El rabino Aryeh Stern, Gran Rabino Asquenazí de Jerusalén y una de las principales referencias del sionismo religioso en la última generación, murió el miércoles por la noche a los 81 años.
Su muerte provocó expresiones de duelo en Jerusalén y en la comunidad sionista religiosa, donde era visto como una autoridad rabínica estrechamente identificada con la ciudad y con el mundo de la Torá. Durante décadas ocupó un lugar central en la educación religiosa, la enseñanza y la vida pública, como miembro del Consejo del Gran Rabinato y director del Instituto Halacha Brura.
Stern nació en Tel Aviv en 1944, hijo de Asher y Hava Leah Stern, en una familia que combinaba el sionismo religioso con raíces jasídicas. Inició su formación en la Yeshivá HaYishuv HaChadash, continuó en la Yeshivá de Hebrón y en 1964 ingresó en la Yeshivá Mercaz HaRav, donde pasó a ser uno de los alumnos más cercanos del rabino Zvi Yehuda Kook.
En 1966 recibió un premio del Ministerio de Asuntos Religiosos por sus composiciones sobre la Torá. Más tarde se alistó en las FDI y sirvió en la reserva de la Brigada de Paracaidistas durante la Guerra de los Seis Días y la Guerra de Yom Kipur, etapas que solía mencionar como decisivas en la formación de su sentido de responsabilidad nacional y pública.
A pedido del rabino Zvi Yehuda Kook, en 1970 cofundó el Instituto Halacha Brura. Desde entonces estuvo al frente de la institución, dedicada a sintetizar los fallos de comentaristas antiguos y modernos sobre el Talmud de Babilonia, una tarea que convirtió al instituto en una referencia del mundo de las yeshivás.
Su trayectoria incluyó también décadas de docencia en centros como Mercaz HaRav, Yeshivat HaKotel, Or Etzion, Kiryat Shmona, Orot Shaul y Aish HaTorah. Entre 1988 y 1989 dirigió la Yeshivat HaDarom de Rehovot, consolidando su papel como formador de generaciones de estudiantes.
En Jerusalén, su actividad se extendió más allá del estudio rabínico. Participó en la restauración del “Beit HaRav”, la histórica casa del rabino Abraham Isaac Kook, impulsó la creación de instituciones educativas y colaboró en la formación de docentes a través del Instituto Merhavim. Durante años fue además rabino de la comunidad “Har Horev”, en Katamon, donde mantenía una presencia cercana entre los vecinos.
En 2014 fue elegido Gran Rabino Asquenazí de Jerusalén, un cargo vacante desde hacía más de una década tras la muerte del rabino Yitzhak Kolitz. Su designación fue interpretada como un hito para el sionismo religioso en la ciudad y contó con respaldo de rabinos y figuras públicas de distintos sectores ideológicos.
Al asumir, declaró: “Tengo la intención de servir como rabino para todos los jerosolimitanos: laicos, religiosos y haredíes. Liderar el Rabinato de Jerusalén es un gran privilegio, pero también conlleva una pesada responsabilidad”.
Durante su mandato promovió una mayor accesibilidad de los servicios religiosos, buscó fortalecer los estándares de kashrut y alentó el diálogo entre comunidades religiosas y laicas. Sus posiciones públicas despertaron interés en temas de religión y Estado, especialmente por su defensa de la coexistencia en barrios mixtos y por su intento de combinar una adhesión estricta a la halajá con una amplia responsabilidad pública.
Quienes trabajaron y estudiaron con él lo recordaban como un hombre de vastos conocimientos de la Torá, dotado de sensibilidad humana, serenidad y una inusual capacidad de escucha.
Le sobreviven su esposa, Miriam-Yocheved, y siete hijos. La familia arrastraba además el dolor por la muerte de su hija Shira, quien murió en 2007 a los 21 años en un accidente de tráfico, una pérdida que dejó una huella profunda en su entorno familiar y cercano.