A decir verdad, no era necesaria la declaración del Shin Bet —confirmando que no existe ni existió riesgo de seguridad para el Estado por parte de Yonatan Urich en el “Qatargate”— para saber que se trataba de un caso inventado desde el primer momento. La primera y más importante señal fue el cronograma. El caso estalló exactamente pocas semanas después de que comenzaran los informes sobre la intención del primer ministro de despedir al jefe del Shin Bet, Ronen Bar.
En su testimonio, Netanyahu lo afirmó de forma explícita. Sostuvo que el caso no justificaba impedir el despido de Ronen Bar, sino que había nacido precisamente para bloquear esa decisión. Ante el Tribunal Superior, que examinaba si el primer ministro podía destituir al jefe del Shin Bet mientras el caso seguía abierto, Netanyahu presentó el cronograma como prueba central: primero surgió la intención de despedir a Bar y solo después estalló el “Qatargate”. La fiscalía y sus portavoces mediáticos, sin embargo, ignoraron ese dato básico.