El secretario Troy Meink detalla cómo equilibra modernización, preparación, entrenamiento, personal, inteligencia artificial, adquisiciones y nuevas capacidades espaciales.
AirVenture conecta la pasión por volar con el futuro de la fuerza
EAA AirVenture Oshkosh volvió a batir su récord de asistencia en 2026, con 734.000 visitantes, 30.000 más que el año anterior. Entre el 16 y el 27 de julio, el Aeropuerto Regional Wittman contabilizó 15.527 operaciones aéreas, con una media aproximada de 101 despegues y aterrizajes por hora durante los periodos de actividad. Durante la semana del encuentro, el aeródromo recibe temporalmente más de 10.000 aeronaves y pasa a ser el de mayor tráfico del mundo.
La Fuerza Aérea de Estados Unidos tuvo una presencia destacada entre las exhibiciones de aviación moderna, con aeronaves de combate, transporte y movilidad, sistemas estratégicos, entrenadores y aparatos vinculados al patrimonio histórico del servicio. Entre los principales responsables militares presentes estuvo Troy E. Meink, 27.º secretario de la Fuerza Aérea, quien llegó a Oshkosh en su RV-8 después de volar en formación con dos P-51 Mustang. Su visita combinó responsabilidades institucionales con una relación personal de décadas con la aviación.
Meink recordó que su fascinación por los aviones se reforzó en 1985, cuando todavía era estudiante universitario y asistió a Oshkosh. Al llegar escuchó el sonido de un P-51 Mustang durante un vuelo rasante y quedó impresionado por la aeronave. Poco después construyó un ultraligero y más adelante fabricó varios aviones experimentales, entre ellos un Burt Rutan VariEze. También mantuvo una relación constante con el vuelo durante su carrera militar, sus estudios de posgrado y su trabajo de investigación.
El secretario destacó además el papel de la aviación experimental como fuente de innovación. Señaló que aeronaves construidas con materiales compuestos, como el VariEze y el Lancair, volaban décadas antes de que esos materiales se generalizaran en modelos militares y comerciales. Para Meink, Oshkosh resulta relevante no solo por la variedad de máquinas reunidas, desde ultraligeros hasta aviones de combate modernos, sino también por la comunidad aeronáutica y por su aportación histórica al desarrollo de tecnologías posteriormente incorporadas a aeronaves de producción.
Datos clave de la trayectoria y responsabilidades de Troy Meink
- Ocupa el cargo de secretario de la Fuerza Aérea desde mayo de 2025.
- Supervisa un presupuesto anual superior a $246 000 000 000.
- Su departamento sostiene a casi 680.000 militares, reservistas, guardias y civiles.
- Acumula más de 100 salidas militares, incluidas misiones de combate.
- Ha diseñado, construido y pilotado dos aeronaves experimentales.
Modernizar sin perder preparación obliga a repartir los recursos

Como principal autoridad civil del Departamento de la Fuerza Aérea, Meink debe organizar, entrenar y equipar tanto a la Fuerza Aérea como a la Fuerza Espacial. Su experiencia incluye una etapa operativa iniciada tras recibir su nombramiento como oficial mediante el ROTC en 1988. Fue navegante e instructor de KC-135 y posteriormente ocupó puestos relacionados con ingeniería, investigación y desarrollo, adquisiciones y seguridad nacional, incluidas funciones en la Oficina Nacional de Reconocimiento. También posee títulos de licenciatura, maestría y doctorado en ingeniería.
Meink describió el equilibrio entre preparación actual y modernización futura como un problema sometido a numerosas restricciones. A su juicio, el Departamento de la Fuerza Aérea afronta esa dificultad con especial intensidad por el alcance de sus programas y por la velocidad del cambio tecnológico. Comparó el momento actual con la transformación experimentada durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la aviación pasó rápidamente de aparatos como el P-51 a la era de los reactores, y sostuvo que Estados Unidos necesita preservar su superioridad tecnológica.
