La modernización del F-22 añade detección infrarroja pasiva mediante IRDS y TacIRST, sin sustituir radar, guerra electrónica ni armas internas.
Por qué el F-22 necesita detección infrarroja pasiva adicional
Al diseñar un caza para reducir su firma radar, la búsqueda aérea no puede quedar de forma indefinida bajo dependencia exclusiva del radar. La baja observabilidad reduce la probabilidad de detección en radiofrecuencia, pero no elimina la energía térmica generada por motores, toberas, fricción aerodinámica y superficies calentadas por el vuelo. Un sensor infrarrojo aprovecha esa zona del espectro sin emisión propia, aunque su rendimiento depende del aspecto del blanco, la distancia, la atmósfera, el fondo térmico y la calidad del procesamiento.
En el F-22 Raptor, el problema técnico surge al añadir esa vía pasiva sin degradar de manera significativa la célula furtiva que sostiene su valor operativo. La arquitectura original se construyó alrededor de la baja observabilidad, el supercrucero, la aviónica integrada y una suite de sensores dominada por el radar AN/APG-77, el sistema de guerra electrónica AN/ALR-94 y la fusión de datos en cabina, con una lógica de combate centrada en detección temprana y control de emisiones.
La Fuerza Aérea describe al Raptor como un avión de dominio aéreo capaz de operar con armamento interno, seis AIM-120 AMRAAM y dos AIM-9 Sidewinder en configuración aire-aire. Esa célula fue optimizada para detectar, identificar y atacar amenazas antes de ser detectada. La fórmula respondía a una doctrina en la que el margen inicial de supervivencia procedía de la firma radar reducida, del control de emisiones y de la velocidad supersónica sostenida sin poscombustión.

Al quedar sin un IRST aire-aire dedicado, el F-22 mantuvo una separación funcional entre alerta infrarroja y adquisición infrarroja. La aeronave dispuso de detección infrarroja defensiva asociada al AN/AAR-56 Missile Launch Detector, pero ese sistema pertenece a la lógica de aviso de amenaza, no a la búsqueda pasiva de largo alcance comparable a un IRST moderno. El resultado fue una aeronave muy discreta en radiofrecuencia, pero con menor capacidad orgánica para sostener una pista infrarroja pasiva sobre otro avión.
Datos clave del sistema infrarrojo y la modernización del F-22
- El AN/AAR-56 cumple una función defensiva de aviso de amenaza, no una búsqueda pasiva de largo alcance tipo IRST.
- El IRDS incorpora sensores TacIRST distribuidos y embebidos para ampliar cobertura pasiva, alerta y seguimiento térmico.
- El contrato ARES de Lockheed Martin asciende a $10.863 millones para sostén, kits de hardware y modernización del F-22.
- Raytheon recibió hasta $1.045.597.364 para hardware Group B, repuestos y equipo de apoyo de mejoras de sensores.
- El trabajo del programa F-22 sensor enhancements está previsto en McKinney, Texas, hasta el 8 de mayo de 2029.
Cómo las amenazas recientes impulsan sensores pasivos en el Raptor
Ante la expansión de radares AESA, guerra electrónica digital y sensores pasivos en cazas y defensas antiaéreas de última generación, la necesidad de una vía infrarroja creció. A esto se sumó la aparición de blancos con menor sección radar frontal, capaces de reducir la ventaja de un radar de control de tiro incluso si ese radar conserva alta potencia, agilidad de haz y modos de baja probabilidad de interceptación. En ese marco, el infrarrojo no reemplaza al radar, sino que lo complementa.
Al aportar vigilancia sin emisión propia, el infrarrojo ayuda a confirmar contactos ambiguos, reduce la dependencia de enlaces externos y puede apoyar la asignación de armas si la geometría y la calidad de la pista lo permiten. La dificultad industrial no consistía en instalar un sensor como añadido aislado. En una plataforma de baja observabilidad, cada ventana, borde, soporte, cableado, alimentación eléctrica y carga térmica entra en la ecuación de firma que condiciona la célula furtiva.

