Estados Unidos se muestra abierto a ampliar los acuerdos de reparto nuclear de la OTAN, bajo los cuales varios países europeos albergan bombas nucleares B61 de propiedad estadounidense. Fuentes oficiales con conocimiento de las negociaciones indicaron al Financial Times que la posibilidad se analiza en un contexto marcado por la guerra de Rusia contra Ucrania y por la creciente inquietud en el flanco oriental de la Alianza.
Estados Unidos podría ampliar el despliegue de bombas nucleares B61 en Europa mediante acuerdos de reparto nuclear de la OTAN que incorporarían a Polonia y a los países bálticos si las conversaciones avanzan.
Bélgica, Alemania, Italia, los Países Bajos, Turquía y el Reino Unido integran actualmente el grupo de países que albergan estas armas. Las bombas se lanzarían dentro de un plan de guerra más amplio de la OTAN, ya sea mediante aviones de la Fuerza Aérea de Estados Unidos o, en algunos casos, por unidades especialmente certificadas de los países anfitriones.
El Reino Unido fue el último país en reincorporarse a este grupo, y todo indica que armas nucleares vuelven a almacenarse en la base RAF Lakenheath, después de haber sido retiradas en 2008. Ese antecedente resulta relevante porque muestra que incluso una instalación previamente preparada requiere años para recuperar plenamente la capacidad operativa.
Polonia y los países bálticos buscan reforzar la disuasión frente a Rusia
Con la guerra en Ucrania aún en curso y con los países fronterizos de la OTAN expuestos al temor de municiones “extraviadas” o amenazas directas de Vladimir Putin, Polonia, Letonia, Lituania y Estonia aparecen como posibles interesados en sumarse al esquema de reparto nuclear. Para estos países, la medida supondría una señal de disuasión adicional frente a Moscú.
El caso de Polonia destaca por sus capacidades aéreas. Varsovia opera F-16 y F-35, lo que abre la posibilidad de que sus fuerzas puedan integrarse, tras un proceso de certificación, a las unidades autorizadas para lanzar bombas nucleares B61 de propiedad estadounidense dentro del marco de la OTAN.
Para los antiguos Estados del Pacto de Varsovia, una incorporación al programa marcaría un precedente estratégico. Sería la primera ocasión conocida en la que armas nucleares estadounidenses se despliegan en territorios que estuvieron bajo la órbita militar soviética durante la Guerra Fría.
La dimensión histórica resulta especialmente llamativa porque la familia de bombas B61 está en servicio desde la década de 1960. En ese escenario, versiones modernas de un arma concebida durante la confrontación entre bloques podrían terminar desplegadas en regiones que antiguas variantes estaban destinadas a atacar.
El despliegue requeriría años de preparación e infraestructura especializada
Aunque las conversaciones avanzaran hacia un acuerdo, el despliegue efectivo de armas nucleares probablemente tomaría varios años. La experiencia de RAF Lakenheath demuestra que la recuperación de una capacidad nuclear no se limita a una decisión política, sino que exige infraestructura, certificaciones, procedimientos de seguridad y coordinación militar prolongada.
Las cámaras acorazadas del Sistema de Almacenamiento y Seguridad de Armas, conocidas como WS3, serían un requisito central. Estas instalaciones están diseñadas para resistir ataques convencionales y cuentan con medidas clasificadas para impedir sabotajes, robos o accesos no autorizados.
En los países fronterizos con Rusia, esas bóvedas tendrían una importancia aún mayor. Antes de que cualquier munición activa pudiera ser enviada, sería necesario construir o adaptar instalaciones con estándares de protección nuclear y establecer los protocolos de custodia correspondientes.
Polonia y otros aliados también se han sumado a propuestas francesas para ampliar el alcance de la disuasión nuclear de París. Esa línea podría incluir en el futuro el despliegue avanzado de cazas Rafale con armamento nuclear en otros países, además de la participación de socios europeos en ejercicios nucleares periódicos de Francia.
El debate nuclear se cruza con la posible reducción de tropas estadounidenses
La discusión sobre nuevas armas nucleares en Europa coincide con el deseo de la actual administración Trump de reducir la presencia militar convencional estadounidense en el continente. En ese marco, el despliegue nuclear adicional podría verse como una forma de compensar parcialmente una retirada de fuerzas terrestres o aéreas convencionales.
Las armas nucleares desplegadas en primera línea requieren una presencia relativamente limitada de personal si se las compara con ciertos despliegues convencionales. Esa característica permitiría al Pentágono reorganizar su estructura en Europa sin romper por completo el respaldo militar que esperan los aliados.
Los planes para la retirada de tropas estadounidenses deberían presentarse a los aliados de la OTAN en junio. Entre los escenarios discutidos figura una posible reducción de hasta 5.000 efectivos en Alemania, equivalente a uno de cada siete militares estadounidenses destinados en ese país.
También generó inquietud la suspensión, con poca antelación, de una rotación prevista de 4.000 efectivos estadounidenses en Polonia. La decisión provocó preocupación en Varsovia y críticas en el Congreso de Estados Unidos, aunque posteriormente fue revertida y el presidente Trump anunció un nuevo despliegue de 5.000 soldados.
Los cambios de política generan preocupación entre aliados europeos
La incertidumbre sobre la continuidad de la política estadounidense ya empieza a tener consecuencias fuera del eje estrictamente nuclear. Cuando Washington no aprobó un programa de exención de visados para ciudadanos búlgaros, el primer ministro Rumen Radev advirtió que las fuerzas estadounidenses desplegadas en Bulgaria podrían recibir la orden de abandonar el país a finales de junio.
Entre esas fuerzas figuran aeronaves ubicadas en el Aeropuerto Internacional de Sofía que apoyan la Operación Furia Épica. La advertencia búlgara ilustra cómo decisiones políticas aparentemente ajenas al despliegue militar pueden afectar la presencia de Estados Unidos en puntos clave de Europa.
Europa funciona como un importante punto de parada para operaciones estadounidenses hacia Oriente Medio, al recibir tropas, aviones y buques en tránsito hacia la región. Una menor disposición de los aliados a facilitar escalas, repostaje o apoyo logístico podría complicar la capacidad de proyección militar de Washington.
La Fuerza Aérea de Estados Unidos ya ha enfrentado presión sobre su flota de transporte aéreo al sostener despliegues militares de gran escala en plazos muy reducidos. Si se perdieran varios puntos europeos de escala y reabastecimiento, el margen de maniobra para operaciones rápidas quedaría sensiblemente reducido.