Esa necesidad no elimina la obligación de mantener preparada la fuerza disponible. Meink explicó que no es posible sostener todos sus componentes en el máximo grado de preparación dentro de un escenario ideal, por lo que resulta necesario decidir cuáles deben estar listos para respaldar las operaciones mundiales. Parte importante de su trabajo consiste en trasladar recursos hacia esas necesidades y negociar con la Administración y el Congreso la financiación requerida. Según indicó, entre un 30 y un 50 por ciento de su tiempo puede concentrarse en presupuestos y ejecución de programas.
Prácticamente todas las áreas de misión atraviesan procesos de modernización al mismo tiempo. Meink mencionó el reabastecimiento en vuelo, el transporte aéreo, la modernización nuclear, los bombarderos, los cazas y los Aviones de Combate Colaborativo. En la Fuerza Espacial ocurre algo comparable con sistemas fundamentales como el GPS y con nuevas áreas de misión que deben crearse desde el principio. La dificultad principal, según explicó, sigue siendo distribuir los recursos de modo que la fuerza pueda modernizarse sin perder la capacidad de combatir en el presente.
El F-47, el B-21 y los CCA avanzan mientras cambian los programas

Meink sostuvo que durante el último año y medio el equipo realizó avances importantes en varios programas. Indicó que muchos de los problemas que afectaban al Sentinel y a otras iniciativas habían quedado atrás y que su ejecución había mejorado. También afirmó que el F-47 estaba parcialmente detenido cuando llegó la Administración, pero que el programa pudo reactivarse y ahora progresa adecuadamente. Según su valoración, el B-21 también avanza y los dos Aviones de Combate Colaborativo ya están volando.
El secretario atribuyó parte de esos resultados a la apertura de programas a la competencia y a la incorporación de nuevos participantes. En la Fuerza Espacial destacó igualmente los avances relacionados con arquitecturas proliferadas. Pese a esas mejoras, situó la distribución de recursos como una dificultad permanente. La modernización abarca simultáneamente plataformas aéreas, sistemas espaciales, infraestructura, comunicaciones y nuevas misiones, mientras el Departamento continúa obligado a mantener operaciones actuales y sostener niveles de preparación suficientes en distintas regiones del mundo.
Al definir qué espera conseguir durante su mandato, Meink evitó centrar la respuesta en un legado personal. Su prioridad, afirmó, es que los programas críticos recuperen el rumbo y lleguen a producción. Recordó que al asumir el cargo encontró iniciativas importantes, incluido Sentinel, con dificultades que debían resolverse. Su experiencia en grandes programas de adquisición y en los sistemas operativos asociados influye directamente en ese enfoque, porque considera que el éxito de esos proyectos resulta esencial para la fuerza futura.
La simulación gana peso ante misiones imposibles de recrear en vuelo
La formación de pilotos también cambia a medida que las cabinas dependen cada vez más de la fusión de sensores, el software y las operaciones conectadas. Meink explicó que la Fuerza Aérea concede mayor importancia a los simuladores y, especialmente, a la posibilidad de interconectarlos. Esa arquitectura permite construir escenarios de entrenamiento más complejos tanto para pilotos en formación como para aviadores experimentados que necesitan conservar sus competencias, sin depender exclusivamente de condiciones que puedan reproducirse durante vuelos reales.

Según el secretario, muchas operaciones no pueden recrearse de forma adecuada en condiciones reales porque la Fuerza Aérea no dispone del espacio aéreo suficiente para alcanzar el mismo grado de complejidad. Por ello, el Departamento destina recursos al desarrollo de una red de simuladores capaz de representar esos escenarios a un coste inferior al de operar aeronaves reales. Meink prevé que la simulación ocupe una proporción mucho mayor del entrenamiento conforme aumente la complejidad de las misiones y de los sistemas utilizados por los pilotos.
El T-7A sirve como ejemplo de ese cambio. Meink señaló que una parte esencial del programa fue la incorporación de simuladores de altas prestaciones para trasladar una porción mayor del entrenamiento a entornos virtuales. Allí los pilotos pueden practicar situaciones extremadamente complejas y difíciles de reproducir con un avión real. La falta de espacio aéreo y de medios suficientes limita algunos ejercicios en vuelo, mientras que los simuladores permiten ensayar escenarios que de otra manera resultarían impracticables.
