El MiG-31 combina alta velocidad, radar de largo alcance y enlace de datos para interceptar blancos bajos y sostener variantes modernizadas.
Un requisito soviético para detectar blancos por debajo del horizonte
Hasta finales de los años setenta, la señal de los radares aerotransportados sufría interferencias por el retorno del terreno, lo que impedía distinguir con fiabilidad un blanco que volara por debajo del horizonte de detección del interceptor. Una aeronave o un misil de crucero que atravesara el espacio aéreo soviético a menos de cien metros de altitud podía quedar enmascarado por el retorno del suelo, mientras los misiles de guía semiactiva disponibles perdían la iluminación necesaria cuando el blanco se confundía con el fondo terrestre.
La Unión Soviética debía cubrir once husos horarios con una red de interceptores capaz de operar en zonas donde las estaciones terrestres de guía no tenían alcance suficiente. La PVO Strany necesitaba un avión que patrullara durante horas, detectara blancos a baja cota desde altitudes elevadas y atacara varios de ellos con menor dependencia del control externo continuo. Ese requisito definió el papel operativo que debía asumir el nuevo interceptor dentro de la defensa aérea soviética.
El diseño adoptado partió de la célula del MiG-25, aunque introdujo modificaciones profundas. El fuselaje se alargó para alojar una segunda cabina destinada al operador de radar y sistemas de armas. La toma de aire recibió rampas de geometría variable de cinco posiciones para alimentar dos turbofanes Soloviev D-30F6, que sustituyeron a los turborreactores Tumansky R-15B-300. El cambio de motor redujo de forma significativa el consumo específico y permitió mantener velocidades supersónicas a baja cota durante más tiempo que los interceptores soviéticos anteriores.

La estructura alar se reforzó y la célula incorporó una mayor proporción de acero y titanio para soportar las cargas térmicas y estructurales del vuelo sostenido a Mach 2,83. El primer prototipo, designado Ye-155MP, voló el 16 de septiembre de 1975. La producción en serie comenzó en 1979 y la entrada en servicio con la PVO se produjo en 1981, ya con la designación operativa MiG-31.
Datos clave del desarrollo inicial del interceptor MiG-31
- El prototipo Ye-155MP voló por primera vez el 16 de septiembre de 1975.
- La producción en serie comenzó en 1979.
- La entrada en servicio con la PVO se produjo en 1981.
- Los turbofanes Soloviev D-30F6 sustituyeron a los Tumansky R-15B-300.
El radar Zaslon dio al MiG-31 detección y ataque coordinado
El nuevo interceptor dependía en gran medida del radar N007 Zaslon, una antena de barrido electrónico pasivo con 1 700 emisores en banda X y 64 emisores en banda L integrados en una misma apertura de 1,1 metros de diámetro. Era la primera vez que un radar de barrido electrónico equipaba un caza de producción en serie. La antena fija podía desplazar el haz en 1,2 milisegundos, frente a los segundos que requería una antena mecánica convencional para explorar el mismo sector.
El Zaslon detectaba un blanco del tamaño de un bombardero, con una superficie equivalente de radar de 16 a 19 metros cuadrados, a 200 kilómetros en aproximación frontal. También mantenía el seguimiento automático de blancos a 120 kilómetros en modo de detección hacia abajo. El sistema procesaba hasta diez blancos simultáneamente y permitía el ataque coordinado contra cuatro de ellos mediante misiles R-33 de guía semiactiva.

