La Fuerza Internacional de Estabilización para Gaza, anunciada con gran despliegue en la reunión inaugural del Consejo de Paz del presidente estadounidense Donald Trump, continúa sin efectivos tres meses después de su presentación. El contingente, previsto inicialmente con 20.000 soldados, debía respaldar el frágil alto el fuego tras dos años de guerra entre Israel y Hamás en la Franja de Gaza.
El general de división estadounidense Jasper Jeffers fue designado para dirigir la fuerza y aseguró en febrero que la misión garantizaría “la prosperidad futura y una paz duradera”. Sin embargo, ninguno de los cinco países que prometieron aportar tropas ha concretado hasta ahora una contribución significativa.
La fuerza internacional para Gaza sigue bloqueada porque los países comprometidos no han desplegado tropas, mientras Hamás rechaza el desarme e Israel mantiene operaciones contra objetivos terroristas en la Franja.
El estancamiento se produce en medio de la falta de avances en la segunda fase del alto el fuego, que debía incluir el desarme de Hamás y el inicio de una retirada israelí. Mientras tanto, Israel ha ampliado su control territorial y continúa atacando objetivos terroristas, al tiempo que Hamás acusa a Israel de violar repetidamente la tregua.
Indonesia congela el mayor compromiso de tropas para Gaza

El golpe más fuerte para la fuerza prevista llegó después de los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán el 28 de febrero. Indonesia suspendió indefinidamente su compromiso de aportar 8.000 soldados, el contingente más grande entre los países participantes. El plan inicial contemplaba el envío de unos 1.000 efectivos en abril y el resto en junio.
El grupo de países comprometidos incluye a Marruecos, Kazajistán, Kosovo y Albania. Sin embargo, la decisión indonesia dejó sin impulso operativo al proyecto, que dependía en gran medida de la participación de Yakarta para alcanzar una escala suficiente.
El ministro de Defensa indonesio, Sjafrie Sjamsoeddin, atribuyó la suspensión a la falta de directrices claras desde Washington. Ante el Parlamento, afirmó que la guerra entre fuerzas estadounidenses e iraníes relegó al Consejo de Paz y, por extensión, a la Fuerza Internacional de Estabilización.
La política interna también pesa sobre la decisión de Indonesia, el país musulmán más poblado del mundo. La guerra con Irán es impopular entre amplios sectores de la opinión pública, la economía local enfrenta presiones por el aumento de precios y existe escepticismo sobre la capacidad del Consejo de Paz para mejorar la situación de Gaza.
Además, Indonesia perdió a cuatro miembros de sus fuerzas de paz en la misión de Naciones Unidas en Líbano durante combates entre Israel y Hezbolá. Ese antecedente elevó la sensibilidad pública frente a nuevos despliegues militares en Oriente Medio.
El desarme de Hamás bloquea la segunda fase del alto el fuego

Nickolay Mladenov, director del Consejo de Paz, afirmó ante la ONU que la fuerza internacional no podrá iniciar operaciones hasta que se alcance y aplique una segunda fase del alto el fuego. Esa etapa debería incluir el desarme de Hamás y el comienzo de la retirada israelí de Gaza.
Las tropas israelíes controlan alrededor del 60 % de la Franja de Gaza, mientras las negociaciones siguen condicionadas por la negativa de Hamás a entregar sus armas. Mladenov sostuvo que el desarme del grupo terrorista es “innegociable” y que la reconstrucción no puede avanzar mientras milicias armadas mantengan presencia en las calles y túneles del enclave.
Hamás, por su parte, sostiene que Israel ha incumplido la tregua y acusa a Mladenov de alinearse con la posición israelí. Las autoridades sanitarias de Gaza afirman que los ataques israelíes han causado la muerte de más de 880 palestinos desde el alto el fuego, sin distinguir entre civiles y combatientes. Israel sostiene que sus operaciones responden a violaciones de la tregua.
Un funcionario egipcio con conocimiento de las conversaciones indicó que Hamás exige la retirada israelí de las zonas ocupadas desde el inicio del alto el fuego. Egipto, que mantiene desde hace años un papel de mediación con Hamás, continúa participando en los contactos para desbloquear el proceso.
Los países comprometidos evitan desplegar tropas sin acuerdo político

Varios de los países que aceptaron participar en la misión se resisten a enviar soldados sin un acuerdo claro sobre el desarme de Hamás. Kazajistán ha limitado su respaldo al componente humanitario, incluido el envío de unidades médicas y un hospital de campaña.
Albania también mantiene una posición cautelosa. Su jefe de Estado Mayor, el teniente general Arben Kingji, declaró que el ejército participó en actividades de reconocimiento, pero que aún no desplegó tropas. Añadió que solo se enviarían algunos efectivos al cuartel general de la fuerza de estabilización, sin precisar cifras.
Kosovo, que esperaba enviar 20 soldados, afirmó en abril que se encontraba en la fase final de preparación. Marruecos, por su parte, había indicado en la reunión inaugural del Consejo de Paz que aportaría oficiales militares de alto rango al mando conjunto de la fuerza.
A pesar de la suspensión indonesia, la participación de Yakarta no está completamente descartada. El presidente Prabowo Subianto, exgeneral del ejército, busca elevar el perfil internacional de Indonesia y preservar los vínculos económicos con Estados Unidos. Esa combinación podría mantener abierta la puerta a una contribución futura, aunque bajo condiciones políticas y operativas más definidas.
Por ahora, la fuerza internacional para Gaza permanece como un proyecto sin despliegue real. La ausencia de tropas, el rechazo de Hamás al desarme, la continuidad de las operaciones israelíes y el deterioro regional tras la guerra con Irán han convertido una iniciativa presentada como garantía de estabilidad en otro punto de bloqueo dentro del proceso de posguerra.