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Arabia Saudí atacó Irán en secreto y luego pactó una desescalada

12 de mayo de 2026
en Irán
Trabajadores extranjeros observan cómo una alta columna de humo negro se eleva tras una explosión en la zona industrial de Fuyairah el 3 de marzo de 2026. (Fadel SENNA / AFP)

Trabajadores extranjeros observan cómo una alta columna de humo negro se eleva tras una explosión en la zona industrial de Fuyairah el 3 de marzo de 2026. (Fadel SENNA / AFP)

Riad ejecutó bombardeos secretos sobre Irán tras ataques previos y, a la vez, abrió una vía diplomática que derivó en un entendimiento informal.

Los ataques saudíes marcaron un giro frente a su rival regional

A finales de marzo, Arabia Saudí ejecutó ataques aéreos no divulgados sobre territorio iraní como respuesta a bombardeos sufridos durante la guerra, según funcionarios occidentales e iraníes informados del asunto. Fue la primera acción militar directa conocida del reino en suelo iraní y supuso un cambio relevante en la conducta de Riad ante su principal rival regional. Reuters no logró verificar cuáles fueron los objetivos alcanzados por la operación.

Uno de los funcionarios occidentales definió la acción solo como ataques recíprocos en represalia por los golpes previos contra Arabia Saudí. Ante las consultas de la agencia, un alto funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores saudí evitó confirmar de forma directa los bombardeos, mientras la cancillería iraní optó por no responder. Esa falta de reconocimiento público reforzó el carácter reservado de una ofensiva concebida en un contexto de fuerte tensión regional.

La operación saudí tuvo lugar durante una guerra de diez semanas en la que Irán lanzó misiles y drones contra los seis Estados del Consejo de Cooperación del Golfo. Los ataques alcanzaron bases militares estadounidenses, aeropuertos, infraestructura petrolera y otros objetivos civiles. Teherán también cerró el estrecho de Ormuz, con consecuencias para el comercio global, y dejó a Arabia Saudí expuesta pese al paraguas de defensa que le ofrece su estrecha relación militar con Washington.

Con ese paso, Arabia Saudí se convirtió en el segundo país del Golfo que se sumó a Estados Unidos e Israel en la guerra contra la República Islámica. La decisión llegó después de que trascendiera que Emiratos Árabes Unidos también había ejecutado en secreto varios ataques sobre Irán. El movimiento alteró el equilibrio regional y mostró que varios aliados de Washington ya no se limitaban a una postura exclusivamente defensiva.

Claves de la escalada militar y de la respuesta regional

  • Irán atacó a los seis Estados del Golfo con misiles y drones durante diez semanas.
  • Arabia Saudí realizó a finales de marzo su primera acción militar directa conocida en suelo iraní.
  • Emiratos Árabes Unidos también ejecutó ataques secretos contra Irán antes y después del alto el fuego.
  • Teherán cerró el estrecho de Ormuz y afectó el comercio global.

Emiratos amplió la presión militar con apoyo e inteligencia compartida

Bloomberg informó, con base en personas familiarizadas con el asunto, que Abu Dabi lanzó ofensivas antes y después del alto el fuego del 8 de abril. Según esa versión, uno de los ataques emiratíes, posterior al bombardeo iraní del 5 de abril contra el complejo petroquímico Borouge, contó con coordinación israelí. Otra fuente señaló además que Emiratos e Israel cooperaron en el ataque del día siguiente contra el complejo petroquímico South Pars.

Durante la guerra, esa cooperación incluyó intercambio de inteligencia, detección e interceptación de misiles y drones iraníes y selección de objetivos, según las fuentes citadas. The Wall Street Journal informó al comienzo de la semana de un ataque emiratí contra la isla iraní de Lavan. Emiratos no reconoció operaciones ofensivas, aunque sí reiteró que conserva el derecho a defenderse frente a agresiones que afecten su territorio o su seguridad.

El ministerio de Defensa emiratí afirmó que Irán lanzó contra Emiratos unos 550 misiles balísticos y de crucero y más de 2.200 drones. Esa cifra convirtió al país en el más atacado de la región, incluso por encima de Israel. Funcionarios estadounidenses dijeron que Israel envió una batería de la Cúpula de Hierro y soldados para operarla en territorio emiratí, extremo que después confirmó el enviado israelí.

Abu Dabi también sostuvo que probablemente se habían reanudado los ataques iraníes sobre su territorio durante la última semana de la guerra, en una fase en la que Teherán parecía intensificar su ofensiva pese a la fragilidad del alto el fuego. Ese deterioro elevó la presión sobre los Estados del Golfo y consolidó una coordinación militar más estrecha entre Emiratos, Israel y Estados Unidos frente a la amenaza iraní.

La vía diplomática frenó la confrontación y redujo los ataques

Al mismo tiempo que actuaba en el plano militar, Arabia Saudí mantuvo abiertos los canales con Teherán, incluso por medio del embajador iraní en Riad. El alto funcionario saudí consultado no confirmó un acuerdo formal de desescalada, pero reafirmó la posición constante del reino a favor de la contención, la reducción de tensiones y la búsqueda de estabilidad, seguridad y prosperidad para la región y su población.

