El exjefe de Inteligencia Militar de las FDI, Amos Yadlin, y el exembajador estadounidense en Israel Tom Nides impulsan una iniciativa para reformular la relación entre ambos países, pasando del modelo de asistencia a uno de asociación tecnológica estratégica.
La propuesta, presentada durante el fin de semana en la AI+ Expo de Washington, se denomina Alianza Tecnológica Estados Unidos-Israel y fue desarrollada por el centro de estudios estadounidense Special Competitive Studies Project y la consultora israelí MIND Israel. Sus promotores la describen como “la Relación Especial 2.0”, que combinaría capital, potencia industrial y laboratorios estadounidenses con la velocidad y el ingenio en ingeniería de Israel.
“El modelo en el que Israel es asistido por Estados Unidos y recibe ayuda tiene muy pocas probabilidades de continuar bajo cualquier administración futura”, dijo Yadlin, quien subrayó la necesidad de “encontrar una nueva base para la relación”.
El contexto no es menor: según una encuesta del Pew Research Center publicada el mes pasado, seis de cada diez estadounidenses tienen una opinión muy o algo desfavorable de Israel, un aumento de 20 puntos porcentuales desde 2022.
Nides, por su parte, llamó a trabajar en la narrativa sobre Israel. “Tenemos que contar la historia de la innovación. Tenemos que contar la historia de Israel como crisol”, dijo en una conversación por Zoom, e insistió en que la colaboración tecnológica entre ambas naciones “es buena tanto para el estadounidense promedio como para el israelí promedio, y para la región y el mundo en su conjunto”.
El borrador de la iniciativa reconoce que la relación bilateral se ha apoyado históricamente en cooperación en defensa, asistencia en seguridad e intereses geopolíticos compartidos, pero advierte que ese fundamento “ya no es suficiente para un siglo definido por el liderazgo en inteligencia artificial, semiconductores, energía avanzada, ciber, cuántica, bioconvergencia y manufactura estratégica”.
Los organizadores piden que ambos gobiernos firmen un memorando de entendimiento con un compromiso de al menos $1.000 millones anuales en financiación pública para proyectos conjuntos.
Según el documento, Estados Unidos obtendría “un aliado tecnológico confiable y probado en combate”, mientras que Israel accedería de forma duradera “al ecosistema tecnológico más importante del mundo, incluidos programas federales, laboratorios, vías de capital y canales de adquisición”.