La comunidad judía de Irán continúa alineada con la posición oficial de Teherán. Tras la muerte del líder supremo Alí Jamenei, una delegación de la comunidad judía de Shiraz asistió a las ceremonias conmemorativas y a las multitudinarias procesiones fúnebres.
Amir Aala Salari, presidente de la comunidad judía de Shiraz, difundió un comunicado oficial a través de medios iraníes en el que destacó la labor de Jamenei.
“El difunto líder mostró, desde el inicio de la era de la República Islámica, una actitud especial hacia las religiones monoteístas y, en especial, hacia la comunidad judía”, afirmó Salari.
El dirigente comunitario también citó la distinción tradicional del régimen, formulada desde la época del ayatolá Jomeini, según la cual “el judaísmo está completamente separado del sionismo”. Añadió que esa visión permitió crear en el país un entorno seguro para la vida de los seguidores de distintas religiones.
El eje principal de la declaración de Salari fue la transición de poder en Teherán. El líder comunitario condenó con dureza las circunstancias de la muerte del difunto líder, que calificó como “un asesinato atroz perpetrado por el enemigo estadounidense-israelí”, y expresó de inmediato la lealtad de la comunidad hacia su sucesor, Mojtaba Jamenei, hijo del muerto líder.
Mojtaba Jamenei, quien ya asumió las riendas del liderazgo, apenas se ha mostrado en público en los últimos meses, desde el comienzo de la campaña militar en febrero.
La declaración de apoyo del líder de la comunidad judía hacia Mojtaba Jamenei se interpreta como parte de la obligación de las minorías en Irán de exhibir plena solidaridad con las nuevas autoridades durante los procesos de transición de poder.
Para reforzar el patriotismo de la comunidad, Salari recordó también el papel de los judíos iraníes en la guerra entre Irán e Irak de la década de 1980. Según afirmó, la comunidad contribuyó en el frente y se sacrificó por la patria iraní. Ese papel, agregó, fue reconocido en su momento con una visita del líder de la revolución, Jomeini, al monumento conmemorativo de la Casa de las Religiones Abrahámicas, un gesto que, según Salari, buscaba demostrar hermandad e igualdad.