La investigación examina incidentes registrados entre agosto de 2024 y febrero de 2026, entre ellos incursiones en el espacio aéreo de trece países. Todos, salvo Irlanda, forman parte de la OTAN.
El informe incluye, entre los casos documentados, las incursiones contra instalaciones de la Fuerza Aérea de EE. UU. en el Reino Unido, analizadas en detalle por The Aviationist en tres artículos, y el incidente ocurrido sobre la base de submarinos de misiles balísticos de la Armada francesa en Île Longue.
El IISS identificó varias embarcaciones concretas que, a su juicio, lanzaron y/o dirigieron drones durante una serie de incursiones registradas en Europa entre 2024 y 2026.
Tras cruzar los informes sobre incursiones de drones con datos de buques que se sabe o se sospecha que integran la flota fantasma de Rusia, el IISS identificó varias embarcaciones concretas que, a su juicio, lanzaron y/o dirigieron los drones.
El informe señala que el buque de carga Hav Dolphin (IMO 9073854), investigado por Alemania y los Países Bajos después de las incursiones de drones de la primavera de 2025, estaba atracado en Hull, Reino Unido, mientras las autoridades británicas y estadounidenses gestionaban los avistamientos de drones sobre instalaciones militares en noviembre de 2024.
En paralelo, el petrolero Seasons I (IMO 9308950) avanzaba hacia el este por el estrecho de Dover y seguía una ruta aproximadamente paralela a la costa sur de East Anglia, donde se encuentran la base aérea de Lakenheath, la base aérea de Mildenhall y otras instalaciones militares sensibles de Estados Unidos y el Reino Unido.
En el momento de las incursiones, comentarios de funcionarios estadounidenses anónimos apuntaban a que los drones mostraban un nivel de sofisticación superior al habitual en aparatos civiles disponibles en el mercado. Como señalamos entonces, los vuelos sobre estas importantes bases estadounidenses ocurrieron apenas unos días después de que el entonces presidente Joe Biden autorizara finalmente a Ucrania a emplear misiles de largo alcance contra objetivos situados dentro del territorio ruso.
El patrón de avistamientos y las dudas sobre la atribución
En el resumen ejecutivo de su amplio informe, el IISS afirma que, aunque probablemente no todos los incidentes con UAV registrados durante ese periodo estén vinculados a Rusia, “el patrón global de los avistamientos de UAV no puede explicarse adecuadamente solo por errores de identificación, actividades de aficionados o acoso oportunista”.
No existen pruebas irrefutables que demuestren de manera definitiva la implicación de Rusia, y ninguno de los países afectados por estas incursiones de drones ha acusado todavía directamente a Moscú, aunque los investigadores del IISS han sugerido que esos gobiernos dieron una aprobación tácita al informe. “Todos los gobiernos con los que hablamos dijeron que acogerían con agrado la publicación del informe”, afirmó Charlie Edwards, investigador principal de Estrategia y Seguridad Nacional.
Ante la ausencia de pruebas concluyentes, algunas voces han cuestionado las conclusiones del informe. Dronewatch Europe señaló: “Las conclusiones son llamativas. Sin embargo, también merecen un análisis minucioso”.
“El informe no presenta pruebas físicas que vinculen ningún dron concreto con ningún buque concreto. No se ha observado ningún lanzamiento, no se han interceptado enlaces de mando, no se han recuperado restos, no se han grabado imágenes de vídeo fiables y no se han hecho públicos datos de telemetría ni forenses que relacionen un dron con un buque ruso”.
Ese tipo de datos forenses, por supuesto, resulta difícil de obtener para un actor no estatal. En casos como este, los datos de radar primario y las capacidades avanzadas de inteligencia —incluido el uso de sensores electroópticos, inteligencia de señales [SIGINT] e inteligencia humana [HUMINT]— serían fundamentales para reunir pruebas definitivas.
No está claro si las agencias de inteligencia competentes de los países implicados, muchas de ellas situadas entre las más avanzadas del mundo, han recopilado realmente esos datos. Aunque podría sostenerse que ningún país ha dado un paso al frente para presentar un expediente exhaustivo que pruebe la implicación de Rusia, también es cierto que hacerlo podría comprometer algunas de sus capacidades y/o fuentes de inteligencia. Llevar al ámbito público una demostración de la culpabilidad rusa quizá no compense el valor de esos activos.
Falsos positivos y debilidades europeas frente a los UAS
La propia investigación de Dronewatch sobre 61 avistamientos de drones en Europa durante 2025 concluyó que, en muchos casos, “los drones de los que se informó resultaron ser aeronaves totalmente normales, helicópteros, estrellas, planetas u otros fenómenos explicables. En numerosos casos, simplemente no había pruebas de que hubiera habido un dron presente en ningún momento”.
El informe del IISS recoge esas investigaciones previas, pero sostiene que “en un entorno operativo en el que la capacidad de detección europea era manifiestamente insuficiente para rastrear de forma fiable UAV no cooperativos que volaban a baja altitud, una elevada tasa de casos no confirmados es el resultado esperado, independientemente de si los avistamientos fueron reales o no”.
“Una elevada tasa de falsos positivos en los informes públicos es, en todo caso, analíticamente coherente con el diseño operativo ruso: crear un entorno de ambigüedad en el que las incursiones auténticas sean difíciles de distinguir del ruido es, en sí mismo, una característica de la campaña”, añade el informe.
Más allá de que alguno de los drones estuviera efectivamente vinculado a Rusia, el IISS sostiene que la estrategia europea contra los UAS (C-UAS) no se ha adaptado a la amenaza que estos sistemas representan actualmente: “la detección es desigual, las autoridades legales están fragmentadas, las opciones de respuesta suelen ser desproporcionadas y la atribución sigue siendo demasiado lenta para permitir una disuasión oportuna”.