Rusia habría recurrido con mayor frecuencia a cazas Su-57 para lanzar misiles de crucero Kh-59 y Kh-69 contra objetivos en Ucrania desde posiciones alejadas de la línea del frente. Los avisos difundidos en mayo de 2026 por la Fuerza Aérea ucraniana y canales de vigilancia aérea situaron esa actividad en rutas asociadas a Kursk, al área del mar de Azov cercana a Mariúpol y a Crimea.
El Su-57 habría sido usado como lanzador de misiles a distancia en ataques contra Ucrania, con operaciones atribuidas a rutas de Kursk, Crimea y el mar de Azov. La táctica busca mantener el avión lejos del frente mientras emplea armas de precisión Kh-59 y Kh-69.
La información disponible no cuenta con confirmación independiente ni con reconocimiento oficial del Ministerio de Defensa ruso. Por ese motivo, su lectura exige cautela. Aun así, los reportes describen un patrón coherente: el empleo del Su-57 como plataforma de lanzamiento desde sectores bajo control ruso o dentro del espacio aéreo ruso, con el fin de reducir la exposición de la aeronave ante las defensas antiaéreas ucranianas.
Los reportes de mayo apuntan a una secuencia más amplia de operaciones
El episodio más visible ocurrió el 3 de mayo, cuando autoridades ucranianas atribuyeron un ataque contra Dnipró a aviones Su-34 y Su-57 armados con misiles Kh-59/69. En las semanas posteriores, canales como eRadar y otros sistemas ucranianos de vigilancia aérea reportaron nueva actividad vinculada al Su-57 desde Kursk, el eje del mar de Azov y Crimea.

Además, a mediados de abril ya se habían registrado señales similares, por lo que los avisos de mayo no describen un hecho aislado. En conjunto, presentan una secuencia de empleo más definida, centrada en ataques de precisión desde áreas protegidas y no en incursiones profundas sobre espacio aéreo defendido por Ucrania.
A partir de ese perfil operativo, el Su-57 queda lejos de la imagen clásica de un caza furtivo usado para penetrar de forma profunda en espacio aéreo enemigo. En Ucrania, su papel parece concentrarse en el lanzamiento de armas de precisión desde distancias estimadas entre 200 y 400 kilómetros por detrás del frente. Esa configuración mantiene la aeronave fuera del alcance práctico de buena parte de las defensas terrestres ucranianas desplegadas para proteger ciudades, infraestructura crítica y objetivos militares.
Patriot, NASAMS y el desafío de interceptar ataques lanzados desde lejos
Para Ucrania, el problema no se limita a detectar el avión. También debe enfrentar las fases técnicas y operativas necesarias para ejecutar el ataque. Sistemas como Patriot o NASAMS suelen estar orientados a interceptar amenazas entrantes, no a atacar aeronaves que lanzan misiles desde zonas alejadas del frente dentro del espacio aéreo ruso o controlado por Rusia.
Una interceptación aérea directa exigiría que los cazas ucranianos operasen bajo la amenaza de misiles tierra-aire rusos de largo alcance, radares, patrullas de combate, guerra electrónica y control terrestre de interceptación. En ese entorno, el Su-57 puede actuar como plataforma de lanzamiento sin asumir los riesgos propios de una misión de penetración profunda.
Dentro de ese esquema, los misiles Kh-59 y Kh-69 cumplen una función central. La familia Kh-59 ofrece una capacidad ya establecida de ataque a distancia contra blancos terrestres o navales, según la variante. El Kh-69 se ajusta mejor al Su-57 por su configuración compacta, su compatibilidad con transporte interno, su vuelo a baja altitud y su diseño orientado a reducir la firma radar.

Las estimaciones rusas suelen atribuir al Kh-69 un alcance cercano a 400 kilómetros, mientras que presentaciones de exportación han citado unos 290 kilómetros. Después del lanzamiento, Ucrania enfrenta una amenaza más difícil de interceptar porque un misil de crucero que vuela a baja altitud reduce los tiempos de alerta y puede coincidir en el espacio operativo con drones, señuelos, misiles balísticos u otras armas de ataque.
El uso cauteloso del Su-57 refleja su valor político y operativo
La respuesta ucraniana no depende únicamente de derribar el proyectil final. También implica afectar los procesos de detección, adquisición de objetivos, almacenamiento, mantenimiento y logística que permiten esos ataques. Esa cadena operativa es especialmente relevante cuando el avión lanzador permanece lejos del alcance directo de las defensas desplegadas cerca del frente.
El empleo cauteloso del Su-57 también se relaciona con el valor limitado y político de la aeronave. A diferencia de los Su-30SM, Su-34 y Su-35S, que forman la mayor parte de la aviación táctica rusa, el Su-57 sigue siendo un aparato escaso, costoso y asociado al discurso ruso sobre combate aéreo de quinta generación.

Su uso como lanzador protegido permite mostrar actividad operativa y probar la integración con armamento moderno sin asumir el riesgo de perderlo en misiones de penetración profunda. Para Moscú, una pérdida de este tipo tendría consecuencias militares, tecnológicas y propagandísticas superiores a las de otros cazas más numerosos.
Rusia también habría ampliado el conjunto de armas asociadas al Su-57. Army Recognition Group informó previamente sobre el misil S-71K “Kover”, descrito por inteligencia ucraniana como un nuevo misil de crucero lanzado desde el aire para el Su-57, con un alcance estimado de hasta 300 kilómetros y eventual integración con el sistema no tripulado S-70 Okhotnik.
Ese desarrollo se corresponde con una tendencia hacia aeronaves tripuladas empleadas como medios de lanzamiento, coordinación y ataque dentro de sistemas militares interconectados. En ese modelo, el avión no necesita operar como un penetrador permanente, sino como un nodo de ataque capaz de lanzar armas, coordinar plataformas y mantenerse dentro de rutas protegidas.
Pese a esa evolución, los límites de esta pauta siguen teniendo peso operativo. La flota de Su-57 es reducida, la generación de salidas es incierta, la disponibilidad de misiles puede condicionar el ritmo de empleo y parte de la información procede de vigilancia abierta sin confirmación externa.
Aun con esas reservas, los reportes de mayo describen un uso más definido del avión: menos orientado a desafiar directamente la defensa antiaérea ucraniana y más dirigido a ataques de precisión desde rutas protegidas. Esa pauta refuerza la imagen del Su-57 como una plataforma valiosa que Rusia busca emplear sin exponerla a pérdidas de alto impacto.