Más mecánicos y un diseño sencillo deben elevar la disponibilidad
El mantenimiento supone otro de los desafíos principales. Meink explicó que acontecimientos como AirVenture permiten contactar con personas interesadas no solo en pilotar, sino también en convertirse en mecánicos. La Fuerza Aérea intenta atraer más personal de mantenimiento, ampliar el número de puestos disponibles y retener a esos profesionales durante más tiempo para que alcancen los niveles de experiencia necesarios. La llegada del B-21 aumenta esa necesidad, porque sostener una plataforma completamente nueva requiere incrementar de manera considerable la cantidad de personal especializado.

La Fuerza Espacial afronta una dificultad comparable a medida que crece en distintos niveles. Al mismo tiempo, el Departamento empieza a utilizar con mayor intensidad herramientas logísticas basadas en inteligencia artificial para prever necesidades de repuestos y planificar el mantenimiento. Meink citó especialmente el B-52 y otras plataformas, en las que una administración más eficiente del inventario de piezas y de la cadena logística ya ha producido mejoras en la disponibilidad. Su expectativa es ampliar ese trabajo y mantener los resultados obtenidos.
Otro elemento central es la Arquitectura de Sistemas Abiertos Modulares, aplicada tanto a plataformas recientes como a sus sistemas de armas. Meink explicó que este criterio permite prestar mayor atención a la facilidad de mantenimiento desde el diseño. Las aeronaves furtivas presentan dificultades específicas en ese ámbito, por lo que el B-21 y el F-47 se diseñan con especial atención a que puedan repararse con mayor facilidad. El propósito es reducir la carga de los mecánicos y aumentar simultáneamente la disponibilidad operativa.
Los Aviones de Combate Colaborativo ofrecen un ejemplo adicional. Meink señaló que aeronaves del programa ya participaron en ejercicios y pudieron acondicionarse entre misiones con una rapidez comparable a la preparación de un avión comercial para su siguiente vuelo. Para el secretario, la respuesta al problema del mantenimiento no pasa únicamente por formar más técnicos o aumentar el personal. También requiere diseñar desde el inicio aeronaves y sistemas cuya conservación, reparación y preparación entre misiones resulten más sencillas.
La Fuerza Aérea busca talento técnico más allá de los pilotos
AirVenture también sirve como plataforma de reclutamiento. Meink indicó que tanto la Fuerza Aérea como la Fuerza Espacial alcanzaron pronto sus objetivos de alistamiento durante el año, lo que permitió concentrar los esfuerzos en encontrar a las personas mejor cualificadas. El Departamento diseña, construye, pilota y mantiene sistemas extremadamente complejos, por lo que no basta con alcanzar una cifra de personal. También necesita incorporar candidatos con las capacidades necesarias para trabajar en ámbitos técnicos cada vez más exigentes.

El secretario subrayó que ser piloto representa solo una de muchas posibilidades y que los aviadores constituyen una fracción relativamente pequeña del conjunto de la Fuerza Aérea. También hacen falta mecánicos, especialistas en mantenimiento y logística, ingenieros capaces de diseñar y modernizar aeronaves, profesionales del software y expertos en ciberseguridad. Por esa razón, AirVenture reúne reclutadores de Servicio Activo, Guardia, Reserva y Operaciones Especiales, con la intención de mostrar al público la diversidad de trayectorias disponibles.
Meink vinculó además el reclutamiento con las oportunidades educativas. Recordó que el Departamento de la Fuerza Aérea financió prácticamente toda su formación, tanto durante su etapa en servicio activo como posteriormente cuando trabajó como civil. Aunque sus notas al terminar el instituto no fueron especialmente buenas, logró demostrar durante su primer año universitario que podía alcanzar el nivel necesario para optar a una beca. Para el secretario, experiencias como la suya permiten mostrar a los jóvenes la amplitud de las oportunidades disponibles.