Fuentes iraníes y occidentales sostuvieron que Riad comunicó a Teherán la existencia de los ataques y advirtió sobre nuevas represalias, lo que abrió una intensa gestión diplomática y facilitó un entendimiento entre ambos países. Ali Vaez, director del Proyecto Irán en International Crisis Group, afirmó que una secuencia de represalias seguida de un acuerdo informal reflejaría un reconocimiento pragmático de que una escalada sin control impone costes inaceptables.

La desescalada informal empezó en la semana anterior al alto el fuego del 7 de abril entre Washington y Teherán. Uno de los funcionarios iraníes confirmó ese entendimiento con Arabia Saudí y señaló que el objetivo era cesar las hostilidades, proteger los intereses mutuos y evitar un aumento de las tensiones. La Casa Blanca no respondió a las consultas sobre ese proceso, que coincidió con contactos reservados entre las partes.

Arabia Saudí e Irán mantienen una rivalidad de larga data, aunque en 2023 restablecieron relaciones tras una mediación china. Ese acercamiento favoreció además un alto el fuego entre el reino y los hutíes respaldados por Irán en Yemen, que aún sigue vigente. Durante la guerra reciente, y con el mar Rojo abierto a la navegación, Riad pudo continuar sus exportaciones de petróleo y mantenerse relativamente al margen del deterioro que afectó a otros Estados del Golfo.

Las amenazas cruzadas precedieron a una caída parcial de bombardeos

El 19 de marzo, el ministro saudí de Asuntos Exteriores, el príncipe Faisal bin Farhan, declaró en Riad que el reino se reservaba el derecho de emprender acciones militares si lo consideraba necesario. Tres días después, Arabia Saudí declaró persona non grata al agregado militar iraní y a otros cuatro miembros de la embajada. Esa secuencia mostró que la crisis ya había entrado en una fase de presión diplomática y militar más abierta.

Fuentes occidentales dijeron que, a finales de marzo, los contactos diplomáticos y la amenaza saudí de adoptar una línea más agresiva, parecida a la de Emiratos, desembocaron en un entendimiento para reducir la confrontación. Un recuento de Reuters basado en comunicados del ministerio de Defensa saudí indicó que los más de 105 ataques con drones y misiles registrados entre el 25 y el 31 de marzo bajaron a poco más de 25 entre el 1 y el 6 de abril.

Esas mismas fuentes evaluaron que los proyectiles lanzados contra Arabia Saudí en los días previos al alto el fuego más amplio salieron de Irak y no de Irán, lo que sugería que Teherán había limitado los ataques directos mientras grupos aliados seguían en acción. El 12 de abril, Riad convocó al embajador iraquí para protestar por bombardeos procedentes de ese país y expresar su malestar por la persistencia de la amenaza.

La comunicación entre saudíes e iraníes continuó incluso cuando surgieron nuevas tensiones al inicio del alto el fuego entre Irán y Estados Unidos. El ministerio de Defensa saudí informó de 31 drones y 16 misiles disparados contra el reino los días 7 y 8 de abril. Ese repunte llevó a Riad a valorar represalias contra Irán e Irak, mientras Pakistán desplegó cazas para tranquilizar al reino y pidió contención.

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La guerra dejó objetivos incumplidos y un equilibrio aún inestable

Israel inició su campaña contra Irán junto con Estados Unidos el 28 de febrero con el objetivo declarado de degradar las capacidades militares iraníes, alejar las amenazas ligadas a sus programas nuclear y de misiles balísticos y crear las condiciones para que la población iraní derrocara al régimen. Esos fines fueron expuestos por mandos militares y otros dirigentes israelíes como parte de una estrategia de presión sostenida.

Sin embargo, el alto el fuego anunciado por Donald Trump en abril llegó sin que esos objetivos centrales de la guerra se hubieran cumplido. La secuencia dejó un escenario ambiguo: hubo ataques directos, cooperación militar entre aliados regionales, represalias reservadas y un esfuerzo diplomático paralelo para impedir que la confrontación derivara en una guerra regional de mayor alcance. Ese equilibrio precario explica la fragilidad del cese de hostilidades.

Dentro de ese marco, el cálculo saudí quedó resumido por el exjefe de inteligencia príncipe Turki al-Faisal en Arab News. Allí sostuvo que, cuando Irán y otros intentaron arrastrar al reino al horno de la destrucción, el liderazgo saudí eligió soportar los daños causados por un vecino para proteger las vidas y los bienes de sus ciudadanos. Esa formulación expuso una lógica de firmeza con límites.

El episodio reveló así una doble estrategia de Riad: responder de forma directa cuando consideró que la amenaza había cruzado un umbral y, a la vez, preservar un canal con Teherán para impedir un deterioro mayor. La combinación de golpes secretos y negociación informal no resolvió la rivalidad histórica entre ambas potencias, pero sí permitió contener temporalmente una confrontación que amenazaba con extenderse por toda la región.

Etiquetas: Arabia SauditaIrán

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