Nikolay Mladenov, enviado de la ONU para el proceso de paz en el Medio Oriente, discutió ayer con el jefe de Hamás, Ismail Haniyeh, sobre los entendimientos de alto el fuego, el bloqueo israelí impuesto a Gaza y la situación de los terroristas encarcelados dentro de las cárceles israelíes.
En un comunicado, Hamás dijo que Mladenov llamó a Haniyeh para discutir los esfuerzos que están realizando las diferentes partes para poner fin a la crisis humanitaria en Gaza, así como para levantar el bloqueo israelí que se impuso en la Franja desde 2007 para evitar que las organizaciones terroristas logren contrabandear cohetes o misiles que podrían amenazar a Israel.
La última ronda de cohetes de Gaza disparados sobre población civil israelí y la respuesta de las FDI contra posiciones terroristas en la Franja, también fue un tema de conversación entre Haniyeh y Mladenov.
La declaración de Hamás también señaló que la pareja discutió la demora de Israel en llevar a cabo los términos del acuerdo que puso fin a la última huelga de hambre de los terroristas palestinos de Hamás dentro de las cárceles israelíes.
La última ronda de combates entre Israel y Hamás ilustra no solo el potencial constante de conflicto en Gaza sino también, quizás más contraintuitivamente, por qué la situación no ha estallado en una guerra abierta.
Algunos ciudadanos israelíes pidieron esta semana al primer ministro Benjamin Netanyahu que intensifique la lucha, y algunos militantes dan la bienvenida a un choque más amplio. Pero ambas partes tienen razones para la moderación.
Los líderes de Hamás reconocen su propia debilidad militar, política y diplomática; una guerra más larga lograría poco y dejaría a Gaza en peores condiciones. E Israel, por su parte, reconoce que un régimen extremista débil en Gaza es mejor que el colapso del orden en la franja o el surgimiento de un grupo aún más radical allí.
Como señaló el analista de seguridad israelí Gabi Siboni, “si Israel derroca al régimen de Hamás, ¿qué viene después? Toda alternativa es horrible”.