Siria celebra elecciones legislativas en la provincia de Hassakeh, en el noreste del país, y en la localidad de Kobani, dos zonas de mayoría kurda que volvieron a quedar bajo control del Gobierno tras los combates de enero. La votación busca cubrir los 11 escaños restantes de la Asamblea Popular, el primer parlamento sirio formado después de la destitución de Bashar al-Assad.
Según el texto, nueve de esos escaños corresponden a Hassakeh y los otros dos a Kobani, en la provincia de Alepo. El resto del país ya había votado en octubre, casi un año después de que Assad fuera derrocado por una ofensiva rebelde. En ese momento, amplias zonas del noreste seguían fuera del control directo de Damasco y bajo influencia de las Fuerzas Democráticas Sirias, lideradas por los kurdos.
Siria completa su nuevo parlamento con una votación en Hassakeh y Kobani, áreas de mayoría kurda reincorporadas al control del Gobierno tras los combates de enero.
La votación se celebra tras la ofensiva de enero en el noreste sirio
En enero, una ofensiva gubernamental contra combatientes kurdos reintegró esa parte del país a Damasco, bajo las autoridades lideradas por islamistas del presidente interino Ahmad al-Sharaa. La convocatoria en Hassakeh y Kobani se produce en un contexto de transición política, con instituciones aún en formación y con dudas entre sectores de las minorías sirias sobre el nuevo régimen.
Primeras elecciones parlamentarias bajo el nuevo régimen sirio se celebrarán en septiembre
El país continúa afectado por las consecuencias de la guerra civil iniciada en 2011 y prolongada hasta 2024, según la información disponible. Millones de sirios viven en condiciones de pobreza, mientras persiste el escepticismo de comunidades que ahora quedan bajo un régimen islamista después de años de conflicto, desplazamientos y fragmentación territorial.
Un sistema electoral limitado bajo el Gobierno de Ahmad al-Sharaa
El nuevo modelo electoral no se presenta como un proceso plenamente democrático. La mayoría de los escaños del parlamento se eligen mediante colegios electorales en los distritos del país, mientras que al-Sharaa nombra directamente a un tercio de los legisladores. Este esquema marca una ruptura con el sistema del régimen de Assad, aunque mantiene restricciones relevantes en la representación política.
Bajo Assad, las elecciones parlamentarias no eran competitivas y funcionaban, en la práctica, como una contienda interna entre miembros del Partido Baaz en el poder. El nuevo sistema, de acuerdo con el texto, introduce una estructura distinta, pero conserva mecanismos que limitan la participación directa de toda la población en la elección de sus representantes.
Aun así, algunos participantes consideran que la votación representa un paso dentro de la transición siria. Mukhalaf al-Hatthal, votante de Qamishli citado por The Associated Press, afirmó que la población quiere representantes que amplifiquen las voces de Hassakeh. Según sus declaraciones, las principales preocupaciones locales están relacionadas con infraestructuras, agricultura y mantenimiento de la paz.
Preocupaciones sobre representación y transición política
La percepción positiva no es unánime. Masoud al-Majeed, otro miembro del colegio electoral, señaló que espera cambios en el proceso de votación porque el modelo actual, según su opinión, no representa a todo el mundo. Su postura refleja una de las tensiones centrales del periodo posterior a Assad: la búsqueda de estabilidad institucional frente a demandas de mayor inclusión política.
La votación en Hassakeh y Kobani cierra una etapa pendiente de la conformación parlamentaria, pero no resuelve las dudas sobre el alcance de la transición. En el noreste, donde la cuestión kurda sigue siendo un factor clave, el nuevo Gobierno deberá gestionar la reincorporación administrativa de territorios que durante años operaron con estructuras propias o bajo control de fuerzas locales.
El resultado de estos comicios completará la distribución de escaños del nuevo parlamento sirio, aunque el diseño institucional seguirá sujeto al papel del presidente interino y a la capacidad del Gobierno para integrar a minorías, zonas periféricas y sectores afectados por más de una década de guerra.