Robótica e inteligencia artificial preparan nuevas competencias
La divulgación de las disciplinas STEM ocupa también un lugar relevante. Meink recordó que durante un periodo trabajó como entrenador de robótica en escuelas y dirigió un equipo formado por estudiantes. Considera que estas competiciones están entre los programas más valiosos para alumnos de secundaria y bachillerato porque fomentan el trabajo en equipo y despiertan interés por la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas mediante experiencias prácticas que combinan distintos tipos de conocimientos.
Según explicó, muchos estudiantes llegan inicialmente a estos programas por insistencia de sus padres o por influencia de amigos, pero terminan involucrándose al ver competir a los robots. A partir de ahí comienzan a familiarizarse con hardware, software y fusión de sensores, áreas que Meink considera centrales para las capacidades actuales de la Fuerza Aérea y para la competitividad económica estadounidense. La Fuerza Aérea participó este año en una importante competición de robótica como forma de acercarse a jóvenes ya interesados en esas tecnologías.
El Departamento también trabaja para crear la infraestructura que esos futuros especialistas necesitarán. Meink señaló que la propuesta presupuestaria de este año incluye un esfuerzo importante para aumentar la capacidad de computación. El desarrollo de inteligencia artificial requiere, según explicó, un entorno informático seguro que proporcione recursos adecuados a los programas y permita formar correctamente a aviadores y guardianes. También considera esencial disponer de entornos de prueba propios que reduzcan la dependencia completa de la industria.
La intención es que los propios aviadores y guardianes puedan desarrollar determinadas capacidades mediante herramientas e infraestructura proporcionadas por el Departamento. Meink indicó que se están realizando inversiones importantes en ese ámbito porque lo considera fundamental para el futuro. El objetivo combina el desarrollo de competencias internas con la adopción de tecnologías vinculadas al software, la automatización, la inteligencia artificial, la fusión de sensores y otros elementos que ya forman parte del funcionamiento y mantenimiento de sistemas militares avanzados.
Integrar sistemas y reducir burocracia marca la siguiente etapa
Para Meink, modernizar plataformas por separado no resulta suficiente. El hardware, los sensores, la automatización, las comunicaciones y la infraestructura de tecnologías de la información deben integrarse para que funcionen conjuntamente. También considera necesario reforzar el mando y control, especialmente ante los desafíos del Pacífico. La fuerza debe conectar sus sistemas, fusionar información y distribuir datos independientemente del lugar desde el que opere, una tarea que el secretario considera esencial para aprovechar plenamente las capacidades de las nuevas plataformas.

En la Fuerza Espacial existen además misiones que anteriormente no formaban parte del Departamento. Meink considera que algunos de esos programas están entre los más importantes para la seguridad nacional y la disuasión. La tarea consiste en llevarlos hasta producción, desplegarlos operacionalmente, ampliar la Fuerza Espacial y preparar a su personal para operar los nuevos sistemas. Todo ello debe desarrollarse mientras la Fuerza Aérea conserva la capacidad de combatir en el presente y sostiene la modernización de sus principales áreas de misión.
Otra prioridad consiste en elevar la preparación y la disponibilidad de las aeronaves, además de recuperar niveles de alistamiento comparables a los de décadas anteriores. Meink considera necesario contar con suficiente personal para sostener simultáneamente las operaciones actuales y los programas de modernización. Esa combinación exige inversiones, financiación adicional y una distribución cuidadosa de recursos, asuntos que ocupan buena parte de su tiempo y explican la importancia que concede a la relación con la Administración y el Congreso.
El secretario también quiere reducir burocracia y modificar los procedimientos de adquisición. Para Meink, transformar las adquisiciones no es un fin por sí mismo, sino una herramienta para acelerar los programas, aumentar la flexibilidad y alcanzar los demás objetivos del Departamento. Al mismo tiempo, sostiene que la Fuerza Aérea debe utilizar responsablemente el dinero de los contribuyentes. Esa búsqueda de eficiencia no elimina, según explicó, la necesidad de conseguir recursos adicionales para financiar la modernización, sostener la preparación y desarrollar las capacidades futuras.






