El manuscrito bíblico más antiguo y casi íntegro se exhibe por primera vez en toda su extensión. La muestra incorpora control climático, cupos limitados y piezas vinculadas a su hallazgo.
El rollo se exhibe en Jerusalén con condiciones estrictas de conservación
El Gran Rollo de Isaías, el hallazgo más antiguo y casi íntero de la Biblia hebrea, aparece desplegado a lo largo de toda su extensión por primera vez desde 1968. El manuscrito reúne más de siete metros de texto antiguo que, durante más de 2.000 años, marcó la vida espiritual de millones de personas. La muestra especial abrió el lunes en el Museo de Israel, en Jerusalén, con la presencia del presidente Isaac Herzog.
La pieza queda dentro de una vitrina de vidrio de ocho metros, fabricada en Bélgica, que permite observar cada tramo del rollo, con sus hojas de pergamino cosidas y envejecidas. A la vista permanecen costuras, manchas acumuladas por milenios, perforaciones y letras apagadas. Esos rasgos indican el uso y el cuidado que recibió el objeto antes de quedar guardado en una cueva del desierto de Judea en el siglo II d. C.
En la sala destinada al original funciona un control climático y un esquema de acceso limitado. Por turno ingresan como máximo 25 personas, y los visitantes deben reservar una franja de una hora para entrar al ámbito donde se expone el manuscrito. El museo estableció ese requisito como parte de un sistema diseñado para conservar la pieza en condiciones controladas durante la visita, con el objetivo de reducir riesgos.
La curadora Hagit Maoz explicó que el equipo buscó preservar el objeto para el futuro al preparar el manuscrito y el espacio de exhibición. La organización del recorrido también mantuvo en el Santuario del Libro la réplica exacta que se mostró durante años, ya que la necesidad de mejores condiciones de conservación se impuso poco después de que el rollo se presentara completo al inaugurarse el Museo de Israel en 1965.
Datos clave sobre el Gran Rollo de Isaías y su exhibición actual

- El rollo mide más de siete metros y se compone de 17 hojas de pergamino unidas con costuras.
- Los especialistas sitúan su datación alrededor del 125 a. C., con coincidencias amplias con el texto aceptado del Libro de Isaías.
- El original se exhibe en una vitrina de vidrio de ocho metros, con una sala de control climático y cupo máximo de 25 personas por turno.
- Para ingresar se exige reservar un turno de una hora, como parte del sistema de acceso limitado.
- La exposición permanecerá abierta hasta el 6 de junio, dentro de la conmemoración del 60.º aniversario del museo.
La datación y el contenido muestran continuidad con el canon bíblico judío
Los especialistas ubican la datación del Rollo de Isaías alrededor del 125 a. C. Su contenido coincide en gran medida con el texto aceptado del Libro de Isaías en el canon bíblico judío, aunque presenta algunas diferencias ligadas a la ortografía o a términos puntuales. La composición del manuscrito incluye 17 hojas unidas con costuras, y los expertos sostienen que al comienzo se organizaba en dos secciones.
En el recorrido se destaca que el objeto conserva señales visibles de su uso, con manchas, perforaciones y letras apagadas. También aparece la línea que marca el punto de unión de las dos partes y el lugar de un parche de cuero colocado en la antigüedad para repararlo. Esos detalles se observan en el original y se refuerzan con una reproducción que permite detener la mirada en elementos difíciles de apreciar de forma continua.
Isaac Herzog vinculó el valor del manuscrito con una idea de continuidad histórica y transmisión. En su intervención, describió la experiencia de situarse ante un fragmento de pergamino con escritura antigua y comprender que la historia no comienza en el presente. En esa misma línea, habló de tradición, raíces y una cadena de generaciones que transmitió textos y memoria a lo largo de gran parte de la historia de su pueblo.
La exposición también incluye un cierre que subraya el peso cultural de Isaías en el presente. Tras salir de la sala del rollo, el último ámbito presenta una reproducción que destaca pasajes emblemáticos y muestra detalles del objeto. Herzog sostuvo que un rollo cuenta dos historias entrelazadas: la historia escrita en su interior y la historia de su propio viaje, con todo lo que atravesó hasta permitir su lectura.
El hallazgo en Qumrán y el recorrido comercial marcan su historia moderna

Un cortometraje incluido en el recorrido relata que pastores beduinos hallaron el rollo en 1947, dentro de una cueva próxima al antiguo asentamiento de Qumrán. El descubrimiento ocurrió junto con los Rollos del mar muerto. Según la narración presentada en la exposición, el manuscrito pasó primero por manos de un comerciante de antigüedades y después llegó al arzobispo sirio de la Iglesia Ortodoxa Siria en Jerusalén, Atanasio Yeshue Samuel.
Más tarde, el arzobispo trasladó el manuscrito a Nueva York con la intención de venderlo en Estados Unidos. Finalmente, Israel lo compró de forma anónima en 1954. El rollo se presentó completo al inaugurarse el Museo de Israel en 1965, aunque pronto surgió la necesidad de mejorar las condiciones de conservación. Desde entonces, el Santuario del Libro exhibió una réplica exacta, mientras el original quedó protegido.
Maoz indicó que el proyecto permitió reunir a personas vinculadas con la trayectoria del rollo y sumar aportes de distintas comunidades. Entre los participantes figuran representantes de comunidades y organizaciones cristianas, incluida la Escuela Francesa de Investigación Bíblica y Arqueológica en Jerusalén, responsable de la primera excavación en las cuevas de Qumrán a comienzos de la década de 1950. El recorrido incorpora vasijas y telas empleadas para envolver los rollos, además de fotografías de aquellas excavaciones.
También participó la Iglesia Siria, que aportó para la exposición una copia del siglo XV del Nuevo Testamento escrita en arameo. Maoz afirmó que esa pieza describe la importancia del Libro de Isaías para el mundo cristiano, con menciones del profeta en el Nuevo Testamento. En paralelo, Maoz y Herzog resaltaron que numerosos versículos de Isaías integran el ethos judío e israelí contemporáneo, con ejemplos como “Nación no alzará espada contra nación” y “Consolad, consolad a mi pueblo”.
