La Comisión de Constitución, Ley y Justicia de la Knéset celebró este miércoles su primer debate sobre el proyecto de la “Ley del Muro Occidental” (Ley del Kótel), una iniciativa impulsada por el líder del partido Noam, el diputado Avi Maoz. El proyecto de ley, que recientemente recibió la aprobación en lectura preliminar, busca establecer que la facultad de definir qué constituye una “profanación” en los lugares santos judíos recaiga exclusivamente en el Gran Rabinato de Israel, fijando así un límite a la intervención del Tribunal Supremo (Bagatz) en estas materias.
Durante la sesión, el diputado Maoz explicó que la legislación tiene como objetivo detener lo que definió como la “profanación del lugar a manos de las mujeres de la provocación” (en alusión al grupo Mujeres del Muro). La iniciativa contó con el respaldo del presidente de la comisión, el diputado Simcha Rothman, quien reconoció “la gravedad del problema actual en el Kótel”, aunque paradójicamente fue él mismo quien bloqueó el avance de la ley durante un largo periodo. Asimismo, el presidente del bloque de la Torá y el Judaísmo, el diputado Yitzhak Pindrus, argumentó que “lo natural es que quien está a cargo de la religión judía sea también responsable del funcionamiento de los lugares santos”.
Los dos ejes de la transformación legal
De aprobarse en sus siguientes lecturas, el proyecto de ley generaría un cambio drástico en dos niveles fundamentales:
- Exclusión definitiva del Tribunal Supremo: La ley estipula que la última palabra sobre lo que se considera una “profanación” del Muro Occidental o un menoscabo a su santidad corresponderá únicamente al Gran Rabinato de Israel. Esto significa que el poder judicial ya no tendrá el derecho legal de intervenir, modificar normativas o decretar órdenes de oración liberales o igualitarias en la explanada, blindando el estatus ortodoxo de forma absoluta.
- Delimitación respecto al Monte del Templo: Uno de los mayores temores entre los activistas del Monte del Templo era que otorgar competencias tan amplias al Gran Rabinato —institución que se opone halájicamente al ascenso de judíos al Monte— pudiera traducirse en restricciones para ellos. Las aclaraciones de Avi Maoz durante el debate buscaron calmar este frente interno de la coalición, asegurando que la ley se centrará estrictamente en la explanada del Kótel y en frenar a las organizaciones reformistas, sin alterar el statu quo del Monte del Templo.
El statu quo histórico y la vía penal
La explanada del Muro Occidental ha sido gestionada durante décadas bajo las reglas del statu quo religioso en Israel, bajo la responsabilidad de la Fundación del Patrimonio del Muro Occidental y el rabino del lugar, Shmuel Rabinowitz. Las normas de la plaza central estipulan que el rezo se realiza conforme a la ley judía ortodoxa tradicional, lo que incluye una separación absoluta entre hombres y mujeres, así como la prohibición de que las mujeres lean la Torá o porten rollos sagrados en su sección.
A lo largo de los años, agrupaciones civiles han mantenido una batalla pública y judicial contra estas restricciones, lo que provoca duros enfrentamientos cada inicio de mes hebreo (Rosh Jodesh), llegando incluso al contrabando de rollos de la Torá hacia la sección femenina en contra de las directrices oficiales, tal como ocurrió en el último inicio de mes. La trascendencia del nuevo proyecto de ley radica en su intento de revocar los fallos del Tribunal Supremo y los compromisos diplomáticos del pasado, tipificando como delito penal cualquier infracción a las costumbres ortodoxas del lugar.
Escepticismo y acusaciones de dilación deliberada
A pesar del avance del debate, el futuro de la ley es incierto. En una entrevista concedida al periodista Boaz Golan en el canal C14, el propio presidente de la comisión, Simcha Rothman, admitió abiertamente que el proyecto no se aprobará en su redacción actual: “Incluso las personas que lo presentaron entienden que debe sufrir modificaciones. Toda ley que entra a la comisión cambia”, afirmó Rothman, añadiendo que esta legislación es menos prioritaria en este momento que otros proyectos de la agenda, como la ley para dividir las funciones del Fiscal general.
Los partidarios de la ley acusan a Rothman de emplear tácticas de dilación deliberada (“ganar tiempo”) para enfriar y eventualmente archivar la propuesta. Sin embargo, Rothman rechaza tajantemente las acusaciones. Entre sus argumentos para ralentizar el proceso, sostiene que el proyecto de ley se redactó de forma apresurada como respuesta directa a las peticiones presentadas ante el Tribunal Supremo, por lo que ahora requiere un trabajo de análisis profesional y profundo antes de poder ser aprobado. Según su criterio, existe una necesidad esencial de coordinar de manera previa y total con los rabinos principales y con el rabino del Muro, a fin de evitar futuras disputas y complejidades en la aplicación práctica de la norma.
En los círculos políticos se evalúa que, más allá de las razones técnicas oficiales, el principal temor de Rothman radica en abrir un nuevo frente de conflicto directo con el Tribunal Supremo en un periodo político sumamente sensible —especialmente tras las crisis previas en torno a la reforma judicial—, sumado a las presiones de los propios grupos del Monte del Templo que se oponen a la formulación actual del texto.