En Washington, el 11 de febrero, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu firmó en Blair House su incorporación a la Junta de Paz promovida por el presidente estadounidense Donald Trump. El acto coincidió con una reunión con el secretario de Estado Marco Rubio y antecedió por horas al encuentro de Netanyahu con Trump en la Casa Blanca.
La Junta celebrará su primera reunión la próxima semana y la firma incorpora formalmente a Israel al mecanismo que Washington diseñó para supervisar la fase política posterior al alto el fuego en Gaza y sus próximos pasos operativos. La formalización se produjo durante una visita que puso en primer plano la agenda vinculada con Irán.
Netanyahu viajó con la intención de incidir en la siguiente ronda de contactos entre Estados Unidos e Irán, tras conversaciones indirectas realizadas en Omán el viernes anterior. Planteó que el marco incluya el programa de misiles balísticos iraní y el respaldo a grupos armados. “Presentaré al presidente nuestra perspectiva sobre los principios de estas negociaciones —los principios esenciales que, en mi opinión, son importantes para Israel y para todos en el mundo que desean paz y seguridad en el Oriente Medio”, afirmó antes de partir.
Trump combinó señales de apertura a un acuerdo con advertencias públicas. “Veremos qué pasa. Creo que quieren llegar a un acuerdo”, declaró en una entrevista, y añadió: “Tiene que ser un buen acuerdo. Sin armas nucleares, sin misiles”. La Casa Blanca mantuvo el foco en la disuasión mientras Washington reforzó su presencia militar en la región con medios navales y defensas antiaéreas.
El contexto incluyó tensiones relacionadas con la capacidad iraní de enriquecimiento y con el acceso del organismo internacional de supervisión nuclear a instalaciones sensibles. En paralelo, Gaza también integró el marco de discusión. La Casa Blanca busca reactivar su plan de alto el fuego y reconstrucción, con brechas en asuntos centrales como el desarme de Hamás.
En ese terreno, siguen abiertos los debates sobre mecanismos de seguridad durante una retirada israelí por fases y sobre el esquema de financiación para la recuperación del enclave. La Junta de Paz aparece como el paraguas político destinado a coordinar decisiones y compromisos entre actores con capacidad de financiamiento, presión diplomática y despliegues de estabilización.
Washington dio forma institucional a la Junta en las últimas semanas. Un anuncio de estatutos en Davos presentó el órgano como una plataforma que empezó con Gaza y que Trump proyecta hacia otros conflictos, con un núcleo que incluye a Rubio, Jared Kushner, Steve Witkoff y el exprimer ministro británico Tony Blair. Un borrador de carta y de estatuto fijó términos de membresía con periodos limitados.
El documento también estableció una vía de permanencia vinculada a aportes de hasta$1.000 millones por país, además de atribuciones ejecutivas amplias para la presidencia del órgano. En paralelo, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas autorizó en noviembre un mandato relacionado con Gaza hasta 2027. La estructura y el alcance de la Junta ya generaron reticencias en aliados de Estados Unidos.
El 11 de febrero, Polonia e Italia comunicaron que no se sumarán por ahora. Varsovia aludió a dudas sobre el formato, mientras Roma citó límites constitucionales ante un esquema que, a su juicio, no garantiza igualdad entre Estados y concentra facultades en la presidencia. En ese contexto, la firma de Netanyahu en Blair House ocurrió a días de la primera sesión prevista.
De acuerdo con la información disponible, el movimiento dejó abierta la incógnita sobre su presencia en la reunión inaugural, mientras Trump y Netanyahu avanzan en sus conversaciones en la Casa Blanca.
