Con la intención de que la Real Armada opere flotas de sistemas no tripulados aéreos, de superficie y submarinos, el Reino Unido planea desplegar al menos seis buques de combate comunes (CCV). El Ministerio de Defensa británico anunció el programa el 29 de junio de 2026, con una entrada en servicio prevista para comienzos de la década de 2030.
Diseñadas como centros de mando en red, estas nuevas unidades tendrán la función de coordinar buques tripulados, drones, sensores distribuidos y sistemas de misiles en operaciones navales dispersas. Así, la prioridad será ampliar la cobertura de vigilancia, ataque y defensa de la flota para evitar concentrar todo el poder de combate en un número reducido de grandes destructores.
El Reino Unido incorporará al menos seis CCV para que la Real Armada coordine drones navales, sensores distribuidos y buques tripulados en operaciones dispersas desde comienzos de la década de 2030.
Al sustituir el enfoque previsto para el destructor Tipo 83 por una arquitectura de flota híbrida, la Real Armada evita desarrollar un reemplazo convencional para los Tipo 45. En su lugar, busca combinar embarcaciones tripuladas con sistemas autónomos multidominio, de modo que los CCV actuarán junto a las fragatas antisubmarinas Tipo 26, las de propósito general Tipo 31 y una serie de plataformas no tripuladas identificadas como Tipo 91, Tipo 92, Tipo 93 y Tipo 94.
A diferencia de los destructores Tipo 45, que concentran sensores, misiles y mando a bordo, los CCV presentarán otra distribución de capacidades al orientarse a dirigir una red más amplia de plataformas. Esta estructura descentralizada permitiría extender la detección, la identificación de blancos, la guerra electrónica y el empleo de misiles mucho más allá del propio buque.
Presentado por Defensa como el primer buque de guerra híbrido de la Real Armada, el CCV refleja cómo la futura defensa antiaérea naval dependerá menos de sensores y lanzadores aglomerados en un único navío. La estrategia se apoyará en una red de medios tripulados y no tripulados para rastrear y enfrentar amenazas en áreas extensas, buscando reducir la vulnerabilidad ante ataques de saturación con misiles, drones y guerra electrónica.
Una arquitectura naval basada en sistemas autónomos
Aunque las especificaciones del diseño aún no fueron difundidas, el concepto inicial contempla bahías de misión modulares, sistemas avanzados de gestión de combate y comunicaciones seguras de alta capacidad. Asimismo, incluirá arquitecturas digitales abiertas para integrar inteligencia artificial, sensores y vehículos autónomos, lo que favorecerá futuras actualizaciones durante la vida útil del buque sin requerir rediseños estructurales mayores.
Incorporados entre 2009 y 2013, los destructores Tipo 45 seguirán siendo una referencia en defensa antiaérea de zona al proteger a los portaaviones clase Queen Elizabeth y a otros grupos navales mediante el sistema Sea Viper, el radar SAMPSON y el sistema S1850M. Sin embargo, la reciente expansión de sistemas autónomos de bajo coste y armas antibuque avanzadas forzó a reconsiderar el peso estratégico de los grandes buques tripulados dentro de la flota.
Gracias a los fondos del Plan de Inversión en Defensa, que permitirán iniciar los trabajos de diseño de esta nueva capacidad antiaérea marítima, las unidades serán elaboradas íntegramente en el Reino Unido. Tal como afirmó el secretario de Defensa británico, Dan Jarvis, el desarrollo contará con la participación de la industria naval nacional y de empresas vinculadas a sistemas autónomos, sensores, inteligencia artificial, comunicaciones seguras y software de misión.
Además de proporcionar carga de trabajo a los astilleros británicos durante años, la construcción de estos seis buques podría abrir opciones de exportación si el diseño demuestra ser adaptable. Un escenario similar ocurrió con su antecedente inmediato, la fragata Tipo 26, que logró ser seleccionada por los gobiernos de Australia, Canadá y Noruega.
Refuerzo para el Atlántico Norte y el Alto Norte
Vinculados en el plano operativo a las iniciativas Atlantic Bastion, Atlantic Shield y Atlantic Strike de la Real Armada, estos navíos apoyarán de manera directa las maniobras conjuntas occidentales. Dichos programas están destinados a reforzar la respuesta de la OTAN ante la actividad naval rusa en el Atlántico Norte y el Alto Norte, proteger infraestructuras submarinas críticas y mejorar la disuasión en accesos marítimos estratégicos.
Más allá de la simple incorporación de un diseño inédito, la Real Armada busca transformar drásticamente la forma en que genera defensa antiaérea y control marítimo en alta mar. Para ello, apostará por una menor dependencia de plataformas individuales de gran valor y por una mayor capacidad a la hora de coordinar redes de sensores, armas y sistemas autónomos distribuidos.