El conjunto sensor se completaba con un sistema retráctil de búsqueda y seguimiento por infrarrojos, instalado bajo el morro, y con un receptor de alerta radar. Desde su concepción, el empleo operativo del MiG-31 dependía de la integración entre varios aviones. El interceptor incorporaba un enlace de datos APD-518 que permitía a cuatro aparatos compartir automáticamente la información de sus respectivos radares y cubrir un frente de detección continuo de 800 a 900 kilómetros de ancho.
En esa configuración, un MiG-31 podía actuar como nodo director y guiar los misiles de otro avión sin que este activara su propio radar, lo que reducía la exposición del conjunto. El sistema también permitía recibir designación de blancos desde estaciones terrestres o aeronaves de alerta temprana y dirigir hasta cuatro interceptores de menor capacidad, como MiG-23, MiG-29 o Su-27, hacia los blancos sin que estos activaran sus sensores.
El R-33 y la modernización BM ampliaron el alcance del sistema
El armamento principal del MiG-31 era el misil R-33, diseñado específicamente para este programa. Con un alcance máximo de 120 kilómetros y guía semiactiva, el R-33 estaba optimizado contra blancos grandes en trayectorias frontales. La variante R-33S introdujo un buscador activo que eliminaba la necesidad de iluminación continua por parte del radar lanzador. El avión podía portar hasta cuatro R-33 en los puntos de anclaje ventrales, además de dos misiles R-40TD de guía infrarroja en los soportes alares exteriores y cuatro R-60 de corto alcance en los interiores.
El MiG-31 no llevaba cañón interno. La producción total alcanzó aproximadamente 500 unidades entre 1979 y 1994. Tras la disolución de la Unión Soviética, la flota quedó repartida entre Rusia y Kazajistán. El mantenimiento de la célula y los motores resultó complejo y costoso: alrededor del 20 % de los ejemplares quedaron temporalmente fuera de servicio por falta de repuestos durante la década de 1990, y muchos regresaron al servicio a partir de 2006, cuando la recuperación económica permitió reanudar las reparaciones.

La modernización de la flota empezó a definirse a finales de los años 2000 con la variante MiG-31BM. El radar Zaslon fue reemplazado por el Zaslon-AM, que incorporaba un procesador digital Baget-55-06 en sustitución del Argon-15A. El nuevo sistema incrementaba el alcance de detección contra blancos de 3 metros cuadrados a 320 kilómetros y elevaba el seguimiento automático a 280 kilómetros.
El Zaslon-AM podía procesar 24 blancos y atacar seis de forma simultánea. La cabina recibió dos pantallas multifunción y mandos HOTAS. La modernización extendió la vida útil de las células hasta las 2 500 horas de vuelo y permitió integrar el misil R-37M, con un alcance de 230 kilómetros contra blancos maniobrantes y un buscador activo que permitía el lanzamiento más allá del horizonte radar del portador.
El MiG-31K y el empleo en Ucrania cambiaron la función del avión
La conversión MiG-31K modificó la función del avión. El aparato perdió el radar Zaslon y la capacidad de combate aire-aire para portar un único misil aerobalístico Kh-47M2 Kinzhal en un soporte central ventral. El Kinzhal, derivado del misil terrestre 9K720 Iskander, alcanza velocidades del orden de Mach 10 en trayectoria y cubre distancias superiores a 1 500 kilómetros. Las pruebas de vuelo del conjunto comenzaron alrededor de 2017 y el sistema entró en servicio experimental en 2018.
La modificación no alteró las prestaciones básicas de la célula: el MiG-31K conserva la velocidad de Mach 2,83 y el techo de 20 600 metros. Esas condiciones de lanzamiento proporcionan al Kinzhal una combinación de alcance y velocidad terminal difícil de igualar por cazas de la OTAN en términos estrictamente cinemáticos. En la guerra en Ucrania, el MiG-31 se ha empleado en ambas configuraciones.

Los MiG-31K lanzan el Kinzhal desde el espacio aéreo ruso sin penetrar en el área cubierta por la defensa antiaérea adversaria. Los MiG-31BM cumplen funciones de barrera de caza y patrulla radar, y emplean el R-37M para atacar aeronaves ucranianas a distancias superiores a 200 kilómetros. La capacidad del Zaslon-AM para detectar blancos a baja cota desde gran altitud sigue siendo la prestación que diferencia al MiG-31 dentro de los interceptores operados por las Fuerzas Aeroespaciales Rusas.
Más de cuatro décadas después de la entrada en servicio del primer ejemplar, el MiG-31 mantiene esa función distintiva en la defensa aérea rusa. La flota activa se mantiene en torno a 130 unidades, sometidas a reparaciones y actualizaciones en la planta Sokol de Nizhni Nóvgorod, mientras Kazajistán opera aproximadamente 20 ejemplares en configuración BM.