Una cápsula externa puede acelerar pruebas y maduración, pero introduce arrastre, masa, requisitos de alimentación y superficies que deben diseñarse para evitar una penalización excesiva de la discreción radar. Una solución embebida preserva mejor la lógica de la célula, aunque exige espacio interno, integración estructural, refrigeración, procesamiento y certificación de software en una arquitectura concebida décadas antes. Esa restricción explica por qué el infrarrojo en el F-22 avanzó como modernización escalonada, no como sustitución simple de un equipo existente.
El programa de modernización ya apuntaba en esa dirección antes de una configuración pública más definida. El presupuesto de armas del Departamento de Defensa para FY2019 registró la continuación del Increment 3.2B, con integración de AIM-120D y AIM-9X, protección electrónica adicional y mejora de geolocalización. También abrió el esfuerzo Sensor Enhancement para actualizar sensores del F-22 frente a amenazas avanzadas de 2025 y años posteriores, con armas, guerra electrónica y sensores dentro de un mismo problema operativo.
Qué indican los contratos y pruebas sobre el IRDS con TacIRST
La estructura contractual posterior convirtió esa necesidad en hardware. En noviembre de 2021, Lockheed Martin recibió el contrato ARES, por $10.863 millones, para sostener y modernizar el F-22 mediante kits de hardware, mejoras, correcciones y apoyo logístico. En agosto de 2024, Raytheon recibió un contrato de hasta $1.045.597.364 para hardware Group B, repuestos y equipo de apoyo del programa F-22 sensor enhancements, con trabajo previsto en McKinney, Texas, hasta el 8 de mayo de 2029.
Esos contratos no detallan públicamente toda la arquitectura, pero sitúan la mejora de sensores dentro de una modernización de flota y no como una demostración aislada. La fase infrarroja más explícita llegó con el Infrared Defensive System, o IRDS. Lockheed Martin recibió un contrato de $270 millones para integrar en el F-22 un conjunto distribuido y embebido de sensores TacIRST, con una formulación que no describe un único sensor giratorio de gran apertura.

La red de sensores infrarrojos distribuidos amplía la cobertura pasiva y mejora la alerta y la capacidad de seguimiento frente a amenazas aéreas y de superficie. El número de sensores, sus ubicaciones exactas, el campo de visión de cada apertura y la relación final con el AN/AAR-56 no han sido divulgados de forma completa. Por eso, la configuración debe tratarse como integración en curso y no como capacidad operacional plenamente declarada en una flota de escuadrón.
TacIRST encaja en una tendencia distinta a la de los IRST clásicos de morro o cápsula central. Un sensor distribuido puede aportar cobertura angular más amplia y persistente, aunque cada apertura individual tenga limitaciones de campo, resolución y alcance frente a sensores de mayor diámetro. Su valor en el F-22 está en la combinación con la aviónica existente: el APG-77 aporta precisión de tiro, el AN/ALR-94 detecta emisiones adversarias y el IRDS añade seguimiento térmico pasivo.
Qué fase de integración mantiene hoy el infrarrojo del F-22
Las pruebas visibles han mostrado una arquitectura todavía en maduración. La generación más reciente de TacIRST realizó vuelos de prueba en un Rockwell Sabreliner 65 como banco de ensayos, con una evaluación de cliente prevista para 2026. Esa secuencia sugiere un avance desde demostración y maduración de sensor hacia integración de plataforma, con el F-22 como aplicación inicial declarada dentro de un paquete más amplio de supervivencia y mejora de sensores.
En paralelo, las imágenes de Raptor con cápsulas subalares de baja observabilidad indican que el programa también exploró configuraciones externas o de apoyo a pruebas para sensores avanzados. Sin embargo, esas cápsulas no definen por sí solas la configuración final de flota. El valor operativo del sistema depende de su integración con el radar, la guerra electrónica, los enlaces de datos, la identificación positiva y la gestión táctica de la firma en cada fase del combate.

El sistema infrarrojo del F-22 queda así en una transición verificable. La aeronave conserva su base de combate en baja observabilidad, APG-77, AN/ALR-94, armas internas y modernizaciones de misiles. El IRDS con TacIRST suma una capa pasiva orientada a mejorar advertencia, seguimiento y supervivencia frente a amenazas que ya no pueden abordarse solo con ventaja radar, pero no elimina la necesidad de radar, enlace de datos ni gestión táctica del espectro.
La configuración vigente no corresponde a un Raptor con IRST plenamente documentado en servicio de escuadrón. Corresponde a una flota en modernización bajo contratos activos, con hardware de sensores, repuestos, apoyo e integración programados hasta 2029 y con TacIRST en fase de prueba e incorporación al paquete de supervivencia del F-22. Esa condición resume el estado del sistema: una mejora pasiva verificable, todavía ligada a integración, maduración y arquitectura final no divulgada por completo.