Bélgica se ha colocado entre los principales aspirantes para acoger la coproducción europea del misil estadounidense AIM-120 AMRAAM, en un proceso que podría convertir al país en una pieza relevante de la cadena de suministro de la OTAN para combate aéreo y defensa antiaérea.
La opción belga cobró fuerza después de que el embajador de Estados Unidos en Bruselas, Bill White, afirmara el 29 de abril de 2026 que el país tenía una probabilidad muy alta de hacerse con el contrato. Según informó ese mismo día L’Avenir, la decisión se espera dentro de varios meses y en la carrera compiten otros estados europeos, entre ellos Países Bajos.
El proyecto contempla un trabajo industrial con papel central para FN Herstal y con actividad prevista en las proximidades de Zutendaal, en Flandes. El programa se refiere al misil fabricado por Raytheon e incluiría la producción de determinados componentes y la posible transferencia a Bélgica de tareas de ensamblaje final.
De concretarse, la operación supondría varios cientos de millones de dólares en inversión y abriría varios años de actividad industrial. También ampliaría la capacidad occidental de producción de misiles al acortar ciclos de fabricación y reforzar reservas consideradas críticas para operaciones sostenidas de alta intensidad.
La candidatura belga se apoya en su propia demanda militar. El país ha adquirido diez baterías NASAMS, de las que nueve serán para Bélgica y una para Luxemburgo. El programa está valorado en unos 2.500 millones de euros, sin incluir los misiles. Cada lanzador está configurado para seis interceptores, lo que genera una necesidad inmediata de varios cientos de AMRAAM. Con precios unitarios superiores al millón de dólares según la variante, el volumen potencial de compra asciende a cientos de millones.
A eso se suma la flota de F-35. Bélgica ha encargado 34 aparatos y estudia elevar la cifra hasta 44 o 45, una planificación que exige existencias estables de misiles de largo alcance para preparación operativa, entrenamiento e inventarios de reserva. Esa combinación convierte al país en posible centro de producción y también en cliente estructural del sistema AMRAAM.
FN Herstal aparece como el punto de apoyo industrial de esa candidatura. La empresa declara unos ingresos anuales cercanos a 900 millones de euros, cuenta con alrededor de 3.000 empleados y dedica entre el 10 y el 15 por ciento de su facturación a investigación y desarrollo. Entre sus capacidades figuran el mecanizado de precisión, el ensamblaje de sistemas de munición y el cumplimiento de estándares de producción de la OTAN.
La propiedad pública regional de la compañía, en manos del gobierno valón, facilita además una relación directa entre la decisión política y la ejecución industrial. Esa estructura concentra responsabilidades, reduce la fragmentación y simplifica la gestión del programa frente a otros países con varios grandes contratistas en competencia.
La posición belga también se ve reforzada por su historial en programas alineados con Estados Unidos. El país participa en el programa F-35 y mantiene actividad industrial a través de entidades como Be-Lightning, que fabrica componentes estructurales para ese avión. Antes de ello, la coproducción y el mantenimiento del F-16 consolidaron una cooperación prolongada con contratistas estadounidenses y acreditaron el cumplimiento de los marcos de control de exportaciones.
Ese recorrido reduce barreras regulatorias y técnicas para entrar en una cadena de producción sensible. La mano de obra ya está habituada a normas de interoperabilidad de la OTAN y a requisitos técnicos de Estados Unidos, mientras que la certificación existente para cadenas de suministro seguras acorta los plazos de incorporación y limita la incertidumbre jurídica.
A ello se añade la ventaja logística. Bélgica se sitúa entre Alemania, Francia, Países Bajos y Reino Unido, con acceso directo al puerto de Amberes y a una red densa de transporte ferroviario y por carretera apta para mover carga sensible y de alto valor. Esa ubicación acorta rutas hacia bases aéreas e instalaciones de almacenamiento de Europa occidental y central, reduce la manipulación transfronteriza y acelera los ciclos de reabastecimiento.
La arquitectura industrial del AMRAAM, sin embargo, seguiría bajo control centralizado de Estados Unidos. Raytheon continúa como contratista principal con autoridad de diseño e integración general del sistema. Los elementos críticos, como el buscador radar, la electrónica de guiado y la arquitectura de software, permanecen bajo control estadounidense y no se transfieren a países socios. La propulsión corre a cargo de Nammo, con sede en Noruega y Finlandia.
El espacio de entrada para nuevos participantes se concentra en componentes estructurales, secciones del fuselaje y conjuntos mecánicos. El ensamblaje final, históricamente situado en Estados Unidos, es precisamente una de las actividades cuya reubicación parcial en Europa se estudia ahora, incluida la opción de Bélgica. Esa fórmula colocaría al país en un papel de nivel 2 dentro de la cadena de suministro del AMRAAM, centrado en integración y fabricación, no en el desarrollo de subsistemas esenciales.
La orientación política belga ha acompañado ese planteamiento. El ministro de Defensa, Theo Francken, ha invitado a empresas estadounidenses del sector a instalar producción en Bélgica y ha subrayado el bajo nivel de reservas nacionales de misiles y la necesidad de una rápida expansión industrial. Ese marco acepta una producción controlada por compañías extranjeras sin exigir una transferencia tecnológica completa, una posición que encaja con la prioridad estadounidense de aumentar el volumen fabricado sin ceder control sobre tecnologías sensibles.
El AIM-120 AMRAAM es una munición central en la defensa de la OTAN. En servicio desde 1991, ha sido adoptado por más de 35 países y está integrado tanto en cazas como el F-35 como en sistemas terrestres NASAMS. Las variantes actuales, entre ellas la AIM-120C-8 y la AIM-120D, disponen de guiado por radar activo, navegación inercial y capacidad de “dispara y olvida”, con alcances superiores a 160 kilómetros y techos operativos por encima de 35 kilómetros según configuración. El misil puede recibir actualizaciones de medio curso mediante enlaces de datos, lo que le permite atacar objetivos maniobrantes y enfrentarse de forma simultánea a múltiples amenazas.
Esa combinación de uso aéreo y terrestre sostiene una demanda constante y explica el esfuerzo de Washington por ampliar la producción, que en 2024 alcanzó alrededor de 1.200 misiles al año, con planes de incremento para atender las necesidades de la OTAN. En ese proceso, Bélgica intenta hacerse un sitio como plataforma europea de fabricación y posible ensamblaje final.