar el sistema a cohetes de 70 mm lanzados desde tubos y a misiles disparados desde riel, en función de la autorización del cliente y del software de control de tiro. En su carga máxima de cohetes, BRAWLR puede portar 46 municiones APKWS, una profundidad de cargador que, instalada en una embarcación pequeña, resulta más apta para enfrentar enjambres de drones que un lanzador marítimo de un solo disparo.
El módulo reúne además sensores FLIR, una radio de red móvil ad hoc Silvus, navegación y sincronización de precisión, compartimento electrónico, conversión de potencia y la arquitectura abierta TRAX de SNC. Entre sus salidas de datos figuran OMNI y ASTERIX, con capacidad para compartir trazas con redes de mando más amplias en lugar de limitar la actuación a un circuito local de control de tiro.
Ese planteamiento se alinea con la lógica de otros sistemas antidrón de menor coste basados en cohetes de precisión, pero en el entorno marítimo añade una variable clave: la posición del interceptor. Un CUSV con BRAWLR puede colocarse a distancia de seguridad para proteger un buque de combate litoral, una patrullera, un buque logístico o el acceso a un puerto, obligando a los drones atacantes a cruzar una defensa distribuida antes de alcanzar barcos tripulados.
La plataforma también puede enviarse a aguas restringidas, a zonas próximas a rutas sospechosas de tráfico ilícito o a fondeaderos expedicionarios temporales donde los mandos no quieran exponer a marineros. En ese marco, la movilidad del lanzador es parte central del concepto operativo.
SNC indica que el sistema requiere 10 minutos para entrar en servicio y tres para ser desmontado. Puede ser operado por una sola persona, necesita un paquete de entrenamiento de siete días, demanda 9 kVA y puede transportarse en pallet 463L, remolque o camión de plataforma. Esos datos refuerzan su utilidad para respuestas de crisis y despliegues dispersos, al permitir mover el módulo entre vehículos, muelles, embarcaciones o posiciones avanzadas según cambie la amenaza.
FLEX 2026 sirvió como escenario para demostrar esa integración. El ejercicio en Key West combinó sistemas no tripulados aéreos, de superficie y submarinos con inteligencia artificial y fuerzas navales convencionales para localizar, fijar, seguir, apuntar y atacar embarcaciones del narcotráfico capturadas, con interdicciones y enfrentamientos cinéticos como culminación de la maniobra.
Dentro de ese mismo esfuerzo, Textron recibió un contrato de la DIU para aportar buques interceptores no tripulados TSUNAMI de larga permanencia a FLEX y a tres meses de operaciones con SOUTHCOM y la U.S. 4th Fleet. Ese paquete incluyó designación de objetivos ISR con aeronaves Aerosonde 4.7 VTOL operadas desde un buque de combate litoral.
La aparición del CUSV armado con BRAWLR va más allá de una simple demostración visual. La combinación enlaza la autonomía desarrollada por Textron, la escalabilidad industrial asociada a Brunswick y el hardware modular de defensa antiaérea de SNC en un momento en que la U.S. Navy busca masa de combate de menor coste y rápida puesta en servicio.
El movimiento refleja además un paso desde la fase de demostraciones hacia grupos operativos armados capaces de ampliar el volumen de detección y ataque sin exigir un crecimiento proporcional de las tripulaciones. Para SOUTHCOM, la utilidad inmediata se concentra en seguridad marítima, lucha contra el narcotráfico y conocimiento del dominio en el Caribe y en los accesos a América Latina.
En un plano más amplio, la misma lógica puede trasladarse a escenarios como el mar Rojo, el mar Negro, el mar Báltico y las cadenas de islas del Pacífico, donde drones, aeronaves de ataque de un solo uso y pequeñas embarcaciones reducen los tiempos de reacción. En ese contexto, un CUSV equipado con BRAWLR puede actuar como piquete avanzado, señuelo o tirador de defensa antiaérea de corto alcance, aliviando la presión sobre los cargadores de los destructores y los interceptores de mayor coste.
El punto por resolver sigue siendo la madurez de la integración en el entorno marítimo. La estabilización, la exposición al agua salada, la descongestión del control de tiro, las reglas de enfrentamiento, la resiliencia del enlace de datos y la recarga de munición en combate serán factores decisivos para determinar si el sistema pasa de ejercicio a capacidad naval desplegable.
Aun con esas incógnitas, la prueba dejó definido el rumbo: emparejar un lanzador reconfigurable de 46 cohetes con un buque de superficie autónomo ofrece a los mandos una nueva herramienta de defensa por capas y refuerza la apuesta por una potencia de fuego distribuida y de bajo coste como componente de supervivencia de la flota.