El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de Irán afirmó el 10 de junio que varios misiles balísticos de largo alcance impactaron en la Base Aérea Muwaffaq Salti, en el este de Jordania, contra refugios blindados utilizados por cazas F-35 de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.
La organización presentó el ataque como parte de una ofensiva más amplia contra instalaciones militares estadounidenses en Jordania, Baréin y Kuwait, en represalia por ataques de Washington contra infraestructura militar iraní. La existencia de impactos con misiles ha sido reportada, pero no hay confirmación independiente de que algún F-35 haya sido destruido o dañado.
Irán asegura que sus misiles alcanzaron refugios de F-35 estadounidenses en la Base Aérea Muwaffaq Salti, aunque no existe confirmación independiente de daños o destrucción de aeronaves.
El sistema empleado habría sido el Kheibar Shekan, uno de los misiles balísticos iraníes de desarrollo más reciente. Su alcance estimado, de unos 1.700 kilómetros, le permitiría cubrir desde territorio iraní bases estadounidenses en Irak, Jordania y el Golfo.
Irán sostiene que el misil combina combustible sólido, una estructura ligera de materiales compuestos y un vehículo de reentrada maniobrable. Esa configuración buscaría mejorar la precisión terminal del proyectil y dificultar su interceptación por parte de defensas antimisiles regionales.
La Base Aérea Muwaffaq Salti figura entre las instalaciones avanzadas más relevantes para las operaciones aéreas estadounidenses en Oriente Medio. Ha alojado cazas F-15E y F-16, drones MQ-9, aviones cisterna, medios de mando y control y destacamentos rotatorios de F-35.
La base jordana y el valor estratégico de los F-35 en tierra

La ubicación de Muwaffaq Salti permite reducir tiempos de vuelo hacia el Levante y el Golfo Pérsico, además de dispersar aeronaves fuera de bases estadounidenses de mayor tamaño. Esa función la convierte en un punto clave para operaciones de vigilancia, reabastecimiento, mando aéreo y despliegue de cazas avanzados.
El ataque, si se confirma en los términos descritos por Irán, apuntaría a una vulnerabilidad concreta: los aviones furtivos son difíciles de detectar y abatir en vuelo, pero siguen dependiendo de infraestructura fija cuando están en tierra. Esa lógica explica el interés de Teherán por atacar refugios reforzados, pistas, radares y nodos logísticos asociados a operaciones aéreas estadounidenses.
Los F-35 representan una de las plataformas más sensibles del dispositivo militar estadounidense en la región. Su baja observabilidad, sensores integrados y capacidad para operar como nodo de información los convierten en activos de alto valor, tanto para misiones de ataque como para tareas de inteligencia y coordinación aérea.
Por esa razón, un eventual impacto contra refugios blindados tendría un peso operativo y simbólico superior al daño material inmediato. Incluso sin destruir aeronaves, un ataque preciso contra infraestructura de protección podría obligar a modificar patrones de despliegue, reforzar defensas de base y redistribuir medios aéreos.
Radares, aeronaves de apoyo y narrativa iraní de desgaste

Irán también atribuye a sus fuerzas la destrucción de radares avanzados utilizados por Estados Unidos y sus aliados regionales, incluidos sistemas AN/FPS-132 y AN/TPY-2 en Qatar, Jordania y Emiratos Árabes Unidos. Esas pérdidas no están plenamente verificadas en todos los casos, pero forman parte de la narrativa iraní sobre el desgaste de las defensas antimisiles estadounidenses e israelíes.
Los ataques contra aeronaves de apoyo, como E-3 AWACS y KC-135, también han sido presentados por Teherán como parte de una campaña para degradar la capacidad aérea estadounidense en Oriente Medio. Estos medios son esenciales para vigilancia aérea, alerta temprana, reabastecimiento en vuelo y coordinación de operaciones de largo alcance.
EE. UU. incrementa la flota de cisterna KC-135 en Qatar mientras continúa la escalada contra Irán
En paralelo, Irán ha difundido imágenes que atribuye al impacto de sus defensas contra un F-35A. Incluso bajo esa versión, los F-35 siguen siendo objetivos especialmente difíciles en vuelo, lo que aumenta el valor militar de atacarlos en tierra, cuando dependen de hangares, pistas, combustible, mantenimiento y sistemas de apoyo.
La ausencia de confirmación independiente sobre daños en cazas estadounidenses mantiene el episodio en el terreno de la disputa informativa y militar. Sin embargo, la afirmación iraní refuerza un patrón estratégico: Teherán busca presentar sus misiles balísticos como herramientas capaces de amenazar bases aéreas avanzadas, infraestructura crítica y activos estadounidenses de alto valor en toda la región.