Anduril suministrará al Ejército de Estados Unidos el misil de crucero terrestre Surface-Launched Barracuda-500M bajo un acuerdo de producción anunciado el 13 de mayo de 2026. El contrato contempla al menos 3.000 misiles y más de 60 lanzadores en contenedores durante tres años, con entregas previstas a partir de 2027.
El SLB-500M ofrece a las fuerzas terrestres una capacidad de ataque de precisión a más de 500 millas náuticas, unos 926 kilómetros. Su papel no es sustituir al Tomahawk, al JASSM-ER o al LRASM, sino cubrir una categoría distinta: un misil de crucero más pequeño, lanzado desde tierra, con menor coste estimado y diseñado para producirse en mayor cantidad.
El misil transporta una carga útil declarada de 100 libras, aproximadamente 45 kilogramos, en una célula subsónica propulsada por turborreactor. Esa carga lo orienta contra objetivos de valor operativo medio, como puestos de mando, radares de defensa antiaérea, lanzadores móviles, depósitos de combustible, emplazamientos de municiones, sistemas de guerra electrónica y objetivos marítimos o costeros expuestos. No está pensado para reemplazar armas con ojivas mayores contra instalaciones enterradas o reforzadas.
El sistema de lanzamiento es una parte central del concepto. Según Anduril, la unidad de disparo está integrada en un contenedor ISO estándar de 20 pies y puede albergar hasta 16 misiles completos. Esa configuración permite transportar el sistema por canales logísticos ordinarios, dispersarlo en posiciones terrestres y reducir la firma visible de una batería convencional.
Para el Ejército, esta arquitectura permite operar desde posiciones móviles, zonas insulares, instalaciones aliadas o áreas logísticas expedicionarias. En el Indo-Pacífico, el valor está en multiplicar los puntos potenciales de lanzamiento y obligar a un adversario a buscar numerosos nodos pequeños. En Europa, podría proporcionar otra opción de ataque de largo alcance contra objetivos en la profundidad operativa rusa.
El Barracuda-500M se ubica entre los cohetes de artillería de menor alcance y los misiles de crucero de gama superior. La estructura de fuegos del Ejército ya incluye GMLRS, ATACMS, Precision Strike Missile, Mid-Range Capability y armas hipersónicas. El nuevo misil añade una opción de alcance medio-largo que podría emplearse sin consumir armas más caras o escasas contra blancos que no requieren efectos pesados.
Un misil de crucero de este tipo puede aproximarse desde ejes no lineales y complicar la defensa antiaérea si se emplea en salvas coordinadas. Sin embargo, su menor carga útil limita los efectos contra objetivos duros. Su valor operativo estará en la combinación de alcance, cantidad disponible, dispersión de lanzadores y selección adecuada de blancos.
Anduril sostiene que la familia Barracuda fue diseñada para fabricación en volumen, con cerca del 70 % de componentes comerciales y un proceso de ensamblaje que podría completarse en unas 30 horas con herramientas manuales comunes. La empresa ha invertido en una instalación de producción en el sur de California y prevé trasladar parte de la fabricación a Arsenal-1, una planta proyectada de 5 millones de pies cuadrados cerca de Columbus, Ohio.
El acuerdo forma parte del programa Low-Cost Containerized Missiles. El Departamento de Guerra anunció acuerdos marco con Anduril, CoAspire, Leidos y Zone 5 para adquirir más de 10.000 misiles de crucero de bajo coste en un período de tres años desde 2027. Las compras de misiles de prueba de las cuatro empresas comenzarían en junio de 2026, antes de evaluaciones militares y posibles contratos de producción entre 2027 y 2029.
La estructura del programa muestra que Washington busca distribuir el riesgo entre varios proveedores. Esa decisión responde a problemas conocidos en municiones de precisión: cadenas de suministro limitadas, tiempos largos de producción, riesgos de certificación y falta de inventarios suficientes para un conflicto prolongado.
Evaluaciones de CSIS citadas en el texto sostienen que, en un conflicto mayor en el estrecho de Taiwán, algunas armas guiadas de precisión podrían agotarse en menos de una semana. Otra evaluación de mayo de 2026 advierte sobre déficits en municiones de largo alcance, interceptores de defensa antiaérea y sistemas no tripulados, con plazos de producción de tres a cuatro años para armas como SM-6, SM-3 IB, JASSM y Tomahawk.
El misil todavía debe demostrar fiabilidad, rendimiento de guiado, resistencia electrónica, discriminación de objetivos y sostenimiento logístico en las pruebas del Ejército. Su importancia reside en otra dimensión: Estados Unidos intenta ampliar sus arsenales de ataque de largo alcance con sistemas más simples, lanzadores dispersables y producción a mayor escala, en lugar de depender solo de misiles caros y difíciles de reponer durante una crisis.